Un Caravaggio y una tristeza tenebrista

La Buona Ventura, de Caravaggio, en el Munal. Foto: AP / Bernandino Hernández La Buona Ventura, de Caravaggio, en el Munal. Foto: AP / Bernandino Hernández

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Antes del 20 de junio los capitalinos y demás visitantes al Museo Nacional de Arte (Munal) podrán apreciar uno de dos cuadros que Caravaggio ilustrara con el tema de La Buona Ventura.
La obra del pintor tenebrista se exhibe en “Una obra, un legado”, que de provocar grandes expectativas se ha convertido en triste desencanto.

“Pésima como exposición y vergonzosa como propuesta institucional, ‘Caravaggio. Una obra, un legado’ que presenta el Munal en la Ciudad de México, recuerda la urgencia de reestructurar las políticas museísticas del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA)”, escribió la crítica de arte Blanca González Rosas (Proceso, #2163).
(https://www.youtube.com/watch?v=ZerNFgu7qcU)

Destaca además un dato importante que pasa por alto el catálogo elaborado por el Munal y que el público diletante merecería conocer:

“Michelangelo Merisi de Caravaggio (¿1571,1573?-1610) realizó muy pocas reinterpretaciones de los mismos temas… Una [de ellas, La Buona Ventura] espléndida que se encuentra en el museo Louvre de París de 1594-1595, y la que se presenta ahora en el Munal.”

O sea, la pieza del Munal fue prestada por los Musei Capitolini de Roma, Italia; data de 1596 y existe otra en el Musée del Louvre en Francia, elaborada igual por Caravaggio con igual temática: una seductora gitana está “leyendo” la mano derecha a un joven apuesto e ingenuo, mientras supuestamente le “roba” un anillo… que nadie acierta a ver con claridad.
(https://www.youtube.com/watch?v=YS5Ss40Ng2A)

“Notoriamente diferentes por el tratamiento pictórico, la del Louvre sobresale por las sutiles diferencias tonales del fondo, la fisionomía y tensión facial de los personajes, y la vaporosidad y textura de las vestimentas. Mucho más simple en su atmósfera pictórica, con texturas planas en las vestimentas y con rasgos faciales que caracterizaron la obra temprana, la versión exhibida en el Munal…”, agrega Blanca González Rosas. A su vez, en el catálogo con traducciones al español de José Miguel Rentería Ortega y Mónica Vázquez “Caravaggio. Una obra, un legado” (Munal/INBA, 68 páginas), la doctora Federica Papi le dedica una línea a esta dupla similar en “La técnica pictórica de La Buona Ventura”, de manera indirecta:

“El análisis de la fluorescencia de rayos X (XRF) realizado durante las campañas diagnósticas de 1985-1986 y de 2011 reveló una paleta caracterizada por el uso del giallorino (amarillo de plomo) y estaño en el jubón adamascado del joven, de azurita en la blusa de la gitana y de bermellón en los empastes de los encarnados de las manos; dos pigmentos que, según Giovan Pietro Bellori (1672), Caravaggio nunca utilizó, pero que fueron encontrados en varias obras de la producción juvenil del pintor, mas no en la muestra tomada de la mano derecha de la gitana en la versión del Louvre.”

En español, de los libros más baratos que podemos hallar sobre nuestro pintor es justamente el de Caravaggio en la colección Grandes Maestros de la Pintura (Editorial Sol, Barcelona 2006, 96 páginas). Son 30 reproducciones de Michelangelo Merisi, entre ellas “La buenaventura del Louvre”; si bien los autores Tello y González Prieto fechan la obra entre 1595 y 1598, nada hablan del anillo pero sí realzan: “En el lienzo, el artista recrea un momento propio de la commedia dell’arte, un género teatral popular”. (https://www.youtube.com/watch?v=xS3mn6rEPQU)

Descubra las diferencias

Para Sergio Guarino en su explicación del catálogo, La Buona Ventura es una de sus primeras obras “a ciencia cierta” de Caravaggio, en los primeros años de su estancia en Roma, “probablemente a finales de 1956”, asegura:

