Silvia Lemus y el año para Carlos Fuentes

La Universidad Nacional Autónoma de México y la Secretaría de Cultura dieron a conocer en abril que el 17 de julio se anunciará el ganador del Premio Internacional Carlos Fuentes a la Creación Literaria en el Idioma Español. Se entregará el 11 de noviembre, día en que el escritor cumpliría 90 años. Es un año especial, cuenta en entrevista Silvia Lemus, en Madrid, al enumerar los aniversarios 60 de la novela La región más transparente y 50 de la crónica París. La revolución de mayo.

MADRID (Proceso).- Silvia Lemus, la viuda del escritor Carlos Fuentes, se muestra entusiasta por la serie de efemérides que se celebran este 2018 alrededor de la vida y la obra del novelista: 90 años de su natalicio, 60 de la publicación de La región más transparente, y 50 de su ensayo París. La revolución de mayo, una crónica sobre las movilizaciones estudiantiles que significaron un parteaguas en la vida de Francia.

A esto se suma, también, la cuarta entrega del Premio Internacional Carlos Fuentes a la Creación Literaria en el Idioma Español, anunciado por la UNAM y la Secretaría de Cultura el mes pasado y que se celebrará el 11 de noviembre, fecha de su nacimiento (ver la convocatoria en www.gob.mx/cultura/convocatorias)

Entrevistada en su visita a España, donde participó en la entrega del Premio Cervantes de Literatura 2018 al escritor nicaragüense Sergio Ramírez, en Alcalá de Henares, y en el acto de presentación del proyecto de la Casa de México en España, Lemus hace para Proceso un repaso de las mencionadas efemérides, de la formación que recibió Carlos Fuentes –no sólo de sus padres, sino de amigos cercanos a éstos, personajes de la talla de Alfonso Reyes–, así como de su amistad y respeto que compartía con el premio Nobel Octavio Paz, pese a la ruptura pública entre ellos:

“Carlos Fuentes nació con una estrella resplandeciente que mantiene muy presente su obra. Todo se debe a él mismo, pero definitivamente a su obra, a su país al que siempre quiso mucho.”

Sobre el 90 aniversario, su viuda, quien compartió con él más de 40 años hasta su fallecimiento el 15 de mayo de 2012, dice que una influencia que pesó hondo en el escritor, desde la familia, fue el hecho del periplo diplomático de su padre, Rafael Fuentes Boettiger, quien llevó al pequeño por distintos países de América Latina y Estados Unidos.

“Carlos nació en Panamá, pero siempre fue un mexicano muy ejemplar. Los primeros meses vivió en Panamá donde su padre desarrollaba su carrera diplomática, a los 30 años. Antes de cumplir Carlos el año de nacido, a su padre lo envían a la embajada de Ecuador. Luego de un tiempo, siguieron a Uruguay.”

Lemus explica que no sólo la familia Fuentes fue determinante en su formación como escritor, sino algunos amigos del padre; sin duda, el más importante, el pensador y poeta mexicano Alfonso Reyes, quien desarrolló también actividades diplomáticas en Brasil.

“A los dos años y medio, Carlos llegó con su familia a Brasil cuando don Alfonso Reyes era el embajador de México. Esa relación perduraría durante varios años, incluso cuando Carlos tenía 17 años mantenían una buena relación amistosa. Fue su guía.”

La también periodista recuerda que Fuentes le relataba cómo llegó a influir Reyes en su crecimiento:

“Cuando tenía 19 años, Alfonso Reyes le dijo: ¿Ya has leído El rojo y el negro de Stendhal? Y Carlos le respondió que no. Le dijo: Pues te pones a leerlo, porque no es posible que no lo hayas leído aún.”

En buena medida estas experiencias hicieron que Fuentes adquiriera una práctica, que era fechar y firmar cada libro que adquiría. Por ello, cuenta Lemus, “cuando en una ocasión José María Pérez Gay (fallecido en mayo de 2013) revisaba la biblioteca de Carlos y se encontró con un libro, Los sonámbulos, de Hermann Broch, se sorprendió al descubrir la fecha en que lo había leído, a los 19 años”.

Dice que Carlos Fuentes fue un lector ávido desde que era un niño:

“Tengo entendido que su padre lo guió, desde el punto de vista familiar, para que leyera, pero creo que don Alfonso Reyes fue más estricto con Carlos.”

–¿Eso también influyó en su formación como observador internacional?  –se le pregunta.

