El fotógrafo David Lauer y la defensa del maíz

Radicado en Chihuahua desde hace casi tres décadas, el fotógrafo estadunidense David Lauer ha recorrido el campo mexicano retratando a la planta que transformó su vida, al grado de convertirse en un defensor a ultranza de sus propiedades y su riqueza como factor de identidad cultural. Expone en la Casa Chihuahua de la CDMX 24 imágenes, La agricultura, pilar de la gastronomía, y considera que el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos fue injusto para nuestro país.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- En 1959 lo vio nacer Bloomington, Indiana, donde probó un elote hervido que en Estados Unidos se le llama Corn on the Cob. Lo fascinó al punto de haber capturado en el nuevo siglo, con su cámara Cannon, miles de imágenes sobre los procesos de las casi 60 razas de maíz nativas de México.

Se trata del activista norteamericano David Lauer, quien antes de convertirse en fotógrafo del campesinado rarámuri fue alumno del novelista Gustavo Sainz (D. F., 1940-Bloomington, 2015), como estudiante de Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Nuevo México.

“Para mí es criminal que el maíz gringo ponga el precio del mercado para el maíz nativo mexicano, te voy a decir por qué: El maíz nativo es tres veces más nutritivo que esa bazofia que estamos importando más y más”, manifiesta en correcto español Lauer, idioma que perfeccionó en Ecuador entre 1979 y 1980.

Desde Batallón de San Patricio, calle de la ciudad de Chihuahua donde radica hace 26 años con su esposa la socióloga y alfabetizadora María Teresa Pety Guerrero Olivares (1945), titular de la Comisión Estatal para la Protección de Pueblos Indígenas (COEPI), Lauer suelta sin pelos en la lengua:

“¡Tú no puedes comer un elote transgénico porque sabe a rayos! ¿Qué ha pasado con el Tratado de Libre Comercio? Que México importa cada vez más alimentos y exporta cada vez más trabajadores. Ahora eso ha cambiado porque se pusieron muy nerviosos los güeritos allende el norte de México y se traen una especie de guerra, ¿no? Yo estoy de acuerdo con Trump en una sola cosa: que el Tratado de Libre Comercio fue un mal negocio, pero no para Estados Unidos, sino para México. ¡Híjole! ¡Cómo quisiera yo más que nunca ver que retoñara el campo mexicano!”

Odas al maíz

24 fotografías de David Lauer conforman la exposición La agricultura, pilar de la gastronomía, que a la par de foros de discusión a cargo de investigadores, proyección del documental Sunú de su hijastra Teresa Camou Guerrero (https://www.epfmedia.com/sunu), y presentación de libros en torno a la defensa del maíz, se muestra hasta el 4 de mayo en la Casa Chihuahua Ciudad de México, calle Querétaro número 198, Colonia Roma Norte.

“Cuando me entero de lo que son los transgénicos en el año 2002 por lo que publicó el científico Ignacio H. Chapela [Transgenic DNA introgressed into traditional maize landraces in Oaxaca, Mexico, en revista Nature] sobre la propagación de material transgénico en el maíz nativo y criollo mexicano, dije: ¡Caray, ora ya van sobre la soberanía alimentaria de los pueblos! Si tú controlas su comida, doblegas completamente a otra nación [Proceso, 1474].

“Eso me parecía algo gravísimo por el lado de la geopolítica; pero también cuando uno conoce el valor cultural y cómo el maíz es realmente el corazón de los indígenas, aquello se me hizo algo verdaderamente vil, ¡se habían adueñado de un alimento que los indígenas compartieron de buena voluntad y luego se los patentaron! Con los transgénicos quieren envenenar todo el maíz mexicano. Me puse a trabajar del lado del pueblo y aprendí un conocimiento milenario impresionante, algo que realmente me conmueve y sé que es el alma de México, la biodiversidad, que se tiene que defender.”

–Proceso entrevistó por enero de 2002 al mexicano Luis Rafael Herrera Estrella, inventor de los transgénicos, y mencionó los beneficios al maíz con patentes millonarias de Monsanto [https://www.proceso.com.mx/186979/pide-legislacion-y-apoyo-para-su-desarrollo].

