Los tres italianos desaparecidos: crónica de sus últimos pasos

Durante tres semanas y media ningún medio nacional informó de la desaparición del napolitano Raffaele Russo, su hijo Antonio y su sobrino Vincenzo Cimmino. Los tres fueron vistos por última vez el 31 de enero en el municipio de Tecalitlán, Jalisco. Francesco, otro hijo de Raffaele, interpuso una demanda ante las autoridades estatales, en la que reconstruyó las últimas horas de sus familiares y aportó pruebas sobre la presunta participación de la policía estatal en la desaparición, pero hasta ahora no hay ninguna pista sobre el paradero de los tres italianos.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- “Llegó a Cancún procedente de Roma, Italia, y de allí se trasladó a la Ciudad de México aproximadamente en el mes de julio o agosto de 2017. No recuerdo si el arribo a este país se realizó en Blue Panorama o Neos, las dos únicas aerolíneas con vuelos directos.”

Así expuso la llegada de su padre a México, ante las autoridades jaliscienses, el italiano Francesco Russo, hijo del sexa­genario Raffaele Russo, quien el pasado 31 de enero desapareció en Tecalitlán, Jalisco, al igual que Antonio –otro de sus hijos– y su sobrino Vincenzo Cimmino.

En su declaración, asistido por un funcionario de la embajada italiana, Francesco detalló el itinerario de su padre, desde su llegada a territorio mexicano hasta su desaparición: “Se quedó algunos días en una casa que yo rentaba y en agosto nos fuimos a Playa del Carmen. La primera semana de septiembre regresamos a la Ciudad de México (donde) hasta enero mi padre vivió conmigo en la colonia Del Valle. Después, cinco días antes de la desa­parición de mis familiares, nos fuimos a Ciudad Guzmán”.

Raffaele Russo, añadió, iba en un CRV Honda blanco 2015 con placas E03APK: “Yo y mi hermano DR (Daniele Russo) viajamos a bordo de un vehículo Kia gris. Llegamos a Ciudad Guzmán el 24 de enero de 2018 y nos hospedamos en el hotel Fuerte Real, en la habitación 602, la única que cuenta con cocina”.

Tres días después, en un vuelo Roma-Cancún-Jalisco, Antonio Russo –quien en el expediente FED/SEIDO/UEIDMS-JAL/0000171/2018, radicado en la Unidad Especializada en Investigación de Delitos en Materia de Secuestros (UEIDMS), es identificado como AR– y su primo Vincenzo Cimmino (VC) alcanzaron en Ciudad Guzmán a Francesco y a su padre. Iban en un Honda blanco placas M89AJV y se hospedaron en la habitación 103 del mismo hotel.

“El 31 de enero –expuso Francesco– mi papá, acostumbrado a levantarse temprano, salió del hotel Fuerte Real aproximadamente a las 10:00 horas; no me acuerdo a dónde iba. Mi papá me llamó varias veces. La última vez a las 13:00 horas. Le marqué como dos horas después porque ya no recibí llamadas de él. Su teléfono me mandaba a buzón.”

Francesco y su hermano Danielle acudieron a la Fiscalía de Personas Desa­parecidas en Jalisco y después presentaron su denuncia ante la Policía Federal de la Comisión Nacional de Seguridad y la Subprocuraduría Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada (SEIDO) –expediente FED/SEIDO/UEIDMS-JAL/0000171/2018–.

Las últimas llamadas

En su declaración Francesco agregó: “Unos 20 minutos después me preocupé porque mi papá nunca deja de comunicarse. Le pedí su localización vía GPS al amigo que nos presta los vehículos CRV, de nombre Gabriel Falcón. Me mandó la ubicación en la carretera Tecalitlán-Jilotlán de los Dolores, por lo que llamé a mi hermano AR y a mi primo VC para que fueran a buscarlo.

“Les mandé la ubicación que me mandó mi amigo Gabriel Falcón, la cual indicaba un pueblo que se llama La Purísima, cerca de la carretera Tecalitlán-Jilotlán de los Dolores.

“Ellos comenzaron a buscarlo. Yo escuchaba todo porque nos encontrábamos en comunicación directa por teléfono y en altavoz. Mi hermano AR mostraba (a los lugareños) la fotografía de mi papá.”

Francesco y Danielle Russo –FR y DR, según el expediente– escuchaban todo por el altavoz.

“Después de varios minutos (AR y VC) llegaron a Tecalitlán y allí cargaron gasolina –declaró Francesco–. Es allí en donde mi hermano AR manda a DR tres audios de altavoz vía WhatsApp en los que señala que los habían detenido. Los audios decían: ‘Estamos poniendo gasolina y nos paró la policía con la motocicleta y un policía con un carro atrás’.”