“Una segunda versión del mismo tema, de idéntica disposición pero con evidentes diferencias [entre ellas, el tamaño] fue pintada durante el mismo periodo y actualmente se conserva en el Museo del Louvre, en París, esto ha complicado la reconstrucción histórica de todo el suceso… El tema es evidente: la joven gitana, con el pretexto de leerle al joven su futuro en las líneas de la mano, en realidad pretende robarle el anillo del anular derecho… sólo podemos argüir la conclusión del engaño, con los dedos de la mano derecha de la mujer que se doblan veloces hacia el anillo dorado (una sutil pincelada del amarillo Nápoles que apenas y se puede percibir)… La buenaventura se convirtió rápidamente en un tema retomado por numerosos seguidores del pintor…”

Hay expertos quienes se preguntan si acaso la obra en el Munal sea una imitación de la original en el Louvre. Sara Gabriela Baz Sánchez, directora del recinto en la calle de Tacuba (Centro Histórico), durante la presentación a los medios nacionales de “Una obra, un legado”, coincidió con el sabio Guarino:

“Esta es una obra de los muchos Caravaggios que pasaron a formar parte de los Museos Capitalinos desde el siglo XVIII en Roma. Y la versión que tenemos acá es mucho más sutil, mucho más interesante, incluso en el diseño de una línea mucho más fina en el rostro de la gitana, que está leyendo la fortuna a un joven, en realidad para burlarlo y robarle el anillo.”

–Pero nadie parece advertir el hurto –le cuestionó la reportera Judith Amador Tello, de Proceso, aquel 21 de febrero pasado en el mismo Munal.

–No, no, no… Está [la pintura] llena de símbolos que incluso el curador nos comentaba que algún español le aseguró que hay solamente un guante del caballero porque Caravaggio nace en territorio español; es lombardo, pero milanizado porque pertenecía a los reinos hispánicos, entonces Caravaggio era un súbdito de la corona española…”

Es obvio que en el óleo del Louvre el joven porta dos guantes, aunque no acertamos a descubrir ninguno en el del Munal ni tal historia de los guantes imperiales de Carlos V. Empero, Baz Sánchez aportó un valioso hilo al relacionar el motivo del cuadro con el género literario de la picaresca, eco de los vagabundos y gitanos como ladrones de esa época.
Caravaggio y Cervantes

La excepción que confirma la regla es Preciosa, protagonista de “La gitanilla”, una de las Novelas ejemplares de Miguel de Cervantes Saavedra, publicada en 1613, tres años después de la literal desaparición del Caravaggio en 1910 (su cuerpo nunca fue encontrado), que comienza así:

“Parece que los gitanos y gitanas solamente nacieron en el mundo para ser ladrones: nacen de padres ladrones, críanse con ladrones, estudian para ladrones, y finalmente, salen con ser ladrones corrientes a todo ruedo, y la gana de hurtar y el hurtar son en ellos accidentes inseparables que no se quitan sino con la muerte.”

Quien estudió la conexión entre Cervantes y Caravaggio fueron Lorenzo Pericolo (“Interpretación de Caravaggio en la segunda mitad del siglo XX”) y David M. Stone (“Las traiciones de Caravaggio”) en su libro compilatorio Caravaggio: Reflexions and Refractions (Ashgat Book, 2017), siguiendo los pasos de Walter Friedlaender (quien relacionó La buenaventura con la manera picaresca de narrar de Cervantes las aventuras de “Rinconete y Cortadillo” de Novelas ejemplares). El capítulo 12 del libro, “Perfectly True, Perfectly False: Cartsharps and Fortune Tellers by Caravaggio and La Tour”, por Gail Feigenbaum (Getty Research Institute), estudia múltiples analogías y asegura:

“Por una convención ya sea literaria o pictórica, una enseñanza moral se espera tanto de Caravaggio como de Cervantes; ambos creadores son escurridizos, demasiado agradables, o al menos ambivalentes al perfilar sus personajes con tal de proporcionarnos algún ejemplo a través de ellos.”

