Daniel Buren y su asimilación por la plaza comercial Artz Pedregal

La obra de Daniel Buren en Artz Pedregal/ Foto: Isabel Leñero

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Con la noticia de que hay una instalación del artista conceptual francés Daniel Buren Boulogne Billancourt, (1938) en la recién inaugurada Artz Pedregal. La sorpresa inicial fue encontrar que se trataba de una plaza comercial al sur de la ciudad.

La plaza, después de tres años de construcción y aún sin funcionar en su totalidad, alberga la instalación en la primera planta donde se reciben los coches del Valet Parkin, desafortunadamente un lugar nada apto para disfrutarla y entenderla.

La pieza pertenece a su serie Laberintos, sin olvidar que ya otra de esta misma serie fue exhibida en el Hospicio Cabañas en 2014.

Buren realizó en 1986 una escultura en el Palais Deux Plateaux titulada Las columnas de Buren, que abrió un inquietante debate sobre el arte contemporáneo y su integración a sitios históricos.

Sorprende que ya pasados los años y los parámetros que han ido cambiando con el tiempo, esta pieza integrada en un centro comercial se proponga ser — como indica el folleto que se obsequia en la plaza– “un espacio generador de nuevos espacios urbanos abiertos”, pues según esto el concepto principal es la creación de un gran parque escultórico al centro del proyecto.

Además, se explica que “las obras exhibidas permanentemente serán de artistas renombrados como Daniel Buren, Ai Wei Wei, Damian Ortega, Abraham Cruz Villegas y Tania Candiani”, y sin embargo al final se apunta que los visitantes podrán encontrar diferentes servicios y espacios al aire libre como restaurantes, boutiques de lujo, así como más de 20 salas de cine…

Al final de cuentas la intención es, obviamente, ser un centro comercial. Sólo que estos nuevos espacios urbanos privados y exclusivos para las clases sociales con un poder adquisitivo mayor que el de la mayoría de los mexicanos, se han convertido en espacios de la estética neoliberal que no posibilita el disfrute ni el ejercicio crítico y estético de una pieza como la de este artista minimalista y abstracto como Daniel Buren, quien a lo largo de su trayectoria ha creado instalaciones específicas con el ambiente.

La obra, con sus rayas de diferentes tamaños, está integrada a la superficie visual y al espacio arquitectónico de una plaza comercial, y no a un espacio urbano capaz de darle el lugar que le corresponde. Su lectura es, así, difícil de apreciar, pues se asimila a la información de marcas y comercios, por lo cual abre la siguiente pregunta: “¿Serán ahora los centros comerciales las nuevas galerías del futuro? ¿será este un ejemplo de la privatización del espacio público?

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