En el segundo bloque: Sobornos, deshonestidad, lavado de dinero… preguntas sin respuesta

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- La pregunta del panista Ricardo Anaya al priista José Antonio Meade, que fue al corazón del actual gobierno, quedó sin respuesta: “Responde sí o no: ¿Tu jefe, Enrique Peña Nieto, ha gobernado con honestidad?”.

Meade esquivó la pregunta y jamás dio respuesta, ni a otra que lo ligó como secretario de Hacienda de Peña a los escándalos de corrupción como Odebrecht, el socavón de Cuernavaca y la Estafa Maestra, así como a los exgobernadores priistas Javier Duarte, César Duarte y Roberto Borge, que denominó el 7 de 7.

“La pregunta es: ¿De qué tamaño fue la rebanada del pastel que te tocó?”, le restregó Anaya a Meade, quien durante el debate del bloque sobre corrupción e impunidad acusó al panista de lavado de dinero y de enriquecerse con negocios inmobiliarios, como la nave industrial de 54 millones de pesos.

En esta última intervención de Anaya, Andrés Manuel López Obrador, el candidato puntero, apareció en las cámaras sonriente por la diatriba Anaya-Meade, a quienes identificó como los dos de los cuatro candidatos de la familia del poder, “a excepción de ya saben quién”.

En lo que fue el primero de tres debates entre candidatos presidenciales con el tema “Política y gobierno”, la confrontación más ríspida se produjo en el segundo bloque denominado “Corrupción y combate a la impunidad”, en la que López Obrador enfrentó a Meade, Anaya, así como a los sin partido Margarita Zavala y Jaime Rodríguez “El Bronco”, pero en esta oportunidad esquivó las imputaciones y no fue noqueado.

Con la moderación de los conductores Denisse Mearker, Azucena Uresti y Sergio Sarmiento, el debate sobre corrupción implicó directamente al presidente de la República, mencionado por su nombre por Anaya y López Obrador, aunque este último le hizo una imputación directa como beneficiario de los sobornos de Odebrecht:

“Los sobornos de 10 millones de dólares, la mitad se utilizó en la campaña de Enrique Peña Nieto”, acusó López Obrador, quien también se refirió al antecesor de éste. “Los de Odebrecht también hicieron negocios en el gobierno de Felipe Calderón”.

Meade, a su vez, acusó a López Obrador de haber convertido a Morena en un partido familiar, donde cobran sus hijos y sus hermanos, y afirmó que es dueño de tres departamentos que no incluyó en su declaración.

“Vas a perder, Andrés Manuel”, vaticinó el priista, quien ignoró varias de las acusaciones. “Me traen en la punta de la lengua: Todo es Andrés Manuel”, soltó aquel.

Y defendió su honestidad: “He hecho de mi vida pública una línea recta”.

En su turno, “El Bronco” le preguntó a López Obrador si era honesto.

–¿Eres honesto, cuatro veces honesto?

–Cuarenta veces honesto.

También Meade se reivindicó como honesto, tanto que reivindicó como logros suyos que los exgobernadores estén en la cárcel.

–¡Eso no es cierto! Si están en la cárcel es porque ganamos –rechazó Anaya.

Fue un bloque intenso que Meade abrió ufanándose de su honestidad personal, porque en su familia lo educaron con valores. “En mi gobierno no habrá estafas maestras, ni mucho menos naves industriales”, dijo. Y formuló propuestas para que el Ministerio Público autónomo, que la Secretaría de Hacienda, el Sistema de Administración Tributaria (SAT) y el Instituto Nacional Electoral formen parte del Sistema Nacional Anticorrupción.

–¿Se puede ser honesto? –le preguntó

–Se puede.

En su turno, “El Bronco” puso la pimienta al proponer, de manera equívoca, cortarle el brazo a los corruptos.

–¿No habla literalmente? –le preguntó Uresti.

–Claro.

–¿Cortarle la mano a los delincuentes? –insistió.

–Claro.

