El pensamiento de los candidatos (I): La política exterior

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Asigné a mis alumnos la tarea de analizar y comparar el pensamiento de los candidatos a la Presidencia en materia de política exterior, para una presentación a finales de abril. Dudo que puedan cumplir su tarea. Las elecciones de 2018 están caracterizadas por falta de precisión sobre los planes de gobierno de quienes aspiran a encabezarlo. Eso ocurre con dos de los candidatos, Ricardo Anaya y José Antonio Meade. 
 
La situación es diferente en el caso de Andrés Manuel López Obrador. Siendo la tercera vez que busca la Presidencia, la filosofía que orienta su actividad política es conocida. Esta vez ha publicado dos libros y ha concedido numerosas entrevistas a intelectuales y formadores de opinión que se oponen ferozmente a sus puntos de vista; esos debates extraoficiales han resultado estimulantes.   

Sin embargo, no ocurre lo mismo con los otros candidatos. Su pensamiento sobre los problemas que atraviesa México y sus planes de gobierno no son conocidos por el conjunto de la ciudadanía. Tal situación contrasta con elecciones anteriores; ofrezco un ejemplo para ilustrarlo. En los años 2006 y 2012, un grupo de académicos, periodistas y miembros de ONG´s fue convocado por la Fundación Espinosa Iglesias, bajo la coordinación de Enrique Cárdenas, a ejercicios de análisis y evaluación de las propuestas de candidatos a la Presidencia. Participé en ambas ocasiones en el equipo de política exterior.

La metodología para llevarlo a cabo fue rigurosa. Tenía como punto de partida varias fuentes de información. Entre ellas, los libros firmados por los tres principales contendientes que, en la última elección, circulaban ya desde finales de 2011: Por el renacimiento de México, de López Obrador; México: la gran esperanza, de Peña Nieto, y Nuestra oportunidad, un México para todos, de Vázquez Mota. Tales publicaciones se inscribían en el marco ideológico y político del partido que los postulaba. Sin embargo, había una nota personal, diagnósticos y prioridades que permitían ver el sello del candidato y sus colaboradores cercanos. En las fuentes de información se incorporaban también conferencias de prensa y declaraciones puntuales sobre diversos temas.

En 2018, el ambiente es distinto. La identidad dudosa de la coalición que han formado PAN y PRD no ha permitido articular un discurso sobre el programa de gobierno que desea encabezar Anaya. Por su parte, Meade se coloca cuidadosamente sobre las líneas del gobierno; los intentos para diferenciarse y proyectar personalidad propia todavía no aparecen. A todo ello cabe añadir la intensa disputa entre Anaya y el gobierno en torno al presunto uso faccioso de instituciones del Estado y las acusaciones respecto de la credibilidad de éste en materia de corrupción. Lo anterior se ha conjugado para que la reflexión de fondo sobre los problemas nacionales haya pasado a segundo plano.

En el caso concreto de las relaciones exteriores, tema de interés particular por mi profesión, acudo primero a documentos escritos. Por lo pronto, sólo encuentro un capítulo en el Proyecto 18, suscrito por López Obrador. El capítulo es interesante por tres motivos. Primero, porque da pruebas de una evolución positiva del interés de López Obrador por el tema; segundo, por la aproximación prudente y realista a la relación con Estados Unidos; tercero, por el llamado a identificar prioridades nacionales que pueden reforzarse con la cooperación internacional, el caso del desarrollo en materia de ciencia y tecnología me parece muy pertinente.

En lo referente a Meade, se encuentra un documento dado a conocer por su coordinador de campaña Aurelio Nuño a través de un tuit que remite a una pequeña gráfica. En ella se ilustran con escasas palabras cuatro ejes de acción: Protección a los migrantes, Promoviendo a México, Reforzando la cooperación y Diálogo político para defender a México y proteger el interés de los mexicanos.  Estamos a la espera de un material más elaborado de quien fuera secretario de Relaciones Exteriores. No encuentro datos escritos de Anaya acerca de su pensamiento sobre política exterior.
Por lo que toca a actividades fuera del país, el más viajero es Anaya. En búsqueda de sugerencias para gobiernos de coalición, ha visitado Alemania y Chile. Experiencias evidentemente muy distintas al caso mexicano pero que han servido para proyectar su imagen.

Muy incomprensible ha sido la visita de la secretaria general del PRI y de un grupo de representantes de la coalición Por México al Frente al secretario general de la OEA. Son muy conocidos los fracasos de esa organización al intentar actuar sobre problemas de democracia al interior de los países miembros. Su actual secretario es una figura polémica que cruza fácilmente los límites de la acción que le corresponde desempeñar. Queda la duda acerca de cuál fue el objetivo de las visitas.

En otro orden de cosas, interesa referirse a actores externos que buscan influir en el proceso electoral. El caso más evidente son las opiniones de Mario Vargas Llosa, conocido por utilizar su enorme prestigio como escritor para erigirse en consejero político. El eje principal de sus palabras fue advertir de manera muy reiterativa sobre el horror de ver a México convertido en Venezuela si triunfa López Obrador. Queda para encuestas u otro tipo de estudios dilucidar si esos llamados –poco sustentados– sólo reafirman a quienes ya piensan así o influyen también sobre quienes no experimentan esos miedos.

Por último, cabe mencionar la fijación por parte del INE de los temas a tratar en el debate de los candidatos sobre política exterior que tendrá lugar en Tijuana, el 20 de mayo. Comercio exterior, fronteras y migración son sin duda prioridades. Pero, dejar fuera del debate una reflexión más amplia sobre el posicionamiento de México en un mundo de cambios sustanciales que tanto nos afectan me parece un error.

Hasta donde puede verse, en el desarrollo del proceso electoral no se están creando las condiciones para otorgar a la política exterior la atención que merece bajo circunstancias en las cuales lo que acontece fuera determinará en gran medida el futuro de México.  

Este análisis se publicó el 1 de abril de 2018 en la edición 2161 de la revista Proceso.

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