Nicaragua: Jóvenes sin experiencia política arrinconan a Ortega

Son menores de 27 años y no militan en partidos ni tienen experiencia política. Se convocan y movilizan a través de las redes sociales. Sus acciones de protesta y resistencia contra la represión encendieron en el país una “insurrección cívica”. Se aprestan ahora para participar en un Diálogo Nacional en el que, con mediación de la Iglesia Católica, se podría discutir la salida del poder del presidente Daniel Ortega.

MANAGUA (Proceso).- Ninguno de ellos se conocía, ni siquiera a través de las redes sociales. Hoy, son compañeros de lucha. Ozzie, Francisco, Maynor y Gabriela tienen ahora mucho en común. Son protagonistas del levantamiento cívico en Nicaragua, que ha arrinconado al régimen de Daniel Ortega, obligándolo a convocar un diálogo nacional, para el cual sectores mayoritarios plantean, entre otros puntos, su salida anticipada del poder.

Tienen menos de 27 años, no militan en ningún partido, se autoconvocan a través de las redes sociales para movilizarse y reunirse y, para burlar la censura y el monopolio oficialista de los medios de comunicación tradicionales, suelen publicar y viralizar videos y noticias a través de Facebook, Twitter y WhatsApp.

A estos jóvenes universitarios, monseñor Silvio Báez, arzobispo auxiliar de la Diócesis de Managua, los llamó la “reserva moral” del país; y José Adán Aguerri, presidente del Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep) y principal interlocutor del gran capital con el régimen de Ortega, reconoció públicamente que el heroísmo de esos muchachos despertó la conciencia crítica de la sociedad nicaragüense y transformó radicalmente la realidad política en una semana.

Sin experiencia militar, ya que nacieron en los noventa, cuando ya estaba abolido el Servicio Militar Patriótico impuesto durante la Revolución Sandinista, se atrincheraron en varias universidades de Managua armados de coraje, piedras y morteros caseros, y se enfrentaron en desigual combate a los policías antimotines y a los grupos paramilitares del gobierno, provistos de gases lacrimógenos, balas de goma, municiones vivas de escopetas y fusiles AK-47.

Resistieron primero en la Universidad de Ingeniería (UNI), en la Universidad Agraria (UNA) y finamente en la Universidad Politécnica de Nicaragua (UPOLI), bastión de la lucha, que aún continúa tomada por los jóvenes, resistiendo los embates de quienes quieren recuperarla a fuego y sangre.

Ellos encendieron la chispa que se extendió por varios departamentos del país y que se transformó en una insurrección cívica, la primera que enfrenta Ortega tras más de una década de gobernar violando la Constitución de la República. A la lucha se unieron pobladores que levantaron barricadas, amas de casa que sonaron cacerolas y jóvenes profesionales que colaboraron de forma voluntaria en la logística del levantamiento, llevando víveres y medicinas.

Las protestas se iniciaron el 18 de abril y aún continúan. Los jóvenes han pagado un precio altísimo por ello: más de 40 muertos, decenas de detenidos y un número indeterminado de desaparecidos.

De esta lucha cívica han surgido oficialmente dos movimientos estudiantiles, que han sido invitados a participar en el diálogo nacional, organizado por una delegación de la Conferencia Episcopal de Nicaragua, en calidad de mediadora y testigo.

Uno de los participantes es el Movimiento Autoconvocados, que representa a grupos estudiantiles de diferentes universidades del país y que busca consolidarse a través de una instancia denominada Coordinadora Universitaria por la Democracia y la Justicia. Sus voceros provienen de universidades públicas y privadas, han vencido el temor y se presentan orgullosos ante los ojos de la nación. Hoy tienen el reto de mantenerse unidos, de consensuar una agenda y escoger a sus voceros ante el diálogo.

El otro grupo es el Movimiento Estudiantil 19 de Abril, creado en homenaje a los estudiantes de la UPOLI caídos en las acciones ofensivas que desarrolló la Policía Nacional. Su conformación se dio a conocer el 24 de abril, horas después que la Conferencia Episcopal aceptó fungir como mediadora y testigo del diálogo. Sus voceros son Víctor Cuadras, Ozzie Munguía y Valeska Valle, quienes aceptaron ir al diálogo y conformaron ya una agenda de por lo menos 10 demandas emergentes que expondrán durante el encuentro.

Ozzie, Francisco, Gabriela y Maynor fungen como voceros en esas instancias estudiantiles y representan el clamor y los ideales de miles de jóvenes sin partido que nacieron durante el proceso de restauración de la democracia, impulsado por Violeta Barrios de Chamorro. La década de los noventa, cuando crecieron, fue un periodo convulso, de intensas luchas sociales, pero de irrestricto respeto a la Constitución y a los derechos de los nicaragüenses a la libertad de expresión, de movilización y de información.
El vocero del M19 de Abril

Ozzie Munguía tiene 26 años y estudia Contabilidad. Hoy es uno de los voceros del Movimiento Estudiantil 19 de Abril. Él, dice, jamás se había movilizado ni protestado en contra del régimen de Daniel Ortega. Incluso era un poco crítico con los jóvenes que a principios de abril se movilizaron para reclamar la indiferencia con que el gobierno atendió inicialmente un voraz incendio en la reserva Indio Maíz, en el sureste del país, que destruyó más de 5 mil hectáreas de bosque tropical.