Francesco marcó a la policía municipal de Tecalitlán al teléfono 3714180169, que encontró en Google. Eran las 18:42 horas. Recordaba el dato, según expuso, porque fue en ese momento cuando AR mandó los mensajes a su hermano DR.

“Le pregunté a una señorita que me contestó respecto de un vehículo blanco y me dijo que había escuchado por radio que en un vehículo blanco iban dos jóvenes. Le dije que eran mi hermano y mi primo.”

Cuando Francesco le preguntó sobre su padre, ella contestó que no sabía nada. Francesco le comentó si podía llamarla más tarde para ver si tenía alguna información de su padre. Ella le dijo que sí y Francesco colgó.

“De inmediato –continuó Francesco– le marqué a mi primo. Como puso el altavoz, escuché una voz que no era de mi hermano ni de mi primo y que repetía la frase ‘quince… quince’.”

Esa voz extraña, según el declarante, mencionó tres veces el número 3411776006 separando las cifras 34-11-77-60-06; lo hizo tres veces, seguidas de las palabras “afirma, afirma”. Luego repitió el mensaje, pero con el número 43-11-58-42-45, dijo Francesco.

Y continuó: “Después vino el silencio… Pensando en la seguridad de mi primo, colgué”.

Los números eran claves de la policía. Por eso, dijo Francesco, su primo Vincenzo no contestó, dejó que él escuchara lo que pasaba alrededor. “Esperé 10 minutos y volví a marcar al número de mi primo VC, pero me mandó directamente a buzón. Llamé al número de mi hermano AR; también me mandó a buzón. Ambos teléfonos se encontraban apagados”.

El desconcierto

Francesco habló de nuevo al ayuntamiento de Tecalitlán para pedir información sobre su padre. La misma mujer que le contestó la primera vez le respondió que no sabía nada. Él le preguntó entonces por Antonio y Vincenzo, toda vez que ella le había comentado sobre ambos.

La respuesta lo desconcertó, pues su interlocutora le dijo que no sabía nada de los dos muchachos. Francesco le comentó que él no tenía radio y le aclaró que era ella quien le había dado la información sobre Antonio y Vincenzo, pero lo negó. Francesco colgó.

“En ese momento entré en pánico. Me dio mucho miedo, pues no sabía de mis familiares”, declaró.

Luego comenzó a llamar a los números de emergencia: el 911, a la Marina, al Ejército, pero todos lo remitieron de nuevo a la presidencia municipal. Francesco desistió.

“A la mañana siguiente, el 1 de febrero, aproximadamente a las 07:30 horas hablé de nuevo a la presidencia municipal. Me contestó la señorita con quien hablé anteriormente, Le pregunté si tenía algún dato sobre las personas que habían detenido: me dijo que no habían detenido a nadie ese día.”

Alrededor de las 14:00 horas de ese día Francesco se presentó ante la Fiscalía General, en Guadalajara, donde lo atendió una persona que se identificó como Gerardo Javier González Palencia. Poco después llegaron entre siete y ocho policías vestidos de civil, quienes le hicieron varias preguntas. Estuvo con ellos entre 15 y 20 minutos. Luego fue conducido al área de desaparecidos, donde la Fiscalía Especializada en Personas Desaparecidas, de Jalisco, inició la investigación e integró la carpeta D-I/12320/2018.

En entrevista con Proceso, el fiscal regional Fausto Mancilla Martínez explica: “Nos enteramos el 1 de febrero de 2018 a través de la Fiscalía de Desaparecidos que tiene la Fiscalía General del Estado, por la denuncia de desaparición interpuesta por Francesco, hijo mayor de Raffaele Russo. Desde ese día, asegura, la fiscalía comenzó a investigar entre los lugareños, así como entre los empleados de la gasolinera donde Antonio Russo y su primo Vincenzo Cimmino fueron vistos por última vez”.

–¿En entrevistas registraron qué lugareños y empleados de la gasolinera se percataron de la presencia de estas personas? –se le pregunta al fiscal.

–Efectivamente. Dicen que andaban personas de origen extranjero vendiendo maquinaria y demás. Eso confirma la presencia de ellos en la zona.

–¿En la gasolinera registraron el momento en que Antonio y su primo Vincenzo fueron interceptados por los uniformados que se los llevaron?

–Estamos analizando cámaras que hay en la gasolinera. La persona que interpone la denuncia por desaparición (Francesco) habla de un policía que les dice (a Antonio y Vincenzo) “sígannos”. Por este motivo tenemos intervenida la seguridad pública del municipio.

