Ghouta: “un infierno sobre la tierra”

CIUDAD DE MEXICO (apro).- Las imágenes terroríficas que provienen del barrio damasquino de Ghouta Oriental y del cantón kurdo de Afrin parecen captadas en los peores momentos de la guerra en Siria, no en esta fase que hace unas semanas parecía de distensión y de principio de la ruta hacia un diálogo fructífero.

Nadie esperaba que de eso emergiera una paz definitiva, pero sí tal vez un arreglo sostenible a mediano plazo, con base en un equilibrio de fuerzas que hasta cierto punto resultaba favorable al régimen, que había llegado a controlar los mayores centros poblacionales del país y casi todas sus rutas principales de comunicación.

El gobierno de Bashar al Assad, sin embargo, apostó por consolidar su posición aniquilando el reducto opositor de la capital que se le ha resistido desde 2012: Ghouta Oriental. Y se dispone a lograrlo a cualquier costo.

Turquía, por su parte, sigue una agenda particular en una serie de batallas que considera como extensión de su propia guerra intestina y, al conquistar Afrin, se confirma como ocupante extranjero de una porción significativa del territorio sirio.

También te recomendamos

Los otros grandes poderes involucrados –Rusia, Estados Unidos e Irán– tampoco han resuelto aflojar en la persecución de sus intereses, a pesar de que el precio de intervenir para cada uno se hace más grande, y el resultado, más incierto.

La ofensiva contra la organización extremista Estado Islámico, que duró de 2014 a 2017, logró unir a los bandos rivales, pero la casi derrota de ese enemigo de ocasión permitió que retornaran sus prioridades tradicionales.

El pasado jueves 15 se cumplieron siete años del conflicto en Siria. Inició con la represión sangrienta de protestas pacíficas. Fue primero una revolución popular y luego una guerra internacional, mediante fuerzas patrocinadas en un escenario regional. En el aniversario de esa fecha el presidente Bashar el Asad apareció en un video en el que, relajado, conduce un auto por las calles de Ghouta Oriental. Habla ahí como si la paz estuviera al alcance.

Otros videos, tomados a cientos metros de ahí, muestran una realidad opuesta: niños son rescatados de los escombros tras los bombardeos rusos.

Las victimas infantiles de la guerra aumentaron 50% en 2017 –el peor año de la guerra para los pequeños–, en comparación con 2016, de acuerdo con un informe de UNICEF divulgado el viernes 9.

“Rama de Olivo”

Después de más de cuatro años de pérdidas continuas de territorio y bajo una perspectiva de derrota, el punto de inflexión a favor del gobierno sirio fue la intervención directa de la fuerza área y de tropas terrestres rusas, que inició el 30 de septiembre de 2015. Hasta entonces, el apoyo de unidades militares iraníes, de milicias chiitas y de la libanesa Hezbolá, habían compensado algunas de sus debilidades, pero ese apoyo seguía siendo insuficiente.

La reconquista de la segunda ciudad en importancia, Alepo, en diciembre de 2016, demostró que la derrota militar del régimen era improbable.

También cambió la actitud de Estados Unidos, que había establecido como condición irrenunciable para todo acuerdo la renuncia previa de Asad: cuando Barack Obama fue reemplazado por Donald Trump, en enero de 2017, se conjugaron la voluntad del nuevo presidente y la realidad sobre el terreno para abandonar en los hechos esa exigencia, y la sensación a fin de año era que cualquier escenario de resolución del conflicto tenía que considerar el protagonismo de Asad.

En esfuerzos paralelos de diálogo patrocinados por Rusia y por la ONU, los enemigos del gobierno parecían estar disponiéndose a aceptar un horizonte en el que, por lo pronto, des-escalaría la violencia para dar estabilidad al status quo, en el que el gobierno mantendría el control de las zonas demográfica y económicamente más importantes, mientras que grupos rebeldes se mantendrían en los bolsones bajo su dominio, las fuerzas kurdas en los suyos, y se buscaría la forma de lograr una retirada que resultara aceptable para el ejército turco, que había cruzado la frontera para tomar la región de Azaz.

Los sueños empezaron a esfumarse en enero: en lugar de prepararse para la partida, los turcos decidieron continuar su ofensiva contra las Unidades de Protección del Pueblo (YPG), la organización kurda que estuvo cerca de conectar la zona principal en su posesión, que corre de Manbij –en el río Éufrates– hacia el oriente hasta la frontera con Irak, con el cantón kurdo de Afrin, en el occidente.

