La batalla de la UNAM contra las torres de Be Grand

Frente a la entrada principal de Ciudad Universitaria, cuyo campus es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, la UNAM libra una batalla sin precedentes, ante la posibilidad de perder esa declaratoria: Detener a la empresa Be Grand en la construcción de dos megatorres –avaladas por los permisos del gobierno de la ciudad–. Con firmeza y malestar, dos arquitectos portavoces de la máxima casa de estudio, Luis Arnal Simón y Xavier Cortés Rocha, exponen a Proceso las razones por las cuales ésta, inconforme, ya presentó una demanda de amparo.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- El daño que la empresa Be Grand causará al campus central de Ciudad Universitaria con la construcción de dos megatorres juntas con más de 600 departamentos en la avenida Copilco 75, no es poco considerable:

Pasará por encima de un decreto presidencial que le otorgó, en julio de 2005, la declaratoria de zona de monumentos artísticos.

Del trabajo y la voluntad de varias instituciones, entre ellas la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), que lograron su inscripción en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO en junio de 2007.

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Y del que se realiza día con día para mantener en buenas condiciones este bien cultural, propiedad de la nación.

En un caso sin precedentes en la historia del país –cuyas autoridades políticas y culturales presumen constantemente de estar entre los países con el mayor número de sitios inscritos en la UNESCO (el primero en América Latina)–, el campus podría perder su cualidad de Patrimonio de la Humanidad si la construcción no se detiene.

Por ello, los arquitectos Luis Arnal Simón y Xavier Cortés Rocha, ambos de la Facultad de Arquitectura de la UNAM, apelan a la defensa de la Ciudad Universitaria (CU) pues no pertenece sólo a los universitarios: es un bien cultural de todo el pueblo mexicano y del mundo.

Por tanto, es una responsabilidad de todos, dicen a Proceso, “desde el presidente de la República”, las autoridades de la Ciudad de México, las instituciones culturales, hasta la ciudadanía. En el fondo, indica Arnal, está la reflexión sobre el tipo de ciudad y de desarrollo urbano que queremos. Confía incluso en que la propia empresa y quienes le dieron las licencias echen atrás el proyecto porque “es tan absurdo que no puede ser real”.

Y es que basta visitar la página web de la empresa Be Grand para darse cuenta de que sus proyectos inmobiliarios son descomunales. Su impacto en el consumo de agua, energía y vialidad es innegable. En proyecciones hechas por los alumnos de la UNAM en un video entregado a este semanario (ver proceso.com.mx), se observa cómo impactará la imagen de edificios como la emblemática Biblioteca Central –“con el Palacio de Bellas Artes, el más fotografiado de México”–, construida y pintada en sus cuatro muros exteriores por Juan O’Gorman (1905-1982), y asimismo la vista de norte a sur de las torres de Rectoría y de Humanidades.

En sesión del Consejo Universitario de febrero pasado, la abogada general de la UNAM, Mónica González Contró, informó que se interpuso una demanda de amparo indirecto ante el Poder Judicial de la Federación contra el proyecto de la inmobiliaria, en la cual se señala a las autoridades que dieron las licencias por “omisión en el cumplimiento del decreto presidencial que declara a CU como monumento artístico, además de su declaración como patrimonio de la UNESCO”.

Una polémica similar se suscitó a inicios de 2016, cuando la UNAM construyó el edificio H en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. Se señaló que alteraba la visual desde el Espacio Escultórico hacia los volcanes e impactaba la reserva ecológica y sus zonas de amortiguamiento. La conclusión de las autoridades universitarias fue contraria y decidió no demoler ni restar volumen al inmueble de siete pisos.

–Hay un acoso a la universidad y a la ciudad en general, ¿cuál es el fondo del problema?, ¿por qué deciden demandar en el caso Be Grand? El edificio H, ¿es un antecedente o no tiene que ver?

