“Armando Sáenz Carrillo, in memoriam”

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Difícil aceptar que cuando la muerte llega, los sentimientos y reflexiones no alcanzan a aliviar el dolor de la pérdida y no queda más que el tiempo y la espera de la aceptación ante lo inminente. Sin duda el recuerdo y el reconocimiento de su vida permanecen como ancla para recordar y homenajear a quien vivió una vida coherente y plena.

Fue prematura la desaparición, el pasado 17 de enero, del museógrafo, artista y hacedor de libros Armando Sáenz Carrillo (1955-2018), de quien se realiza un homenaje post-mortem en el Museo Carrillo Gil.

Este recinto surgió como proyecto para albergar la colección de su abuelo, el doctor Alvar Carrillo Gil, junto con Fernando Gamboa, su primer director. La extensa colección posee principalmente obra de los tres muralistas mexicanos, además de otros importantes artistas, incluidos extranjeros. Fue donado al INBA manteniendo su prestigio, y ahí también actualmente se presentan propuestas contemporáneas.

Curada por Carlos Palacios, Armando Sáenz Carrillo, in memoriam ofrece un digno homenaje y un recorrido que contiene el espíritu del trabajo de Sáenz en diferentes rubros que, al final, son uno solo, ya que su personalidad está impregnada en todas sus propuestas.

La muestra ha sido dividida en tres partes, permitiendo conocer de los territorios por lo que Sáenz transitó. Resaltan sus inicios como editor de libros-objeto, junto con Yani Pecanins y Gabriel Macotela, quienes crearon El Archivero, proyecto para exhibir, promocionar y coleccionar libros de artistas que duró ocho años y marcó un punto de referencia que combinó las artes plásticas y la literatura.

Los ejemplos que se exhiben confirman la vitalidad y creatividad de artistas de diferentes generaciones; destaca obra de Ulises Carrión, Magali Lara, Vicente Rojo, así como trabajos de los fundadores.

Se seleccionaron trabajos diversos de la propia producción de Sáenz, piezas con las que él convivía en su propia casa, así como otras obras que nos hablan de su exquisita mirada y la sutileza como herramienta para producir desde piezas bidimensionales –collages y papiers collés, por ejemplo–, así como libros de artistas, sus revistas editadas manualmente, trabajos colectivos e individuales donde se revela su mirada hacia las estéticas orientales, pasión que le trasmitió su abuelo, y en la cual el vacío, el sueño, el olvido están presentes y lo acompañan en su propio lenguaje.

También ha sido incluida una instalación realizada en 2006, Elogio de la sombra, en honor al escritor japonés Junchiro Tanisaki, libro que fue su compañero durante varios años.

Igual está representado su trabajo como museógrafo desde los años ochenta hasta el 2018, en que participó en muchos proyectos del museo, así como su labor de investigación y colaboración con curadores sobre la colección familiar Carrillo Gil.

De las donaciones que realizó junto con su madre Carmen Tejero y su hermana Gabriela Sáenz Carrillo sobresalen el Retrato de Carmen Tejero (1944) de José Clemente Orozco, carteles de artistas franceses modernos (2015) y cuatro esculturas de Lothar Kestenbaum.

La muestra permanecerá hasta el 8 de julio en el museo, ubicado en avenida Revolución 1608, San Ángel, delegación Álvaro Obregón. CP 01000, Ciudad de México.

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