Tigres extiende dominio en futbol mexicano, ahora con el campeonato femenil

MONTERREY, NL. (proceso.com.mx).- Las chicas del equipo Tigres femenil se proclamaron anoche campeonas del balompié mexicano al vencer en tanda de penales a Rayadas, en un electrizante clásico regio de final, que concluyó con marcador empatado a 2-2 en tiempo regular.

Con esta victoria de las felinas en el Estadio BBVA de las regias, en el segundo torneo de la historia de Liga MX Femenil, los conjuntos de la Universidad Autónoma de Nuevo León se convirtieron en protagonistas del último semestre del balompié en México, pues apenas en diciembre el equipo de varones también se ciñó la corona al vencer, de igual manera, al Monterrey en ese mismo escenario.

El de esta noche fue un trabado duelo que marcó un nuevo récord mundial de asistencia a un partido femenil, con una entrada cercana a los 50 mil espectadores, y que fue transmitido a toda Latinoamérica por Fox Sports.

Los dos equipos llegaron al compromiso de vuelta luego de haber obtenido un empate salomónico a 2 tantos en el partido de ida, el viernes pasado en el Estadio Universitario, y se enfrentaban ahora en el duelo final, que estuvo enmarcado por un nutrido aguacero que se sintió durante algunos lapsos.

Tigres comenzó el partido con enorme presión sobre el arco de Rayados. Al ’17, Nancy Antonio ahogó el grito de gol al colocar un cabezazo en el travesaño.
Dos minutos después, al ’19, Lizbeth Ovalle marcó el 1-0 para la tigrillas, al protagonizar un relampagueante contragolpe, posterior a un tiro de esquina que cobraron las chicas locales. La atacante condujo impecablemente y en los linderos del área soltó un escopetazo de zurda que dejó sin oportunidad a Claudia Lozoya.

El primer tiempo, que estuvo muy trabado en media cancha, terminó con un marcado dominio de las de Rayadas, comandadas por Héctor Becerra que, pese a ello, no pudieron emparejar los cartones.

Para el segundo tiempo, hubo ajustes por parte de las albiazules. Hilary García dejó su lugar para permitir el ingreso de Norali Armenta, un cambio que, de inmediato rendiría frutos pues, al 48, la arquera felina Ángeles Martínez trabó dentro del área a la atacante Desireé Monsiváis, por lo que el silbante Eduardo Vázquez no dudó en decretar la pena máxima.

Fue Armenta la que cobró con fuerza a la izquierda para igualar la pizarra 1-1.

Los aficionados de La Pandilla, eran enorme mayoría en el estadio conocido como Gigante de Acero, aunque hubo algunos seguidores de Tigres que se hicieron presentes para respaldar al once dirigido por Osvaldo Batcoletti.

Al ’52 Monsiváis tuvo que salir, y fue transportada al hospital, al sufrir una dislocación del hombro en un choque leal por aire, durante un balón dividido. Su lugar fue ocupado por Pamela Verdirame, que aportó peligro al ataque de las chicas rayadas.

Al ’79, las felinas soñaron con la victoria, luego de que Katty Martínez, que había entrado de relevo, recibiera sola en la entrada del área un balón filtrado, que punteó para vencer a la arquera de las anfitrionas y colocar el juego 2-1 a favor de las damas universitarias.

Sin embargo, las regias decidieron vender carísima la victoria, y al minuto 92, cuando el partido agonizaba, Armenta recibió un centro preciso de la punta izquierda, le dijo sí a la pelota, y la colocó de testa en el enjambre de hilos, para anotar el 2-2 en la pizarra, y forzar directamente a la serie de penales.

Con la moneda del destino aún girando en el aire, Rebeca Bernal, de las rayadas, cobró primero suave y abajo, y fue atajada por Martínez. Nayeli Rangel disparó impecable, en su turno, para colocar adelante a las felinas. Por las locales Dinorah Garza y Carolina Castillo anotaron sin dificultad en los turnos segundo y tercero. Lo mismo hicieron las visitantes Nancy Antonio y Natalia Villarreal.

El cuarto cobro definió el juego. La rayada Norali Armenta, que había sido la heroína en tiempo regular, voló el disparo por encima del ángulo izquierdo del marco. Al cobrar desde los once pasos, la tigre Liliana Mercado fue impecable y con un derechazo venció a Lozoya, y sentenció la serie a favor del equipo universitario, que una vez más, como lo hicieron los varones en diciembre, alzó la copa en el Estadio de Rayados.

Las chicas felinas, monarcas de México, se abrazaban locas de felicidad, mientras las rayadas lloraban desconsoladas, al ver que las rivales alzaban el trofeo que escapó de sus manos.

Al final de un juego, que tuvo un ambiente de fiesta en la tribuna, los aficionados de los dos equipos aplaudieron por igual el esfuerzo de las chicas, y vitorearon a campeonas y subcampeonas que, cada una por su lado, y con ánimos opuestos, dieron la vuelta a la cancha.

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