Los “Libros vivos” salen del estante

Rodrigo Murray en su interpretación de "50 de cien: Reflexiones de un libro en soledad,". Foto: Twitter Rodrigo Murray en su interpretación de "50 de cien: Reflexiones de un libro en soledad,". Foto: Twitter

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- “Los libros deben salir de las bibliotecas, co-brar vida y acercarse a la gente”. Esa es la premisa con la que el actor Rodrigo Murray anuncia al público el proyecto Libros vivos.

La idea es de José Maria Arreola: resucitar de los estantes los tomos que han marcado la literatura universal, ponerles cara, cuerpo e historia personal, y otorgarles voz (o música) para hablar de sí mismos en el escenario.

Todo comenzó el pasado jueves 5 de abril con 50 de cien: Reflexiones de un libro en soledad, que conmemora el aniversario de medio siglo de Cien años de soledad, del premio Nobel Gabriel García Márquez.

Es así como Murray –con un libreto escrito por Fernando Javier León Rodrí-guez y Nicolás Mellini– se convierte en el libro mismo que celebra su 50 aniversario y cuenta su vida: cómo surgió, sus cambios con el paso del tiempo, por quién disfruta ser leído, lo que le duele, y anécdotas sobre “su padre”.

Como adelantó el actor del monólogo, en conferencia de prensa, la intención de este proyecto es que “después de este o cualquier otro libro, la gente salga con ganas de leer, porque las manos ocupadas en un libro, en una revista o un cuaderno, con mayor dificultad van a poder disparar un arma o meterse drogas”.

No se puede negar la nobleza y verosimilitud de esta premisa. Sin embargo, está muy lejos de lograrse, tomando en cuenta que el espectáculo se presentó en el foro Lunario y con un boleto caro, el cual difícilmente podría pagar una persona que viva dentro de un ambiente marginado y que se encuentre más propenso a situaciones de violencia.

Y uno acude fascinado por lo interesante de la propuesta, fascinación que se desploma tras oír una serie de chistes misóginos que hacen que el montaje parezca ajeno, lejano, opuesto a la obra maestra del Gabo, como cuando el “libro” espera, para su fiesta de cumpleaños, a los invitados, el grupo de mariachis y “las escorts”.

El alma del libro se esfuma, entonces.

Lo más vistoso de la escenografía de esta puesta son una serie de fotografías que se proyectan en pantallas al fondo del escenario, las cuales incluyen la gran variedad de portadas que han existido en el mundo de Cien años de soledad, lo que lo hace parecer más una plática informativa con su respectiva presentación de Power Point.

Los fervorosos aplausos al final de la obra terminan causando más conflicto: o este público no ha leído Cien años de soledad, o de plano le gusta aplaudir por puro amor, como a la mayoría de los mexicanos.

La función se presentó el pasado jueves 5 y aunque aún no se anuncian las fechas de las nuevas presentaciones, la función inicia con un video donde algunas personalidades muestran su interés por convertirse en libros, como Ari Brickman en ¿Hay vida en la tierra?, de Juan Vi-lloro; Neri Rojas en La insoportable levedad del ser, de Milán Kundera; Alonso Arreola Uno en El barón de Münchhausen, de Rudolf Erich Raspe; y Leticia Huijara en La Tumba, de José Agustín.

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