–No estoy tan segura que sólo fuera don Alfonso Reyes quien influyera en esa formación de Carlos como observador del acontecer internacional. Pero lo que sí es cierto es que don Alfonso siempre estuvo presente.

“Su padre con frecuencia tenía visitas de políticos e intelectuales. Durante el tiempo que estuvieron viviendo en Chile, fue a visitarlos don David Alfaro Siqueiros, ocasión en la que pintó un cuadro de la madre de Carlos, de Berta Macías Fuentes.”

Eso ocurrió durante el periodo en el que el muralista se exilió en Chile luego del intento de asesinato de Trotsky.
En una de esas reuniones en la casa familiar con Siqueiros, “Carlos platicaba de su primer intento de novela, a los catorce años, y Siqueiros le pidió que le leyera algo de la que había escrito. Y cuando Carlos estaba leyendo, Siqueiros se quedó dormido. Carlos reía cuando lo relataba”.

Antes de Chile y de Argentina, el padre de Fuentes fue asignado a la embajada de México en Washington, nara:

“Ahí vivió de los cuatro a los 12 años, aprendió el inglés como un nativo. Y se empezó a interesar mucho por ese país, lo llegó a entender realmente. Él era un niño muy consciente de su propio país, pero los viajes diplomáticos de su padre le permitieron ensanchar su interés y su conocimiento.”

Esa educación que tuvo en Latinoamérica y Estados Unidos fue muy importante, apenas con 12 años, prosigue Lemus:

“En el caso de Estados Unidos, Carlos lo llegó a entender, lo conocía y lo respetaba mucho. Se ha dicho que Carlos no quería a Estados Unidos, lo cual no es cierto. De hecho nuestra hija Natacha nació en Washington. Y su conocimiento de este país le permitió ser un hombre crítico en todos los sentidos, no sólo con México, sino con Estados Unidos. No sé qué pensaría ahora mismo de Donald Trump. Ya en su momento, él escribió un libro muy crítico sobre George W. Bush.”

El autor de La muerte de Artemio Cruz vivió tiempos muy intensos en Buenos Aires, donde se enamoró de la ciudad, del tango, del estilo de vida, de la literatura, y de las mujeres, donde –le relataba él a su esposa– “conoció a una mujer mayor que él”:

“Era un hombre entusiasta, y su interés era tan ancho como el mundo. Tenía una visión muy internacional. Por eso tenía esa capacidad para visualizar y opinar sobre diferentes países desde el punto de vista político, social, ideológico, artístico. Aparte de su interés por autores de distintas partes del mundo, franceses, rusos o su gran interés por la literatura islandesa, en cada país que estaba, como en Argentina, se volvía un gran lector de su producción literaria.”

La región más transparente

Con motivo del 60 aniversario de la novela La región más transparente, dice Silvia Lemus que aunque se ha dicho que escribió esta obra –considerada la primera novela del boom latinoamericano– a los 30 años, en realidad la inició con 25, y tenía 29 cuando se publicó, en marzo de 1958.

De esos años Lemus recupera lo que la narradora Elena Poniatowska recuerda: que cuando se iba todo el grupo de amigos al cabaret, Carlos Fuentes siempre tenía a la mano una libretita, donde iba tomando sus apuntes.

“Quizá lo hacía porque venía de una educación que no correspondía al uso del lenguaje que se usaba en otras zonas de la ciudad, distintos a los que él había crecido, pero le generaban mucho interés, se mostraba muy atento a ello y lo reflejaba en sus notas, según recuerda Elena.”

Ella misma recuerda:

“A lo largo de mi vida con él, que fue larga, más de cuarenta años juntos, yo siempre lo vi con sus cuadernos haciendo sus anotaciones, que luego utilizaba para escribir novelas, cuentos, eran sus propias referencias.”

En relación a la publicación de La región más transparente, añade que, cuando salió a la luz, “la primer cosa que hizo Carlos fue llevarle un ejemplar a don Alfonso Reyes. Y apenas terminó de leerla, le llama y le dice qué has escrito, es un horror. Estaba totalmente en desacuerdo con lo que Carlos le presentaba, y era lógico, don Alfonso era un hombre de la cultura clásica, que estudiaba a los griegos. Entonces consideraba que Carlos Fuentes no estaba haciendo lo que esperaba de él”.

Eran los años que Juan Rulfo había publicado Pedro Páramo (1955), donde se recrea la vida del pueblo rural, y Fuentes es el primero que escribe sobre la ciudad, lo urbano.