Sin embargo, la noche del día 18, después de abandonar las canchas de baloncesto de la jesuita Universidad Centroamericana (UCA), se dirigió a casa y empezó a recibir llamadas telefónicas de amigas, quienes aterrorizadas y llorando le relataron que los grupos de choque afines al gobierno, apoyados por los policías antimotines, las apedrearon, las golpearon y las arrinconaron en las instalaciones de esa alma mater.

“Me molesté mucho. Cómo es posible que no las dejaran manifestarse, decir lo que piensan. Decidí apoyarlas y al día siguiente me uní a las protestas”, asegura Ozzie. Se trasladó a la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI), donde un grupo de jóvenes y estudiantes se atrincheraron en apoyo a las protestas que empezaban a generalizarse.

Ahí, junto a otros adolescentes que no conocía, aprendió a defenderse con morteros caseros y experimentó en carne propia la represión policial, ya que, asegura, las fuerzas antimotines disparaban a mansalva bombas lacrimógenas, así como municiones de escopetas y hasta de fusiles AK-47. Un disparo impactó cerca de su cabeza, cuando estaba parapetado en un poste.

“En la UNI vi a los primeros compañeros caídos y heridos”, recuerda. Salió de esas instalaciones poco antes que la policía y los grupos de choque recuperaran la sede. Decidió trasladarse a la Universidad Politécnica de Nicaragua (UPOLI), que se ha convertido en el bastión de la lucha estudiantil, ya que hasta la fecha sigue en manos de los muchachos.

En las instalaciones de ese centro de educación superior, fundado en 1967, conoció a otros compañeros de lucha, con quienes nunca había tenido contacto personal. De esa vivencia surgió el Movimiento Estudiantil 19 de Abril, que nació públicamente el 24 de abril, después de que la Conferencia Episcopal aceptó la invitación para mediar y ser testigos en el diálogo nacional.

Víctor Cuadras, Valeska Valle y Ozzie organizaron una rueda de prensa y con los rostros descubiertos leyeron los 10 puntos emergentes que conforman sus demandas.

“Yo no he visto a mi familia, a mis padres y sobrinos. Ellos (la policía) han llegado a nuestras casas preguntando por nosotros y hay motorizados que se mantienen cerca de nuestros hogares. Desde el momento en que di la cara, he sido perseguido. Sé que puedo desaparecer, estoy consciente del peligro que corro”, comenta Ozzie.

Malestar acumulado

Francisco Martínez, estudiante de la Facultad de Medicina en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN León), es uno de los voceros del Movimiento Autoconvocados y de la Coordinadora Universitaria. El 22 de abril, en medio de la lucha estudiantil, cumplió 19 años. Ese día Daniel Ortega se reunió con representantes de las empresas del régimen de Zona Franca y anunció la revocación de las reformas a la Seguridad Social, pero también aseguró que restablecería el orden. Eso significó una nueva oleada de ataques nocturnos a la UPOLI.

“Este proceso, esta inconformidad de la población en cómo se maneja este gobierno, no es de una semana para atrás. La reforma a la Seguridad Social fue el detonante. Las inconformidades vienen desde 2008, con las elecciones fraudulentas; desde 2011, con la reelección inconstitucional de Ortega”, refiere.

En la UNAN de León, fundada en 1812 y ubicada a unos 92 kilómetros al occidente de Managua, aseguró que hay grupos de estudiantes que cuestionan y critican el rumbo autoritario que lleva el país desde hace más de una década. Ellos se mueven prácticamente en la clandestinidad; se citan por medio de WhatsApp y se reúnen en casas particulares para debatir sobre la coyuntura del país y definir las acciones de lucha.

Aprovechan los encuentros para hablar sobre la problemática de la UNAN León, la corrupción interna y la constante violación a la autonomía universitaria, conquistada en marzo de 1958. Hoy, dicen, las autoridades violan la “libertad de cátedra” y la autonomía. Y mencionan como ejemplo el caso de Sergio Ramírez –el laureado escritor nicaragüense, quien recibió el Premio Cervantes 2017 el pasado 23 de abril, dedicándoselo a los jóvenes que “luchan por que Nicaragua vuelva a ser República”– a quien se le impidió una disertación en esa universidad.

Francisco recuerda que el miércoles 18, cuando estalló la protesta en Nicaragua, él y sus compañeros convocaron a un plantón en el Parque Central de León, al que acudieron una veintena de personas. Las fuerzas de choque de la Juventud Sandinista los reprimieron. Al día siguiente convocaron a un nuevo plantón frente al Hospital Regional “Óscar Danilo Rosales” de la ciudad Metropolitana, y esa vez despertó la población.

