La genial locura del violinista Ara Malikian

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Con un violín puede alcanzarse un estado de absoluta libertad, como ayer lo demostró el músico y pedagogo musical libanés Ara Malikian (Beirut, 1968), luego de más de dos horas de un electrizante recital en el Auditorio Nacional.

El violín en sus manos fue herencia de su abuelo, instrumento que a éste le permitió escapar hace cien años del genocidio armenio y así gozar de la ansiada libertad, misma que Malikian comparte ahora a sus seguidores.

“Ojalá todos tuvieran un violín para poder salvar sus propias vidas”, dijo al interpretar “1915”, que ofrendó a su antecesor cuando alcanzaba el ápice del concierto, momento que aprovechó para reprochar el genocidio, la guerra, el terrorismo y las injusticias en el mundo.

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Alrededor de las 20:40 saltó sobre el entarimado una espigada silueta, con un oscuro cabello rizado y enmarañado: Ara Malikian vestía desgarradas indumentarias de color negro. Rápidamente, un selecto público saboreó el programa que preparó el violinista especialmente para nuestro país, empezando con “Voodoo Child”, de Jimi Hendrix, y “Réquiem”, de Wolfgang Amadeus Mozart.

Un viaje sonoro entre ritmos de corte clásico, fusiones de rock y creaciones propias de su imaginación derrochó el instrumentista, alegre y desenfadado. Entre cada canción narró en castellano (radica en España) sus orígenes musicales: no tenía un violín Stradivarius, pero contaba con el de su abuelo, y tuvo sus primeras presentaciones en bodas realizadas en Alemania. Contó también sobre su aprendizaje con otros músicos, su familia y amigos, hasta consumar la notoriedad.

“Kachn Nazar”, “Con mucha nata” y “Broken Eggs” se sumaron a la lista en la que se acompañó de su impetuosa banda, entre violines, viola, chelo, contrabajo, bajo y guitarra eléctrica, percusiones y batería. Los gritos y aplausos vibraron en el recinto con “Paranoid Android”, en tributo a Radiohead, siguiendo con “La campanella” del virtuoso genovés Niccolò Paganini, a quien reconoció como su máxima influencia.

Foto: Carlos Enciso

Ara Malikian “flotando”. Foto: Carlos Enciso

Prosiguió con “Life on Mars?” de David Bowie; “Bourj Hammoud” de su autoría; la intensa “Kashmir” del álbum Physical Grafitti (1975), de Led Zeppelin, y Misirlou, tema del filme Pulp Fiction.

Un ambiente contrastante entre lo festivo y lo solemne dibujó el show de quien es considerado el ‘Mago del violín’, quien alegremente afirmaba que no se iría hasta que lo echasen del lugar. Aunque se declaró contra los protocolos de los músicos que se despiden y no se van esperando que pidan otra melodía, dedicó a su hijo la canción “Vals de Kairo”, cuando parecía que daba retirada con “1915”.

Luego regaló “El verano” de Las cuatro estaciones del barroco veneciano Antonio Vivaldi, así como la canción popular oaxaqueña “La Llorona”, para deleite de los reunidos en el Auditorio Nacional. Finalmente bajó del escenario y se paseó entre las multitudes con su violín, con el encanto del “Aria” de Johann Sebastian Bach.

Ara Malikian. Foto: Carlos Enciso

Ara Malikian. Foto: Carlos Enciso

Sus seguidoras enloquecían, le gritaban: “¡Ara, no te vayas!”, “¡Guapo!”.

Pero ya la cita se había saldado con magistral entrega, y Ara Malikian pasó al frente estrechando las manos de su agrupación con reverencias y agradecimientos que se cobijaban de aplausos. Pasadas las 11 de la noche, con un mundo de ensueño, todos marcharon a la realidad citadina, pero felices por la gran experiencia de escuchar a un artista de tan genial locura.

Esta crónica fue solicitada al periodista César Muñoz para los lectores de apro y proceso.com.mx.

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