Cual escombros, los candidatos quitan de en medio a los damnificados para que “no se vean”: Diego Fonseca

OAXACA, Oax. (apro).- Las campañas electorales ya impusieron nuevas agendas, y el tema de los sismos de septiembre pasado ha sido desplazado, no existe, asegura el escritor Diego Fonseca.

“Los damnificados del terremoto no cuentan. Y como no cuentan, (los candidatos) hicieron lo que con los escombros de las casas y edificios caídos: quitarlos de en medio para que no molesten, que no se vean. Y si no se ve, no existe. Tengo la sensación de que ha ganado el olvido”, confiesa en entrevista con Apro el autor del libro Tiembla, que recoge crónicas de 35 escritores y periodistas que vivieron de cerca los terremotos, entre ellos Lydia Cacho y Juan Villoro.

Añade: “No veo los incentivos para que un gobierno de salida (el de Enrique Peña Nieto), lastrado por escándalos y deslegitimado, haga mucho”.

–Han pasado ocho meses de los sismos, ¿cuál es su percepción actual de esa catástrofe?

–Tengo la sensación de que ha ganado el olvido. Los políticos están en campaña presidencial y todo gira en torno a las disputas de coyuntura entre ellos. Que si uno quiere amnistiar o el otro pide un código penal único. Los damnificados del terremoto no cuentan. Fueron una promesa circunstancial de campaña de alguno, una promesa más. Como no cuentan, (los candidatos) hicieron lo que con los escombros de las casas y edificios caídos: quitarlos de en medio para que no molesten. Que no se vea. Y si no se ve, no existe. Una negación.

–¿Considera que los sismos telúrico, humano y político han sido superados? ¿O en qué etapa se encuentran?

–No creo que se hayan superado. Los duelos personales cierran cuando cada individuo encuentra una respuesta. Eso no se legisla. No tengo idea en qué punto de resolución están las angustias de los damnificados, ni dónde ha quedado el miedo de los que vieron las ciudades sacudirse, pero no perdieron nada. ¿Cuánto tiempo necesita una persona para saldar, si salda, su relación con sus muertos? Mucho más que con sus bienes perdidos, claro, pero no hay regla para eso.

“En términos de terremotos políticos, todo sigue igual. Nadie discute políticas públicas para manejar catástrofes. Tienes millones de personas viviendo sobre fallas críticas que han probado su poder de devastación. No puedes mudar, reubicar o desplazar a esa gente. ¿Qué planes hay para resolver infraestructuras en riesgo, que son millonarias, sobre todo en áreas donde la inversión tiene un costo que ningún privado asumiría sin concurso del Estado? Todo eso sigue allí, intocado.

Damnificados tras el terremoto en Juchitán, Oaxaca. Foto: Benjamin Flores

Damnificados tras el terremoto en Juchitán, Oaxaca. Foto: Benjamin Flores

–¿Qué piensa de la opacidad con la que se conducen los tres niveles de gobierno para la reconstrucción?

–Qué puedo pensar: estoy en contra. La transparencia es sustancial. No sólo por esto, para todo acto de gobierno. Por otro lado, no veo los incentivos para que un gobierno de salida, lastrado por escándalos y deslegitimado, haga mucho. Excepto que haya contratos en proceso, todo quedará en manos de la nueva administración. Y no hay ninguna seguridad, dados los aprendizajes y la genealogía de los candidatos, que la transparencia sea abrazada desde el minuto cero.

–La campaña ‘Tejamos Oaxaca’ es un gesto solidario, ciudadano, comunitario que dio origen a Tiembla, ¿cómo convenció a 35 periodistas y escritores para participar en esta antología y donar las utilidades al 100 por ciento?

–No fue un problema, en absoluto. Todo mundo quiso colaborar desde el inicio. Yo no hago mi trabajo sin cobrar (creo que eso es torpe e irresponsable), ni aceptaría que una editorial me haga trabajar gratis, ni jamás publicaría a alguien sin pagarle, por las mismas razones. Pero aquí fue una decisión personal: yo no iba a cobrar por algo que, desde el momento en que hablamos con Memo Quijas, tendría como objetivo donar las ganancias. Así que fui directo con todos: envié un email donde invitaba a ingresar en el proyecto con la salvedad de que debía ser donando la obra, a modo de aporte a la campaña. Nadie dijo no; todos respondieron sí. Los treinta y cinco.

