Stephen Hawking y Dios

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- El físico y cosmólogo Stephen Hawking, quien falleció el pasado 14 de marzo a los 76 años, lo dejó claro en Breve historia del tiempo (1988), su libro más vendido: algún día el ser humano podrá comprender las leyes que gobiernan el universo, la llamada Teoría del Todo, y con ello conocer “la mente de Dios”.

Hawkings, quien junto al físico Roger Penrose cambió –nada más y nada menos– que la perspectiva científica del universo al fusionar la Teoría de la Relatividad de Albert Einestein con la Teoría Cuántica sobre cómo evolucionó la vida –aseverando que el espacio-tiempo inició con un gran Big Bang y que la conclusión del mismo sería a través de agujeros negros dentro de unos 20 mil millones de años aproximadamente–, expresó en marzo de 2005 con su inigualable voz robótica:

“Sería aburrido ser Dios, sin nada más por descubrir… la raza humana necesita siempre un desafío, de otra manera hacer ciencia sería como practicar el montañismo en el Everest”.

Pero no, no se refería a ese “Dios” o a la posible existencia de un ser superior; durante una conferencia en septiembre de 2008 en Santiago de Compostela, España, expresó:

“Las leyes de la ciencia que explican el funcionamiento del universo no dejan mucho espacio para milagros o para Dios… la ciencia está contestando cada vez más preguntas que solían ser dominio de la religión… habrá pronto una respuesta definitiva a cómo empezó el universo”.

Para Discovery Channel fue mucho más explícito en un programa de 2012:

“Cuando me preguntan si Dios creó el universo les respondo que la pregunta misma no tiene sentido. El tiempo no existía antes del Big Bang, por tanto no había un tiempo de Dios para hacer el universo. Es como preguntar por la dirección del fin de la tierra. La tierra es una esfera, no tiene un fin y buscarlo sería un ejercicio fútil.

“Todos somos libres de creer lo que queremos, y ese es mi punto de vista más simple sobre la explicación de que no hay un Dios, nadie creó el universo y nadie dirige nuestros destinos, no hay ningún cielo ni vida después de ésta.

“Tenemos esta única vida para apreciar el gran diseño del universo, y por eso estoy extremadamente agradecido”.

Pero ¿acaso un diseño no requiere de un diseñador?

Albert Einstein –quien curiosamente nació un 14 de marzo, fecha de la muerte de Hawking– creía en una existencia superior, y dijo:

“La ciencia sin religión es una pérdida de tiempo, la religión sin ciencia es ciega”.

Es curioso que Hawking no creyera en Dios, siendo él mismo muy similar a aquello que definen como milagro (evento inherente a una intervención divina). Diagnosticado con Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA) a los 21 años, una enfermedad motoneuronal que con el tiempo lo hizo perder la movilidad –al final de su vida sólo la tuvo en algunos músculos faciales–, el cosmólogo desafió los pronósticos de vida de dos años; en el plano personal se casó con Jane Wilde y vio crecer a sus tres hijos, incluso se separó y se volvió a casar.

La ELA tampoco le impidió seguir trabajando. De 1979 a 2009 ocupó el puesto de Profesor Lucasiano en Cambridge, la misma cátedra que ocupó Isaac Newton en 1663, además de haber obtenido más de una docena de títulos honoríficos y ser miembro de la Royal Society, la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos, e incluso el haberse designado con su nombre el Premio a la Comunicación de la Ciencia instaurado en 2015.

También fue autor de una decena de libros: God created the integers; The large structure of space-time; On the shoulders of giants; Black holes; la serie infantil George and the Big Bang; George’s secret key to he universe; George’s cosmic treasure; Georde an the unbreakable code y George and the blue moon; the grand design; Stephen Hawking, My brief story; y los dos más famosos: A brief story of time y A briefer history of time.

Sobre su vida tras la esclerosis dijo en 2004 a The New York Times:

“Mis expectativas se redujeron a cero cuando tenía 21 años. Todo desde entonces ha sido un extra”.

A pesar de sus estudios y aportes científicos nunca ganó un Nobel; la razón fue descrita en la revista Time: todo descubrimiento científico-teórico debe ser confirmado por datos de observación. Y por la complejidad tecnológica que requiere la teoría de Hawking, tomará décadas construir un equipo para estudiar su trabajo, además de acercarse a los objetos de estudios (los agujeros negros); de hecho quizá la mayoría de las personas que existen en el mundo actualmente no vivirán para conocer los resultados del científico.

Un ejemplo: La teoría de Einstein sobre las Ondas Gravitacionales en el Espacio, que fue propuesta por primera vez en la década de los veinte, no fue probada sino hasta 2016.

Acerca del autor

Licenciada en Ciencias de la Comunicación (2005) con Diplomado en Relaciones Públicas (2014), habla inglés y francés, amante del cine y los idiomas. Se inició como reportera de deportes en su natal Veracruz, y luego en publicaciones de la Editorial Vía Satélite de la Ciudad de México. Forma parte de la Sección de Cultura y Espectáculos de Proceso desde 2007.

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