Futbol Mexicano: ¿el juego de los peores?

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Me encanta el fútbol. Jugarlo más que verlo. Mis mejores amigos de la niñez se forjaron persiguiendo un balón. Incluso hoy, buena parte de mis amistades tienen alguna relación con el gusto compartido por este hermoso deporte. Obvio, estoy muy contento por el mundial que viene. Participo del sueño mexicano del “quinto juego”. Me emociono, me apasiono y aunque me tachen de ingenuo, imagino que en esta ocasión –como en todas las previas–, México tendrá su mejor actuación.

Le voy a los Pumas –nací el año en que inició la temporada que nos daría nuestro primer campeonato–. No obstante, recuerdo con gran cariño todas las idas al Estadio Azulgrana, con mi Padre, con mis amigos Daniel y Joaquín, y sus familias. Con gusto confieso que nunca he tenido mayor problema para convivir con mis rivales águilas. Casi la mitad de mi familia y de mi círculo cercano, le van al América. Fuera de nuestro torneo, en las competencias europeas, soy aficionado del Arsenal. En mi cabeza, tengo la idea romántica de dos clubes “semilleros”, que apoyan a las jóvenes promesas. Por supuesto, esta semana, seguiré sus juegos.

Si comparto todo eso, es para dar prueba de mi capacidad de empatía con lo que actualmente sucede con nuestra liga de ascenso. Alebrijes y Cafetaleros fueron los mejores y sin embargo, las reglas del juego no les permiten coronar sus esfuerzos con el justo premio. Tienen impedimentos “extra cancha” para subir de categoría. En cambio, los Lobos, que tristemente fueron el peor equipo de su división, podrían permanecer si pagan una buena suma de dinero. Esta situación, me parece fiel reflejo de algo que está mal en nuestra sociedad entera y que es nuestro deber cuestionar. Con razón se me podrá decir que ese es uno de los problemas menos imperiosos que tenemos y es la verdad, pero eso no lo justifica.

No me parece menor el mensaje: te puedes esforzar al máximo, probar que eres la mejor persona, el mejor equipo, y sin embargo, si alguien tiene el dinero y los privilegios necesarios, puede desplazarte con sencillez y quedarse con lo que no se merece. Acaba de pasar el día de la niñez y ese no es el ejemplo apropiado que como sociedad debemos de transmitir. Aunque en realidad, esa injusticia aplica en todos los aspectos. Si nos conformamos con lo peor en un juego, ¿cuál sería la razón para impedir que tengamos un gobierno y una sociedad de lo peor?

Se insitirá en que esas son las “reglas del juego” y que Alebrijes y Cafetaleros aceptaron y consintieron acatarlas. Todo mundo interesado ya lo sabía desde hace un año. Lo he meditado los pasados días y surge en mí otra de mis pasiones. Soy litigante de causas de derechos humanos, así que la apelación a esas reglas y la seguridad jurídica que con ellas se pueda pretextar, no me deja conforme. Por arriba de los Reglamentos del Fútbol se halla nuestra Constitución.

Y nuestra Constitución manda un mensaje diferente. El fútbol no debería ser propiedad de nadie. Por supuesto que también es un negocio, que como negocio tiene dueños y que los clubes pueden responder a esos intereses particulares. Pero no tendría que pesar más eso que el respeto por los derechos humanos involucrados en este asunto. Derechos de Alebrijes y Cafetaleros, pero sobre todo, de sus aficiones. De la gente que les apoya y que día a día compartieron sus juegos no solamente como espectáculo deportivo, sino como una manifestación cultural. No se puede lucrar a costa de las personas y luego negarles un derecho.

Así que habría que revisar los requisitos de certificación de ambos clubes, porque si al final lo importante es el aforo de los estadios, no hay razón para que 15 mil personas sean menos importantes que 20 mil. La discriminación por razones económicas tampoco debería de ser la máxima del juego. Además, existe algún precedente que muestra que las Federaciones deportivas tienen que respetar los derechos humanos. Con esos elementos, una ruta para cuestionar este caso queda abierta. Claro, si lo que se ama es el fútbol, si lo que se respeta es la afición y lo que se defiende es la recompensa para lo mejor, y no, el peor de los juegos.

mlv

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