El ejército turco logró impedirlo invadiendo Azaz para establecer un colchón infranqueable entre ambos brazos, aunque –debido a la interposición de fuerzas estadunidenses– fue incapaz de tomar Manbij y expulsar a los kurdos hacia el este del Éufrates. Parecía que el presidente Tayyip Erdogan se quedaría frustrado, pero en lugar de resignarse, decidió apoderarse de Afrin: ordenó así una operación con nombre orwelliano: Rama de Olivo.

Como emblema de la barbarie de esa ofensiva, sobre un rincón de Siria que hasta entonces había logrado mantenerse a salvo de la guerra, quedaron un video y fotografías de una docena de milicianos aliados a los turcos, en el que se ríen sobre el cuerpo mutilado de Barin Kobani, una joven combatiente de las YPG.

La ciudad de Afrin cayó el domingo 18. Más de 150 mil personas tuvieron que huir, según fuentes kurdas.

Más allá de los límites

Si la ofensiva de 2016 sobre Alepo pareció excesivamente cruel con los civiles, en la lanzada sobre Ghouta el 18 de febrero cualquier límite ha desaparecido.

“Un infierno en la tierra para los niños”, fue la descripción que hizo Henrietta Fore, directora ejecutiva de UNICEF, al presentar el informe sobre la situación de la infancia en Siria. “El bombardeo es casi incesante”.

El texto denuncia que toda una generación de infantes sirios enfrenta grandes peligros y una ruina psicológica. A lo largo de 2017, murieron 910 niños, 361 fueron heridos y 244 fueron detenidos. Además, a 961 los reclutaron como combatientes.

De las 6.1 millones de personas desplazadas internamente, 2.8 millones –casi la mitad– son niños. Como lo son los que aparecen en los videos que los habitantes de Ghouta Oriental hacen llegar a las redes: pequeñitos que aúllan al ser sacados de los escombros, que son lanzados a los brazos de otros por sus padres antes de morir, que pierden brazos o piernas o tienen heridas en la cabeza que nunca desaparecerán, que quedan marcados emocionalmente.

Ese barrio fue objeto, el 21 de agosto de 2013, de un ataque químico que dejó medio millar de muertos y 3 mil 600 heridos. Obama había advertido que el uso de esas armas provocaría una intervención militar estadunidense, amenazó con cumplir su palabra. Rusia ofreció su mediación. El gobierno sirio se comprometió a destruir su armamento químico. Inspectores extranjeros fueron a verificar que lo hiciera. Dieron su visto bueno y la cosa quedó allí.

Pero ahora, nuevamente hay acusaciones de este tipo de ataques, apoyadas en imágenes y testimonios.

Los bombardeos prosiguen con intensidad inusitada: durante el día, a cargo de la aviación del presidente Asad; por la noche, las naves rusas vuelan y disparan.

La táctica del ejército sirio fue penetrar como una lanza hasta el corazón del distrito y después dividirse en dos columnas que continuaron el cruce. Lograron partir la zona rebelde en tres.

De acuerdo con el Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH), hasta el martes 20, las nueve semanas de ofensiva sobre Ghouta Oriental habían causado mil 454 muertes, incluidos 297 niños y 183 mujeres. Además, unas 50 mil personas han huido.

Así engordan las estadísticas: en siete años de guerra, ha muerto medio millón de personas y casi 12 millones (más de la mitad de la población) han tenido que abandonar sus casas.

Estado madre

El video muestra al presidente Asad con actitud casual, vestido de saco pero sin corbata y con la camisa azul celeste abierta, muy tranquilo. Da la impresión de que va solo, sin guardias ni ayudantes, hablándole a una cámara como si fuera el pueblo sirio, conduciendo su propio auto hasta el peligroso Ghouta Oriental… que se ve destruido, pero en paz.

“Toda la gente está regresando al gobierno –comenta–. Esto demuestra lo que siempre dijimos: que el pueblo quiere al Estado y que el gobierno es legítimamente el padre y la madre de toda la gente. Y es el lado legítimo de todo proceso político o militar”.

Después llega a una base improvisada de sus tropas, donde es recibido entre vítores, y algunos vecinos muy alegres le acercan a sus niños para que los bese en la mejilla.

En la madrugada del día en que esta sencilla producción fue publicada en Youtube, el martes 20, un avión bombardeó una escuela en Ghouta Oriental, que servía de refugio para las personas que perdieron sus casas. Se cree que fue una nave rusa, porque atacó en la oscuridad. El OSDH reporta que murieron 15 niños y dos mujeres, y 52 personas fueron heridas.

Comentarios