Educación cívica y autoritarismo

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Cuanto más bajo es el nivel de educación cívica y ciudadana, más alta es la aprobación de los estudiantes hacia las actitudes antidemocráticas y antisociales, e incluso pueden llegar a estar de acuerdo con un gobierno dictatorial siempre que ponga orden y traiga seguridad o beneficios económicos.

Esas orientaciones “preocupantes” fueron reveladas en el Estudio Internacional de Educación Cívica y Ciudadana (ICCS 2016) difundido por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), aplicado en cinco países latinoamericanos: Chile, Colombia, República Dominicana, Perú, y tristemente México.

Hace diez años, en febrero de 2008, la agencia apro reportó cómo la panista Josefina Vázquez Mota, entonces titular de la Secretaría de Educación Pública (SEP), se ufanaba de reincorporar la formación cívica y ética a la currícula de las escuelas de educación básica, después de que había sido eliminada 25 años atrás.

El fallecido filósofo e investigador de la educación en México, Pablo Latapí Sarre, al escribir sobre los libros de texto de nivel secundaria, ofreció en su columna del 31 de julio de 1999 en el semanario Proceso, una definición de civismo, que va más allá de la pluralidad de aspectos como la sexualidad y adicciones, al señalar que es “especialmente importante para la formación de los futuros ciudadanos”, y por tanto debe comprender el criterio de realismo para plantear los problemas de la vida pública nacional. Descritos hace ya casi veinte años, parecen los mismos de hoy:

“So pena de hacernos tontos a nosotros mismos, no podemos plantear la educación cívica de las siguientes generaciones de espaldas a la realidad. El país está haciendo agua por sus cuatro costados; llegan a su límite problemas cívicos inveterados, como la corrupción y la impunidad; han entrado a su crisis definitiva el partido de Estado y sus controles corporativos, se resquebraja el antiguo presidencialismo, y las instituciones gubernamentales pierden credibilidad por su recurso al doble lenguaje y sus fracasos en el manejo de problemas nacionales del calibre del conflicto de Chiapas (el levantamiento neozapatista de 1994) o el Fobaproa. Es en esta realidad, ante ella y necesariamente a partir de ella, como hay que formar ciudadanos hoy; como bien dice el programa de estudios oficial, los estudiantes deberán aprender a ‘considerar y asumir su entorno social como un ambiente propicio para el ejercicio de actitudes comunitarias y cívicas’.”

Los libros que citaba el especialista –señalaba él mismo– mostraban “un natural pudor del gobierno respecto a sus vergüenzas”, pero “nadie espera que un programa oficial exhiba las lacras del sistema político”. Así, en el ámbito del “deber ser” se referían a “abstracciones inocuas” como la libertad, justicia, igualdad, tolerancia, respeto a los derechos humanos, al Estado de derecho, amor a la patria y democracia como forma de vida, que no han sido necesariamente atendidas por los gobiernos.

La encuesta de la Unesco se llevó a cabo de acuerdo con los calendarios escolares. Para el caso de México, fue entre febrero y junio de 2016. Los resultados se dieron a conocer en Lima, Perú, el 11 de abril. Se consideraron temas sobre gobierno, convivencia pacífica y diversidad, según un comunicado del viernes 20 de abril emitido por el organismo internacional.

Fueron consultados alumnos de entre 13 y 14 años. El 69% de ellos dijeron que estarían de acuerdo con un gobierno dictatorial “si trae orden y seguridad”, y el 65% si aporta beneficios económicos. La mayoría rechazó las prácticas corruptas, pero el 53% apoya la idea de que los funcionarios públicos apoyen a sus amigos empleándolos en sus oficinas. Se habló también de la paz, y el 72% opinó que se logra a través del diálogo y la negociación, pero también hubo quienes consideraron que, para alcanzarla, “el fin justifica los medios”.

La Unesco resalta que los resultados “son un buen argumento para mejorar el aprendizaje cívico en la región con la perspectiva de desarrollar orientaciones más democráticas. Esto es especialmente relevante, ya que el informe también revela un nivel preocupante de orientaciones antidemocráticas y antisociales entre proporciones sustanciales de jóvenes”.

El estudio resume que la educación cívica en México se ha orientado en parte hacia las cuestiones electorales e incluso menciona que el entonces llamado Instituto Federal Electoral impulsó el programa “Educar para la democracia”, pero advierte:

“Los altos niveles de criminalidad y violencia dentro de un contexto de corrupción y efectividad limitada de las instituciones estatales, han subrayado la necesidad de que en educación se aborden los asuntos y políticas de seguridad. Desde el 2006 estas preocupaciones han dado lugar a programas que complementan el currículo nacional. Entre ellos se encuentra el Programa de Cultura de la Legalidad y el Programa Escuela Segura.”

Se señala también que la educación cívica se ha orientado a tratar de contrarrestar los problemas relacionados con el crimen y la violencia.

El informe completo puede consultarse en el sitio web https://umc.minedu.gob.pe/wp-content/uploads/2018/02/ICCS_2016_LA_release_version_Spanish_11Apr.pdf

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