Contesta Cortés Rocha:

“No tiene que ver con el edificio H, aunque éste hizo que se dieran una seria de circunstancias, como la elaboración del Plan de Manejo de la Ciudad Universitaria, que era una asignatura pendiente.”

Cuando se inscribe un bien en la UNESCO, señala, se debe elaborar un plan de gestión. Para CU se hizo el año pasado como resultado de una serie de reflexiones hechas al cumplirse diez años de la declaratoria.

Amortiguamiento

Fue cuando se iniciaron los trabajos de construcción del megaproyecto de Be Grand, en la parte conocida como “zona de amortiguamiento del conjunto universitario”, cuando decidieron tomar medidas. El amortiguamiento es un área establecida por la propia UNESCO para controlar los crecimientos o imágenes (anuncios espectaculares, por ejemplo) que puedan afectar un monumento o zona de monumentos, explica Arnal.

En CU la zona es de 556.5 hectáreas en torno a la UNAM, una de ellas justamente la ubicada frente a la antigua entrada del campus sobre Av. Universidad, en el perímetro que abarcan las avenidas Copilco e Insurgentes, hasta el monumento a Álvaro Obregón. El problema, dice el arquitecto, es que las autoridades que dieron las licencias no consideraron que el terreno estaba dentro de este polígono de protección.

Otro aspecto ignorado es que para ser inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial, el campus central contó previamente con la declaratoria de zona de monumentos artísticos, emitida por decreto presidencial, publicado el 18 de julio de 2005 en el Diario Oficial de la Federación.

CU es la única zona de monumentos en el país, pues la Casa Estudio de Luis Barragán (en Tacubaya), destacan los arquitectos, es una sola edificación, y no un conjunto. En la construcción del campus universitario participaron equipos de arquitectos, entre ellos Mario Pani y Enrique del Moral. Hay murales de autores como Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros, José Chávez Morado, Francisco Eppens, y desde luego los de O’Gorman.

Por ello, el campus central está protegido por la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos. Cualquier trabajo de excavación, cimentación, construcción que vaya a realizarse en los inmuebles colindantes, requiere autorización del INBA, que debe cuidar también cuando los inmuebles colindantes puedan afectar la imagen de un bien o los ubicados en la zona de amortiguamiento.

Arnal precisa que la colindancia en CU es en realidad la avenida Universidad. Pero los edificios que se pretenden construir están en la zona de amortiguamiento establecida por la declaratoria de la UNESCO y por tanto protegidos por la Convención del Patrimonio Mundial. Y los acuerdos internacionales están por encima de cualquiera de las leyes nacionales y locales y sólo por debajo de la Constitución mexicana. Los Estados Parte se comprometen a “no adoptar deliberadamente medidas que puedan causar daño, directa o indirectamente, a su patrimonio”.

Existe asimismo el Memorándum de Viena sobre el Patrimonio Mundial y la Arquitectura Contemporánea. Gestión del Paisaje Histórico Urbano, de mayo de 2005, donde se establece la protección y conservación del paisaje histórico urbano. Señala:

“…La arquitectura de calidad en las áreas históricas tendrá que prestar la debida consideración a las escalas preexistentes, particularmente en lo relativo a los volúmenes y alturas de los edificios. En nuevos desarrollos es importante minimizar los impactos directos en los elementos históricos importantes, tales como las estructuras significativas o los yacimientos arqueológicos.”

Documentos de la UNESCO, del Consejo Internacional de Sitios y Monumentos (ICOMOS), la Carta de Venecia, la de Washington, todos refrendados por nuestro país, hablan de proteger las “visuales” e impedir que elementos ajenos al paisaje lo modifiquen negativamente, indica Cortés Rocha.

La reglamentación en las zonas de amortiguamiento indica para las construcciones nuevas hasta cuatro niveles de altura, y sobre las avenidas principales hasta seis, “solamente en casos especiales se podrían hacer otro tipo de consideraciones, están permitidas, pero dado el impacto no debió permitirse esta situación de excepcionalidad frente a CU”.