“Todas las calles aledañas estaban repletas de gente. No alcanzábamos a ver dónde comenzaba y dónde terminaba la marcha de protesta”, dice el joven. Al día siguiente siguió la protesta frente al recinto hospitalario y hasta ahí llegó la ministra de Salud, Sonia Castro, junto a sus subordinados inmediatos, y los agredió verbal y físicamente.
Posteriormente, Francisco decidió trasladarse a Managua para sumarse a las protestas en la capital. Compañeros de Medicina –los más beligerantes– se incorporaron y comenzaron a atender a los heridos y lesionados en la UPOLI.
Él está representando a los estudiantes de León en el seno de la Coordinadora Universitaria por la Democracia y la Justicia, que saltó a luz pública el pasado 28 de abril y que está promoviendo la unidad de todos los movimientos estudiantiles universitarios para acudir al diálogo nacional con una sola voz.

“Todos estamos conscientes de que, aun cuando exijamos el cese de las represalias, ya nos tienen fichados. A mí me quitaron la beca que tenía desde el primer año. Espero que no me quiten la matrícula. Luchamos por la democratización del país, pero también por la autonomía de la UNAN León y en contra de la corrupción”, afirma.

Derechos arrebatados

Su nombre es Lia Gabriela Ruiz, de 22 años. Estudia Diplomacia y Relaciones Internacionales en la privada Universidad Americana (UAM) y también funge como vocera de la Coordinadora Universitaria. Se involucró desde el primer día de la insurrección cívica, protestando en las calles y asumiendo tareas logísticas en apoyo a los muchachos atrincherados en los centros de estudios, captando y llevando alimentos, agua y medicinas.

“Me motiva luchar por el derecho a la libre expresión y por los derechos constitucionales que nos han venido arrebatando. Lo que pasó con la reforma al INSS fue la gota que derramó el vaso. Esta lucha va más allá, está en nuestras demandas por la democratización del país y castigo a los culpables”, dice.

Además de estudiar, trabaja como investigadora junior en empresas que brindan financiamiento a ganaderos y a pequeños agricultores exportadores. Ha trabajado en el municipio de Nueva Guinea, donde en algunas de sus comunidades está trazada la supuesta ruta canalera interoceánica. Además, en el norte del país, que fue escenario de guerra en los años ochenta, cuando se enfrentaban sandinistas y contras.

“Hablo con los campesinos y noto su descontento desde hace años. No lo manifiestan públicamente, pero sí hay tensiones, inconformidades, incluso entre simpatizantes del gobierno”, refiere.

Ideales sandinistas

Se llama Maynor pero no quiere dar sus apellidos. Es estudiante de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Autónoma de Nicaragua (UNAN), núcleo Managua. Tiene 25 años y reflexiona que la juventud se mantenía callada, pero no indiferente, acumulando un sentimiento de opresión, hasta que estalló.

“La represión, ese tipo de injusticia, nos motiva a los jóvenes a levantarnos, a elevar la voz y a no seguir callados. Yo soy sandinista y lo seguiré siendo, pero siguiendo los ideales de Sandino (el General de Hombres Libres que luchó contra la ocupación militar yanqui en Nicaragua). Eso es lo que me hace no ser indiferente a las injusticias”, asegura.

Señala que estudia en una universidad pública y asegura que es becado, pero reafirma que prefiere perder los beneficios académicos a permanecer callado.

Relata que el movimiento estudiantil autoconvocados nació en esta lucha cívica, entre jóvenes que tienen las mismas preocupaciones, los mismos ideales, la misma conciencia política y las mismas posturas ante la realidad política del país. “Sin estas manifestaciones, no nos habríamos conocido ni reunido”, dice.

Ha estado en manifestaciones y plantones; también en la Catedral de Managua, donde en los primeros días se recibió y se seleccionó la ayuda humanitaria para los universitarios, que llegó desde todos los puntos de la capital, hasta que el templo católico fue atacado por los grupos de choque y por la misma Policía Nacional. Asimismo, permaneció en la UPOLI.

Hoy, junto a otros jóvenes universitarios, Maynor está participando en la Coordinadora Universitaria por la Democracia y la Justicia, que será parte del diálogo nacional. Entre sus demandas están el cese de las campañas de difamación a través de medios oficialistas, el desmantelamiento de grupos paramilitares que actúan como fuerzas de choque y auxiliares de la policía, la destitución de los mandos policiales involucrados en los actos de represión de las últimas semanas, y el establecimiento de una Comisión contra la Impunidad, en la que participen representantes del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (uno de los organismos defensores en el país), la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y la Organización de las Naciones Unidas.

“Esta Comisión deberá investigar, condenar y sancionar a todos los responsables intelectuales y materiales de los crímenes de lesa humanidad cometidos en el marco de la represión”, demandan los jóvenes autoconvocados, ahora reunidos en la Coordinadora Universitaria por la Democracia y la Justicia. 

Este reportaje se publicó el 6 de mayo de 2018 en la edición 2166 de la revista Proceso.

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