En su primera intervención, López Obrador afirmó que se roban 500 mil millones de pesos el presupuesto público. “No hay ninguna banda que robe tanto”.

Rechazó que, como dijo Peña, el pueblo de México es culturalmente corrupto y se comprometió a erradicarla.

Y a pregunta de cómo le hará para combatir la corrupción, planteó que predicará con el ejemplo, y si el presidente de la República es honesto, lo serán también los gobernadores y los alcaldes, dijo. Reiteró que terminará con todos los privilegios, incluida la venta del avión presidencial que ya ofreció a Donald Trump.

–¿Y ya le respondió? –le preguntó Uresti.

–Estoy esperando la respuesta.

Anaya le recriminó a López Obrador predicar con el ejemplo, porque cuando fue jefe de gobierno de la Ciudad de México “no contagió” a su secretario particular, René Bejarano, y a su secretario de Finanzas, Gustavo Ponce, cuyas imágenes exhibió en un cartel.

Meade acusó a López Obrador de convertir a Morena en un partido familiar, donde cobran sus hijos y sus hermanos, pero además no es honesto –subrayó– porque tiene tres departamentos que no manifestó en su 3 de 3. Y trajo a cuenta la compra de una propiedad de Alfonso Durazo al hijo de un narcotraficante.

“El Bronco” le preguntó a López Obrador por qué, si no ha ganado, dispone de algo que no es suyo. La respuesta del candidato de Morena fue exhibir la encuesta del Grupo Reforma, que coloca con una ventaja de 22 puntos a Anaya: “Esta es mi réplica”.

Zavala, quien en cada intervención arengaba con un elevado nivel de voz, se presentó como la mujer que tiene los valores para defender a los mexicanos de la corrupción política. “Vamos a ser implacables con los políticos”, expresó la política que, hasta octubre, militó 32 años en el PAN.

Y se pronunció por fortalecer el Sistema Nacional Anticorrupción, nombrando no sólo un fiscal anticorrupción, sino también en estatales.

Anaya se enfocó en López Obrador: Exhibió inclusive su libro “Fobaproa, expediente abierto”, para restregarle que Alfonso Romo es identificado como parte de la “mafia del poder” y lo propone como jefe de su gabinete. ¿Por qué no explicas la contradicción?, lo retó Anaya.

El panista, en su turno, dijo que sí hay dinero en México, pero, en coincidencia con López Obrador, expresó que “se roban el presupuesto público”.

Se pronunció porque el presidente sí pueda ser juzgado por corrupción, que haya cárcel y muerte civil contra los corruptos y que se prohíba el manejo de dinero en efectivo en el gobierno.

A la pregunta de Mearker sobre la compraventa de la nave industrial que él construyó, Anaya afirmó que no hay una sola acusación en su contra por la venta de esa nave de 54 millones de pesos y que inclusive el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación acreditó que se usó a la Procuraduría General de la República (PGR) en su contra.

“Siempre me he conducido con honestidad”, subrayó, y remitió a los interesados en su caso a que revisan los documentos en su página de internet.

Ante las evasivas de López Obrador a las preguntas que formuló, Anaya le dijo que está “muy simpático lo del amor y paz”, pero en los debates deben responderse preguntas y, aunque coincide en el diagnóstico sobre la corrupción, no se puede combatir con voluntarismo.

En su turno, Meade trastabilló con los tres departamentos que dijo que López Obrador posee en la Ciudad de México, y luego de que éste le dijo que si existen se los regala, matizó su acusación, en el sentido de que quizá uno ya no está en el Registro Público de la Propiedad.

Por su parte, el tabasqueño señaló que no se opone a una fiscalía independiente, sino a la farsa de organismos que dependen de los poderosos, como el Instituto Nacional de Transparencia y Acceso a la Información de Datos Personales, que encubre casos como Odebrecht. Su propuesta es que el Ejecutivo envíe una terna y el Congreso elija al fiscal.

Acerca del autor

Reportero de Proceso desde 1994, Premio Nacional de Periodismo en periodismo de investigación y autor de tres libros.

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