“El rey y sus dominios”: la corrupción del poder

En el Centro Cultural Helénico. En el Centro Cultural Helénico.

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- El poder pasa, por los siglos de los siglos, de una mano a otra, derramando sangre, cruzando acero, desatando pasiones.

A partir de textos históricos del siempre vigente William Shakespeare, Guillermo León y Erwin Veytia escriben El rey y sus dominios, dirigida por este último y producida por el Colectivo Duendes.

Los fragmentos seleccionados hablan todos de los reyes: “El rey que ha sido traicionado, el que ha amado, el oportunista, el asesino y el sacrificado, todos participan en el juego de ambición e inevitablemente se pierden en la espiral de sus deseos”, cuenta la producción.

Afirma también que “Cada ser humano puede concebirse a sí mismo como el rey de su propio castillo. Aquel que gobierna y atiende a sus súbditos; los recuerdos, las ideas, los pensamientos, las sensaciones y pulsiones, que conforman su corte”.

Esta corte se encuentra conformada por los actores Luis Artagnan, Erwin Veytia, Francisco Mena, Guillermo León, Andrés Motta, Priscila Imaz, Elizabeth Pedroza, José Juan Sánchez, Antonio Saavedra y Reneé Sabina.

Y la actuación que se lleva la corona en este montaje es la de José Juan Sánchez, potentísima, transmutado en el personaje que representa, y transmite desde lo más profundo las penas de alguien cuyo motor de vida ha sido la lucha por el poder, que le es arrebatado sin aviso.

Sin embargo, esto no es suficiente para mantener al público durante las dos horas de representación, parte del cual encuentra los diálogos isabelinos -y la obra en general- demasiado pesados, y va abandonando el espacio poco a poco. Es cerca de la mitad de los asistentes que sobrevive la experiencia de principio a fin.

La obra se presenta en la alucinante Capilla Gótica del Teatro Helénico, que da por sí misma una atmósfera antigua y pesada. Es un viaje en el tiempo instantáneo que contribuye a la inmersión del espectador en la historia, pero la magia sufre una ruptura con la excesiva iluminación -que parece, además, tener voluntad propia al no estar siempre dándole foco al actor en turno-, y con el policía del recinto, quien se atraviesa por el costado del escenario sin pudor alguno durante la representación.

La atinada música en vivo es muy sutil y acompaña desde una esquina las acciones de los personajes, envolviendo toda la escena.

En el montaje se entremezclan elementos antiguos (como la corona y el trono), con otros modernos (como lentes obscuros o máscaras de cochinos). Éstas últimas se utilizan en una escena en la que lanzan billetes, haciendo alusión al cerdo capitalista.

“Siempre que haya un hombre habrá un corazón capaz de corromperse y sólo aquel que corone sus propios pensamientos con el rigor de la razón, llegará a ser dueño de sí mismo”, concluye el director.

El rey y sus dominios contó con cuatro funciones únicas, de las cuales restan dos: el lunes 30 de abril y el martes 1 de mayo a las 20:00 horas, en esta Capilla Gótica trasladada piedra por piedra desde España al Centro Cultural Helénico.

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