Con énfasis, hablando por momentos casi al mismo tiempo, los especialistas cuestionan las consideraciones para este edificio. Destacan el aspecto legal en el cual las autoridades deben tomar cartas en el asunto y revisar los términos de las licencias. Pues se pueden autorizar más niveles, pero “fuera de la norma de cuatro pisos y en avenidas dos más, las otras son un poco opacas, no hay un procedimiento claro para otorgarlas”.

–En términos de arquitectura de paisaje, a menudo la sociedad no comprende la afectación o no está dispuesta a defenderla. ¿Cuál es su argumentación para una ciudad con proporciones humanas?

Arnal considera que la transformación de la ciudad afecta a todos, incluso psicológicamente. Algunos cambios obligan a la gente a caminar más, trabajar más, desplazarse más, comer a otras horas. Son aspectos simbólicos que al ser dañados afectan a toda una generación. Quizá, agrega, los nietos de los universitarios actuales vean normal este tipo de edificaciones, pero en este momento son transgresiones inclusive de la conducta:

“Porque si hay un decreto firmado por un presidente, el esfuerzo de un rector para lograr el ingreso a la Lista del Patrimonio Mundial, esfuerzos de muchos académicos por lograr y mantener la universidad así, el esfuerzo económico para restaurar los murales y limpiar la parte patrimonial, cuesta un dineral, para que llegue una persona y construya 600 departamentos que echarían a perder todos esos esfuerzos de la Universidad y de la Nación porque esto no es nuestro, es de todos los mexicanos. El edificio sí es de una sola persona, ahí hay una diferencia entre el bien personal y el bien común.”

Expresa confianza en que el pueblo mexicano haría “hasta lo imposible” por detener este proyecto, y “me refiero a cosas fuertes, y en este momento políticamente no conviene nada fuerte”.

El viernes 23 de febrero se realizó una manifestación de la comunidad universitaria y vecinos de la zona en contra de este proyecto. Y en change.org se abrió una petición para “impedir que CU pierda la declaratoria de patrimonio de la humanidad por unos condominios” que hasta el mediodía del viernes 2 de marzo llevaba 120 mil firmas de apoyo.

Añade Cortés Rocha que los universitarios se rigen por valores y principios, y en este caso además se deben cumplir las normas comprometidas con la UNESCO, en especial la Convención del Patrimonio Mundial. Recuerda que en 1940 se determinó que en el entorno de la Plaza de la Constitución no se permitirían edificios que rebasaran la altura del cubo de las torres de la Catedral Metropolitana.

“No es algo que los universitarios nos estemos inventando ahora, es que va con la lógica, con nuestros compromisos internacionales y sobre todo con una ética, aceptar que se afecte el patrimonio va contra la ética, otorgar un permiso para un desarrollo de esa naturaleza va contra la ética.”

Salvar la universidad

A la pregunta de si podría la UNESCO retirar la declaratoria de Patrimonio de la Humanidad, Arnal explica que no será de un día para otro, llevará un proceso, pero está en su facultad puesto que se está afectando un bien cultural, y la responsabilidad de preservarlo va desde el presidente de la República para abajo “porque México perdería no sólo ese prestigió, sino todo lo que viene acarreado con él, como la difusión de la cultura”.

Menciona, para dar ejemplo, que el campus universitario es visitado anualmente por 14 mil personas que desean conocer los primeros edificios, los murales, y hay visitas guiadas. Vienen rectores de otras universidades y expertos en arquitectura o patrimonio.

Suma Cortés Rocha que la UNESCO ha declarado sólo cuatro campus universitarios como Patrimonio de la Humanidad: dos del siglo XX, que son la Ciudad Universitaria de México y la Universidad Central de Venezuela en Caracas, y dos campus históricos, el de la Universidad de Alcalá de Henares, en España, conocida como Universidad Complutense o Cisneriana, pues la fundó en 1499 el cardenal Cisneros, confesor de Isabel la Católica, y la Universidad de Coímbra en Portugal, fundada en 1290.

