“La maldición de la casa Winchester”, desastrosa

CIUDAD DE MÉXICO (apro) La cinta dirigida por Michael y Peter Spierig, y estelarizada por Helen Mirren y Jason Clarke, es una cinta dispareja que comienza “terroríficamente” bien para caerse estrepitosamente en el último tercio.

La historia de La maldición de la casa Winchester (Winchester, EU-2018), gira en torno a una rica heredera de los fabricantes de armas Winchester. Ella responde al nombre de Sarah Winchester (Mirren), quien vive en una mansión en San José, California; una mansión que avanza sin cesar en su construcción, cada día se hace más y más grande.

Sarah no está construyendo cuartos y cuartos por destajo para su sobrina Marion Marriot (Sarah Snook) o para el pequeño hijo de esta última, Henry (Finn Scicluna-O’Prey), debido a que se esté volviendo loca, que a simple vista es lo que parece ser. Es que Sarah cree que está siendo acosada por los espíritus que han muerto a causa de los rifles que ha fabricado su familia, y los cuartos son para mantener encerrados a los espíritus vengativos que anden por ahí.

Así, la compañía Winchester contrata al doctor Erick Price (Clarke) para que guíe a la heredera, pues muchos miembros de la empresa creen que no está capacitada para llevar las riendas, pero éste poco a poco comenzará a dudar de su propia cordura cuando comience a ver extrañas apariciones, que no sabe si son productos de las drogas que consume (debido a la muerte de su esposa) o si de verdad hay entidades vengadoras rondando la casa.

Durante la primera mitad de la cinta, los hermanos Spierig consiguen adentrarnos en sus convenciones, en la misteriosa mansión de Sarah, en las posesiones al pequeño Henry y en el horror del doctor Price y los fantasmas que lo acosan.

Grandes “momentos bu” nos hacen brincar del asiento; sin embargo, pasando la mitad de la cinta la historia comienza a perder interés: exceso de diálogos aburridos en conjunto con apariciones que se van volviendo repetitivas y que no ayudan a que avance la trama.

Para la segunda parte la historia se irá muriendo en el sinsentido y lo que era una ficción bien construida se vuelve una cinta Serie B. Lástima por Helen Mirren, cuyo talento se ve desperdiciado en un mal guion.

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