“Un acto de comunión”

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Ver teatro, cenar, encontrarse con otros invitados y conversar, es toda una propuesta escénica que se sale del ámbito convencional y nos lleva a una experiencia multiforme. Un acto de comunión, que fue de los poquísimos espectáculos teatrales que el Festival del Centro Histórico ofreció, nos lleva por el camino de los sentidos a conocer una historia oscura basada en una nota roja internacional muy sonada: en Alemania fue acusado de canibalismo un hombre que contactaba a sus víctimas por un sitio web y las invitaba a un gran banquete. Las víctimas accedían voluntariamente a la cita ritual y la carne humana era el platillo principal.

Un acto de comunión es interpretada por José Juan Sánchez bajo la dirección de Belén Aguilar, y ellos nos adentran en el universo de los sentidos: oímos música, saboreamos diferentes platillos y escuchamos una historia que llama nuestra atención de principio a fin. Si bien la obra del argentino Lautaro Vilo se plantea en un espacio tradicional, la Compañía El Mirador se atreve a trasladarlo hacia el ritual mismo de una cena, en este caso, en un edificio del Centro Histórico, a un costado de la Catedral.

La propuesta vincula la obra escénica con la gastronomía, como se han visto otros espectáculos: ya sea recientemente en un teatro o en los ochentas cuando la obra Tamara –encabezada por los actores Sergio Bustamante y Helena Rojo– se presentó en una casona de Insurgentes Sur. La particularidad de Un acto de comunión es que este vínculo no es aleatorio ni ocurrente, sino que emerge de la problemática misma en la que está envuelto el protagonista y sus invitados (los espectadores), dimensionando, así, los contenidos.

Además, el concepto de la puesta en escena utiliza los mismos recursos que el protagonista: se hace la reservación vía correo electrónico y él nos cita en un lugar que públicamente no se da a conocer. Todo parece un  secreto y el tratamiento personalizado nos convierte en el invitado especial de Frankie Malcovich.

Mientras cenamos los platillos diseñados por el chef Gerardo Aguilar, somos copartícipes de lo que nos va contando: la muerte de su madre, el sepelio, la recuperación y sus cenas secretas, que conforme avanza la narración se vuelven macabras. La actuación de José Luis Sánchez emerge del interior del personaje, y su naturalidad le da una excelente creencia escénica que no se ve entorpecida por la cercanía y el contacto visual que mantiene con el público. El concepto de la puesta en escena y la dirección actoral hecha por Belén Aguilar es inteligente y sensible. Encuentra el punto medio para jugar con las palabras y la degustación de los platillos. Está de más la presencia del video en la parte media del monólogo, donde coloca innecesariamente a Frankie, pues genera un distanciamiento que perjudica a la propuesta.

Un acto de comunión dentro del Festival del Centro Histórico adquiere sentido en la medida que retoma la tradición gastronómica que antes estaba incluida intrínsecamente en este festival.

Un acto de comunión se seguirá presentando durante el mes de marzo en un lugar no dicho de la colonia Escandón y podrán ser invitados si lanzan su solicitud a [email protected] y asumen los riesgos.

Esta reseña se publicó el 11 de marzo de 2018 enla edición 2158 de la revista Proceso.

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