Si el campus universitario perdiera la condición de Patrimonio de la Humanidad, sólo quedaría como representante del siglo XX la institución caraqueña, cuyo país atraviesa ahora conflictos económicos y políticos.

La UNESCO ya retiró la declaratoria de patrimonio a Dresde, Alemania, por la construcción de un puente, en el cual se empecinó el alcalde. Está el caso de la ciudad de Viena que, debido a la construcción de unas torres de gran altura en su centro histórico, fue inscrita en la Lista del Patrimonio Mundial en Peligro, el año pasado.

México estuvo cerca de esa lista hace unos años por Xochimilco. Y recientemente por la cercana extinción de la vaquita marina, pero de inmediato se implementaron campañas para impulsar su conservación. La voluntad política al más alto nivel podría ser una solución también para la UNAM. De ahí la pregunta:

–¿El rector Enrique Graue se ha acercado al jefe de gobierno Miguel Ángel Mancera? ¿No se ha pensado en un acuerdo político?

Tras comentar que desconocen lo que hará el rector, Arnal asegura que se harán todos los esfuerzos para detener el proyecto del condominio que tendrá 27 niveles (setenta metros de altura).

Se les pregunta cómo los acompaña el INBA, puesto que es una zona de monumentos artísticos. A decir de Cortés Rocha, quien ha estado atento al asunto, “seguramente estará actuando en consecuencia”.

–¿No deberían estar poniendo ya sellos de clausura?

–Yo creo que también están evaluando el aspecto jurídico –dice Arnal–, nosotros contamos también con su apoyo, nos lo han dicho, vamos juntos, no estamos peleados, al contrario, nos van a ayudar en lo que se pueda.

“Estamos totalmente seguros de que el INBA está del lado de la protección del patrimonio”, tercia Cortés.

Aclaran que la intención de la UNAM no es afectar a nadie, sino lograr que todo el mundo entre en razón. Incluso llaman a la cordura a la propia empresa, cuyo edificio será una distracción constante, con el reflejo del sol hacia las aulas de CU durante el día:

“Habría que ver cuánto está dispuesto a hacer el empresario por el patrimonio cultural de México, esa sería la pregunta. Si quieren crear polos de desarrollo, llévense el edificio a Chalco, a Tepeji del Río, a un lugar donde hagan falta 600 departamentos.”

–¿Entonces no están en contra de la construcción de un edificio sino de la afectación al patrimonio?

–¡Exactamente! –dice Arnal–. Incluso hemos hecho ensayos, ya con la excavación de veinte metros que tienen, podrían hacer un centro comercial de dos niveles, todo hacia abajo, a lo mejor les rinde más y se lucen respecto al patrimonio, sería para ellos una publicidad extraordinaria. En lugar de decir: vendo 600 departamentos, decir estoy salvando a la UNAM.

Se podrían poner tiendas con servicio a los alumnos como restaurantes, cafeterías, abastecimiento de fotocopias, librerías.

El arquitecto Arnal indica que el amparo interpuesto por la UNAM tiene varias etapas, una de ellas es la suspensión de la obra en tanto se recopilan pruebas. Luego pues “como ustedes saben la ley puede irse despacio, a nosotros lo que nos interesa es frenar esto, hay muchas alternativas, no nada más echarse un edificio de setenta metros frente a la universidad”.

Remata que este tipo de construcción será una constante:

“Hay un descontrol entre el crecimiento urbano y las relaciones de poder, o como le quieran llamar, y la ignorancia de las autoridades, sean cuales sean, que autorizan sin darse cuenta de las afectaciones. Si no se ponen medidas o no se reflexiona sobre qué queremos de ciudad, a dónde vamos a ir, pues aparecerán torres donde sea.

“Hay que rediseñar la ciudad de otra manera, esto no puede seguir, estamos dando el mal ejemplo… Y es una cosa muy grave.”

Este reportaje se publicó el 4 de marzo de 2018 en la edición 2157 de la revista Proceso.

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