Ciertamente, Preciosa resulta paradigmática en este sentido, pues es “tan celebrada de hermosa, de aguda y de discreta, y de bailadora”, e intuitivamente sabia; pero además (¡sorpresa!) una mujer honesta por naturaleza, habiendo sido raptada por una gitana verdadera desde que Preciosa era niña. Feigelbaum ofrece otro paralelismo: el tema de los tramposos en la citada novela “sin entrañas” de Cervantes “Rinconete y Cortadillo” (escrita cuando El manco de Lepanto atracó un tiempo en Nápoles con la armada hispana) es afín a otro cuadro de Caravaggio muy peculiar: Los tahúres (1594?) que influyera tanto en la pintura El tahúr del as de diamantes (1635) de Georges de La Tour (Vic-sur-Seille, Lorena, marzo 13 de 1593-Lunéville, enero 30 de 1652).

Merisi da Caravaggio sorprende y cautiva; tal vez el joven de La Buona Ventura le esté pagando con una perla o un arete de oro a la gitana, joya que nos oculta a propósito. ¿Una bufonada? Si Cervantes convierte en heroína a su gitanilla, ¿por qué creer que le esté robando algo al caballero? El cuadro influyó tanto a La Tour con La Buona Ventura, que lo obligó a pintar su propia interpretación de dicha temática (que se asemeja más a Preciosa en la lectura del francés con su paleta). La verdad nos elude y sólo resta adivinar, allende las hondas teorías psicoanalíticas o filosóficas sobre Merisi por Leo Bersani y Ulysse Dutoit, autores de Los secretos de Caravaggio en 1998:

“Algunas dimensiones de la moral se niegan a ser absolutamente escudriñadas a partir de la pintura.”

La culpa de todo…

A mediados del mes de septiembre pasado, durante un viaje a Europa, decidí visitar París para ver sólo una obra pictórica, La Buona Ventura, con mi sobrina Citlali.

Era domingo, caminamos por los infinitos pasillos del Louvre sin evitar detenernos en un mundo de joyas artísticas, subimos un segundo piso y fatigados, llegamos al cuadro de mi predilección (de 131 por 93 centímetros), quedándome yo media hora extasiado frente a él.
–No entiendo, media hora… ¿Para esto has venido de tan lejos?

–Il Caravaggio es mi pintor favorito –le respondí y hablé de corrido sobre el tenebrismo, los claroscuros, la mirada seductora de los dos protagonistas, la vida trashumante de Caravaggio y cómo había entrevistado a un biógrafo australiano suyo, Peter Robb, cuando ella me paró:

-¡Qué raro que nada digas del anillo!

–¿Qué anillo? –le pregunté extrañado.

–Eso decía en la explicación que leí del cuadro en el Louvre. ¡La gitana le está robando el anillo! No te diste cuenta…

Algo similar me sucedió en “Caravaggio. Una obra, un legado”. Se debe recorrer primero todo un salón donde se exhiben apenas 16 obras del virreinato influenciadas por los claroscuros de Merisi, antecedidas de un mapa de Europa y de Nueva España que va uniendo flechas de influjo a partir de los sitios donde vivió (Milán, Roma, Nápoles, Malta, Sicilia). Si bien el alto croquis señala que inspiró en Francia a La Tour, nada se dice sobre las obras de éste; ninguna imagen de su Buenaventura y en fin, decepcionante: faltan dos Españoletos del Museo de San Carlos. Los policías custodian celosamente al Caravaggio de Roma, uno debe pagar si desea fotografiar o tomar video, y luego se ha montado una muestra multimedia (de Medialart y Fake) llamada en inglés “Caravaggio Experience” con 57 reproducciones suyas que permanecerá hasta el día de las votaciones, sin pena ni gloria. La tienda, eso sí, posee un vasto repertorio de souvernirs del pintor.