“Y quedaron fuera otros 15, sólo porque no llegarían a tiempo para el cierre que había puesto. De nuevo, no hice ningún esfuerzo. Había una necesidad de cada autor de expresar un punto de vista sobre los sismos y una decisión individual, que fue inherentemente colectiva, de contribuir de algún modo”.

–¿Con esta antología considera que ya se rompió el silencio o qué más hace falta?

–Este país tiene lápidas sobre lápidas de silencios. No, Tiembla es un inicio de una de varias conversaciones. Yo creo que moviliza ideas. Y supongo que en esa movilización se deben crear canales para una mayor ciudadanización de la sociedad civil. Los eventos catastróficos agitan la solidaridad espontánea, pero se agotan allí. Es preciso que esa reacción se organice y encuentre vehículos para el cambio, y eso es alguna forma de la participación política. No veo nada de eso aún, pero es un camino largo, nunca rectilíneo.

–¿En esta etapa de reconstrucción cree que ya se superó el duelo?

–Me remito a una respuesta previa: eso es un proceso individual. Colectivamente, el duelo dura menos, porque hay que moverse como sociedad. O te mueven. La campaña electoral ya impuso nuevas agendas, de modo que los sismos como tema han sido desplazados. Debes reinstaurarlos, y para eso es preciso pensar más que condolerse o dolerse.

Las ruinas tras el terremoto en Unión Hidalgo, Oaxaca. Foto: Benjamin Flores

Las ruinas tras el terremoto en Unión Hidalgo, Oaxaca. Foto: Benjamin Flores

–En este periodo de campañas políticas la reconstrucción ha sido utilizada por los políticos en discursos, pero en los hechos han sido duramente cuestionados.

–No creo que sean necesarias palabras sobre esto. Lo que son imprescindibles son planes de políticas públicas. Infraestructura, reentrenamiento de fuerzas policiales y militares; rezonificación, tal vez, de cuarteles de bomberos; quizás un proyecto de servicio social civil –Luis Muñoz Oliveira, uno de los autores de Tiembla, retoma esa idea– con individuos entrenados como colaboradores en rescate y recuperación. En fin, un abanico de ideas que los especialistas podrían traer a la mesa. Pero no he visto un solo candidato, y si se me escapa esto, por favor, me avisan, que haya ofrecido una mirada técnica sobre el proceso, más allá de la promesa inflamada.

–Al igual que la editorial Almadía, el pintor Francisco Toledo realizó acciones de apoyo a damnificados, ¿qué opinión le merece?

–Toledo colabora también en Tiembla. Su trabajo, una intervención sobre el grabado clásico de José Guadalupe Posada, es de hecho nuestra portada. Una maravilla. Cuando Memo (Guillermo Quijas) me envió la idea de portada, dije inmediatamente: “es esta”. Y es raro que una portada me guste a la primera opción. No puedo opinar más que algo bueno que Toledo apoye a las familias. Su compromiso y querencia por Oaxaca es histórico. Ojalá tuviéramos más experiencias de solidaridad para el proceso de reconstrucción y de planificación sostenible para mitigar los riesgos de futuras catástrofes, que volverán a suceder, porque seguirá temblando.

Diego Fonseca nació en Argentina en 1970. Vive entre Phoenix y Washington. Es maestro de periodismo de la Fundación Gabriel García Márquez, además de columnista en el diario The New York Times en español. Es editor y autor de varios libros de periodismo narrativo, entre ellos Crecer a golpes (2013), Sam no es mi tío (2012), Hacer la América (2014) y Hamsters (2014).

Tiembla es un libro que reúne trabajos de periodistas como Carlos Manuel Álvarez, Lydia Cacho, Alejandro Zambra, Marcela Turati, Cristina Rivera Garza, Juan Villoro, David Miklos y Verónica Gerber Bicecci, entre otros, donde narran el devastador acontecimiento que dejó alrededor de 500 muertos, miles de damnificados y daños a numerosos inmuebles en septiembre de 2017.

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