–Lo que realmente brinda ganancias es la venta de agroquímicos, y eso está envenenando al mundo. Se contamina genéticamente el maíz originario, por un lado. Para mí lo más grave de los transgénicos son todos los insumos químicos que matan las otras plantas, cuya función es de alimento polinizador fundamental para las mariposas monarcas, abejas, y cualquier tipo de animal, acabando en tu refresco o en tu salsa de tomate. ¡Y también en tu Maseca, porque el 90% de la harina de maíz nixtamalizado Maseca está contaminada con transgénicos!

“Junto a eso también viene la contaminación química de una sustancia que es el glifosato, un herbicida desarrollado para eliminación de hierbas y de arbustos, que es absorbido por las hojas y no por las raíces, entra en la harina y se mete al organismo humano.”

Habla de su muestra La agricultura, pilar de la gastronomía:

“Son 24 fotos, hay del 2008 hasta el 2013; pero ya llevo muchas exposiciones sobre el maíz pues desde el 2003 trabajo el tema, y las primeras muestras fueron para las comunidades campesinas. Hicimos Pueblos de maíz con siete copias como parte del movimiento de resistencia, pa’ que la gente se diera cuenta; viajó por la República, si estabas en Chiapas veías fotos de Oaxaca o de Chihuahua, y decían `¡Ah, mira, pos allá también hacen esto mismo!´, y veían las fotos de los científicos y de las manifestaciones contra los transgénicos. Yo creo que la gente empezó a entender que el maíz se hallaba en peligro. Ese es el objetivo de exposiciones como Oda al maíz y la actual.”

Uno puede perder el sentido gustativo en una sola generación, afirma:

“Te meten las papitas Sabritas ¡y ya valió…! A mí me impresionó muchísimo cuando hice mi primer trabajo porque hablaba con la gente y me decía: `Yo me acuerdo que mi abuelo cosechaba unas mazorcas así de gigantes, ¿no?´ Como que cada vez se va encogiendo, se va reduciendo la biodiversidad, y la gente se va olvidando, porque el recuerdo dura una generación. Es como la lengua, si dejas de hablar la lengua en una generación se puede perder pa’ siempre con suma facilidad. El maíz es una planta que depende del ser humano para existir, si no lo trabajas no se da, hay una relación simbiótica entre el ser humano y el maíz. Y es el maíz lo que permitió el establecimiento de las grandes civilizaciones mesoamericanas. Ningún político lo expresa.”

Lauer ha empezado a comunicarse en lengua rarámuri en Chihuahua.

“Esta exposición en Casa Chihuahua representa la reactivación del campo mexicano; la soberanía alimentaria de México en riesgo al importar más comida chatarra que aparte de que enferma, empobrece a la nación y se pierden fuentes de empleo. Se arruina la biodiversidad que ha fundamentado la gastronomía mexicana tan milagrosa, tan sabrosa que todos amamos.”

En peligro se halla la identidad cultural por la que el Nobel guatemalteco Miguel Ángel Asturias llamó a su novela de 1949 Hombres de maíz:

“Aquí hay de dos, un sector de la población va defendiendo al maíz y lo suyo, mientras otro anda por los Walmart, chupando Coca-Cola, comiendo en los Kentuky Fried Chicken y el resto de esa bazofia, ¿no?”

El 19 de abril, en la mesa Alimentación y Biodiversidad de La agricultura, pilar de la gastronomía, participará Cristina Barros Valero.

“Ella trabajó muchísimo para que se declarara a la gastronomía mexicana Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, y se presentará un libro sobre los transgénicos a las seis de la tarde. El 25 es la proyección del filme Sunú. Este diseño de los conversatorios posee como objetivo poner otra vez en la mesa de discusión la importancia del tema del campo y tratar de re enamorar a la gente del legado trascendental de los hombres de maíz.”

Este reportaje se publicó el 8 de abril de 2018 en la edición 2162 de la revista Proceso.

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