La voz de mi sobrina me llegó a la mente:

–¡Pero la gitana le está robando el anillo! ¡Pasaste media hora frente al cuadro y no te diste cuenta, tío!

En voz alta, pensé mi respuesta, a manera de la siguiente carta:

“Citlali, en 1976 vino primera vez un Caravaggio a México, El laudista, y La Buona Ventura del Munal es el segundo, no todo mundo ha visto un cuadro de él. No sería sino a partir de 1984 cuando Howard Hibbard dio un retorno a la leyenda con su Caravaggio, publicado en Nueva York.

“Una noche lluviosa de octubre de 1969, fue robado del Oratorio de Palermo en Sicilia el inmenso cuadro ‘Navidad con San Francisco y San Lorenzo’ que en 2015 fue sustituido por una reproducción del laboratorio madrileño Factum Arte. Yo fui a Siracusa en 1990 donde hay obras suyas y los billetes de mil liras traían su imagen con La Buona Ventura del Louvre. Había leído algo de su trágica y corta existencia gracias a los dos volúmenes de John Addington Symonds El Renacimiento en Italia (Fondo de Cultura Económica, 1957), donde lo desprecia y entendí que fue ignorado durante cuatro siglos, cuando en su tiempo era el más famoso y ejerció tremenda influencia… Mira qué dice:

“Michaelangelo Amerighi da Caravaggio (1569-1609) [sic], en Roma, se oponía a los manieristas a su propia manera… Ponía toda la fuerza de sus pinceles en describir los sucesos sagrados e históricos como si se tratase de escenas representadas en el Ghetto por carniceros y pescaderas… Pero la vulgaridad del pintor se mostraba bien a las claras tan pronto como intentaba aplicar sus principios a temas de mayor empeño. Solamente conocemos un cuadro suyo, el ‘Enterramiento’, que se conserva en el Vaticano, en el que da muestras de dominar la imaginación mediante la evidente realización de una escena trágica. Sus mártires, en cambio, son inexpresivos y repelentes a la vez, y sólo saben apelar a un sentido: la salvaje sed de sangre.

“Una película de Derek Jarman (1987) sobre su existencia me lo acercó un poco, aunque realmente quien me llevó a buscarlo por el mundo fue el australiano Peter Robb en su biografía M. El enigma de Caravaggio (Oceano, traducción al español de Stella Mastrangelo, Editorial Océano 2005. 489 páginas). Yo lo entrevisté para Proceso y escribí: ‘Nadie presenció su muerte en 1610, su influencia marcó definitivamente a un Diego Velázquez en España, o a su admirador Pedro Pablo Rubens y la escuela holandesa posterior e, incluso, su dramatismo alcanzó a muralistas mexicanos, como Siqueiros, en palabras de la crítica de arte Raquel Tibol.

“Lo más seguro es que haya nacido en Milán, hacia 1571. Era Michelangelo Merisi, aunque sus amigos le decían Michele o Michelagnolo, y su apellido fue trastocado al menos en 15 documentos bien divulgados: Morisius, Merisio, Morisi, Morigi, Marresi, Marigi, Amerighi o Moriggia (él mismo firmaba como Marisi). La carrera de M. estuvo marcada por una serie de delitos. La tradición afirma que fueron suyos. Robb leyó su muerte como un asesinato. Falleció en 1610, probablemente el 18 de julio, en una localidad no identificada. Más que morir, M. desapareció, se desvaneció, y su cuerpo nunca fue hallado. Nadie presenció su muerte. Y si hubo testigos, jamás se refirieron a este asunto. Cuando en 1993 fue arrestado Salvatore Totò Riina de la mafia corlonesa, pensé que el cuadro robado en Palermo aparecería. Pero Riina murió el 17 de noviembre de 2017 y nadie sabe nada de aquel cuadro inmenso.”

Crucé el primer domingo de la inauguración de la muestra en el Munal a la Feria del Libro de la UNAM, pero Océano tenía agotado este volumen de Robb, a quien lo apodó simplemente M. en su biografía original inglesa.

Comentarios

Load More