“Don Alfonso Reyes le espetó, Carlos me platicó, pero le dijo algo fuerte, no me atrevo a decir si le llegó a decir que era una `porquería´, pero sí una expresión fuerte. También le hizo referencia a que hubiera usado como título de la obra La región más transparente, una frase que usó el viajero Alexander von Humboldt para referirse al Valle de México, y luego utilizada por el propio Alfonso Reyes en su obra Visión de Anáhuac, en 1917.”

Asimismo, Silvia Lemus recuerda la efemérides de París. La revolución de mayo, en ese 1968 francés, “donde Carlos hace un relato que describe el ímpetu de los jóvenes que tomaron las calles para hacer política, para escribir poesía. Jóvenes que siempre están presentes a lo largo de su obra. Sigue siendo un texto que tiene mucha conexión con la actualidad”.

Recuerda que ahora mismo Francia tiene un presidente muy joven, Emmanuele Macron.

La ruptura con Paz

Silvia Lemus es reacia a hablar sobre la ruptura en la amistad que tuvieron Carlos Fuentes y el Nobel Octavio Paz, por considerar que es algo del pasado, si bien nunca se ha esclarecido.

–¿Su ruptura es por el artículo de Enrique Krauze en Vuelta, la revista que dirigía Octavio Paz? O era por razones ideológicas –se le insiste.

–No sé. Algo habrá sido por el artículo (de Krauze). Octavio quería mucho a Carlos. Los dos tuvieron un gran cariño el uno por el otro. Se conocieron en París. Carlos tenía 20 años y Octavio tenía 34.

“A mí Carlos me platicó que Octavio tuvo mucho entusiasmo por él, un joven mexicano que tenía una cultura vasta, lo admiró como parte de esa nueva generación. Y Carlos también lo quiso y lo respetó mucho.”

En París “vivieron una etapa de encuentro y de comunicación”: “Los dos se entusiasmaron al conocerse, construyeron una amistad y existía admiración mutua. Por ejemplo, eso se refleja en el discurso de bienvenida que da Octavio cuando Carlos es invitado a formar parte de El Colegio Nacional”.

El ingreso fue el 17 de octubre de 1972, y Paz, quien hizo el discurso de recepción, describió su obra así:

“La literatura universal sólo tiene dos temas, uno es el diálogo del hombre con el mundo, el otro es el diálogo de los hombres con los hombres. La pregunta de Fuentes se abre, se cierra y se vuelve a abrir. En el ámbito del segundo tema, en verdad más que una pregunta es el cuerpo a cuerpo con la realidad, a veces un combate y otras un abrazo erótico, por eso las dos notas de su obra son el erotismo y la política.”

En el citado artículo de Krauze –“La comedia mexicana de Carlos Fuentes”–, aparecido en junio de 1988 en la edición 139 de Vuelta, cuyo subdirector era el mismo autor, éste escribió líneas duras para señalar que Fuentes era “un niño gringo de origen mexicano”. Y que “la clave de Fuentes no está en México, sino en Hollywood. Estados Unidos ha dado actores para el cine, la radio, la televisión, la política. Faltaba un actor para la literatura y Carlos Fuentes subió a escena”.

Lemus sostiene que en ese enfriamiento “tuvo mucho que ver lo que escribió Enrique Krauze:

“Sin embargo, yo recuerdo que nos encontramos a Octavio en el consultorio de los doctores Césarman. Octavio tenía cita con el doctor Eduardo y Carlos con Teodoro. Y en ese encuentro se saludaron como siempre, muy bien, cariñosos.”
También trae a la memoria que revisando documentos familiares, encontró una invitación a un acto en Bellas Artes en el que “Octavio le escribió una dedicatoria a mis hijos. Les puso: A Carlos y Natasha, con el cariño de su padrino espiritual”.

Afirma contundente:

“Carlos siempre tuvo y mantuvo su cariño hacia Octavio.”

–Aunque eran obvias sus diferencias hacia el final, ¿eran mentes muy libres?, se le plantea.

–Mucho. Eran mentes muy libres. Mucho muy libres… Yo he hablado con Marie Jo (viuda de Paz) y las dos coincidimos en que Carlos y Octavio se quisieron mucho, no puede uno explicar algunas veces situaciones, pero de que se quisieron, se quisieron. Pese a cualquier cosa, así fue.   

Este reportaje se publicó el 6 de mayo de 2018 en la edición 2166 de la revista Proceso.

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