Por lo pronto, el 24 de febrero fueron detenidos cuatro policías de Tecalitlán por el delito de desaparición forzada; ellos confesaron haber entregado a los italianos al cártel que opera en la zona. La fiscalía trabaja en aclarar la razón por la que los entregaron; la clave para esclarecerlo es el director de la Policía Municipal, Hugo Enrique Martínez Muñiz, quien horas antes de que la policía municipal fuera “intervenida” abandonó la corporación. Hoy está en calidad de “desaparecido”.

La embajada italiana

Mancilla Martínez comenta que el mismo 1 de febrero las autoridades de Jalisco notificaron a la embajada de Italia en México sobre la denuncia de desaparición de sus ciudadanos.

“Nos dijeron que tienen registrado que en Jalisco los desaparecidos se dedican a la venta de maquinaria pirata marca Bosch. También nos informaron que en Italia tienen una ficha de Raffaele Russo por presunto fraude, y en Quintana Roo ha sido detenido por soborno o cohecho.”

El personal de la embajada no llegó a Jalisco sino hasta el 20 de febrero.

El fiscal regional confirma que los tres italianos desaparecidos viajaban en dos vehículos rentados, equipados con GPS: “Llegaron a la población de Tecalitlán, rumbo a una parte que le llaman La Purísima y es ahí donde se perdió la señal. Algunos de los lugareños entrevistados aseguran que los italianos tuvieron algo de actividad (laboral). Al principio iba una unidad –la de Raffaele–, pero más tarde se sumó el vehículo donde iban Antonio y Vincenzo. En un momento incluso los dos autos se cruzaron”.

Según Mancilla Martínez, al principio los desaparecidos declararon que andaban por la zona de turistas. Sin embargo, dice, “nos dimos cuenta que el 21 de enero llegaron a Ciudad Guzmán y se hospedaron allí. Sus familiares nos han cambiado las fechas. No sabemos con qué frecuencia iban para allá, por cuántos días… La persona que declaró (Francesco) falseó u ocultó información. Desde entonces no han podido localizarlo para que aclare. Sabemos que se fue a su país.

“Durante nuestra investigación detectamos que el mayor de ellos (Raffaele) se registró el 21 de enero en tres habitaciones en Ciudad Guzmán a nombre de Carlos López. Sin embargo, de acuerdo con la denuncia presentada ante la fiscalía, los tres desaparecidos llegaron a Ciudad Guzmán el día 30 o 31 de enero”, comenta el fiscal regional.

Añade que en las investigaciones incluyen la presunta venta de maquinaria pirata, y que tienen que buscar también con quién se relacionaron. Todas las líneas están abiertas, incluida la de delincuencia organizada.

Y abunda: “No podemos decir que no vamos a investigar esa parte porque, geográficamente, la zona es muy difícil, montañosa, y se presta para actividades ilícitas del narcotráfico, delincuencia organizada. Desde la siembra de enervantes, campamentos y demás.

“Incluso, posterior a la desaparición de los tres italianos, el Ejército desmanteló un laboratorio de droga muy importante por esa zona”, refiere.

Las autoridades, acepta, no descartan los presuntos vínculos que pudieron tener con gente del Cártel de Jalisco Nueva Generación o que hayan intentado timarlos con mercancía falsa. No se puede “escatimar ninguna línea de investigación”. Aun así, puntualiza, “la prioridad es localizarlos”.

También se investiga a Humberto Stefano, italiano detenido por la Policía Federal el 20 de febrero en Guanajuato, cuando transportaba generadores de luz y falsas facturas de compra-venta.

La fiscalía pidió la colaboración de las autoridades guanajuatenses para determinar si Stefano tiene relación con las personas buscadas.

La desaparición de los tres italianos, oriundos de Nápoles, se conoció luego de que en esa ciudad personas allegadas a ellos se manifestaron en las calles el 17 de febrero; al siguiente día, en el estadio San Paolo, durante el partido del equipo local contra el Spal, los aficionados desplegaron una manta con el mensaje “Liberen a los napolitanos en México”.

El 19 de febrero, en su columna del periódico El Universal, Carlos Loret de Mola escribió: “El gobierno italiano informó a la PGR que la familia Russo es conocida en ese país por pertenecer a la organización criminal Los Magliari (Los Mercaderes), dedicada a la falsificación y fraude”.

En Italia, las versiones de los hijos de Raffaele Russo y la de su esposa, Silvana Esposito, confirmaron la versión del fiscal regional: “Las autoridades italianas fueron las primeras en conocer la desaparición y nos recomendaron presentar la denuncia. Después nos abandonaron”.

Esposito da más luz sobre el paso de su esposo por México: “El 24 de diciembre de 2017 pasé Navidad con él en la ciudad de Morelia. No tiene relación con el tráfico de drogas; en México vendía generadores de luz, chinos”.

Esta crónica se publicó el 11 de marzo de 2018 en la edición 2158 de la revista Proceso.

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