Chile: La llegada del mayo feminista

La lucha de las mujeres contra la violencia, los abusos y el machismo encontró en Chile su momento. El miércoles 16, una serie de marchas estudiantiles –en las que se repudió el papel ultraconservador que juega la Universidad Católica– dio impulso a este fenómeno, que los analistas ya ven como el comienzo de una auténtica revolución política y cultural no exenta de dificultades, pues el país sudamericano está gobernado por una coalición de derecha.

SANTIAGO (Proceso).- El miércoles 16, 150 mil personas –mujeres, en su mayoría– marcharon por el centro de la capital chilena “para cambiar esta sociedad machista y patriarcal” y “en pos una educación no sexista”. Otras miles de ciudadanas hicieron lo propio en otras ciudades del país.

Convocadas por la Confederación de Estudiantes de Chile (Confech) y más de 40 asambleas feministas y estudiantiles, las marchas se realizaron en un contexto de tomas y paros feministas que involucran a gran parte de las universidades, liceos y colegios del país. Lo que llamó la atención de esta protesta no fue tanto su masividad, sino el hondo simbolismo, su carácter de ruptura cultural.

Incluso hubo un hecho que ya ha sido catalogado como icónico. Una estudiante, con el torso desnudo y una capucha roja, se subió a la estatua del papa Juan Pablo II, en la sede de la Pontificia Universidad Católica de Chile (PUC). Desde allí, con el puño en alto, arengó: “¡Alerta, alerta, alerta machistas, que todo el territorio se vuelve feminista!”.

La PUC es el principal centro de pensamiento y difusión de ideas de los sectores más conservadores. Su rector, Ignacio Sánchez, se ha constituido en referente de los opositores al avance de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres.

La tarde del miércoles 16, el diario digital El Clarín publicó una nota que decía: “Desde 1967, en plena reforma universitaria, cuando se desplegó en el frontis de este mismo inmueble un lienzo con la leyenda ‘El Mercurio miente’, no se producía un acto de ruptura cultural como el de esta mañana”.

La manifestante semidesnuda formaba parte de un grupo de 30 estudiantes de la PUC que, con los senos al aire, marcharon contra el acoso sexual y el machismo que campea en esa universidad.

Al respecto, la popular comediante Bernardita Ruffinelli escribió en su blog: “Sólo les gustan las tetas cuando se ponen a disposición de su placer. Si no, es innecesario, vulgar, incorrecto. No les gusta verlas amamantando. No les gusta verlas marchando”. Remató: “¡Las encapuchadas de las marchas te cagaron el fetiche, machito!”

En esa marcha hubo otra imagen que llamó la atención de los medios: una joven, parada en la mitad de la Alameda, muy cerca del palacio de La Moneda, se muestra desafiante ante el despliegue policial de carros con cañones de agua y de gases, y de policías de a pie, fuertemente armados, listos para atacar. La tensión es evidente y ella no retrocede.

La mujer muestra como única arma su cuerpo desnudo y su impronta radical. A sus espaldas lleva escrito a pincel y en verde: “Fuego al patriarcado la moral & el Estado”.

Tres días antes de esta marcha, 120 estudiantes de leyes de la PUC publicaron –en el medio universitario El Puclítico– un manifiesto en el que buscaban visibilizar el ninguneo contra las mujeres en su casa de estudios: “Señorita qué hace con ese escote, ¿usted vino a dar una prueba oral o a que la ordeñen?”, “hay que exigirles más a las mujeres feas porque las lindas, aunque tontas, igual encuentran marido, pero fea y tonta no hay quién la aguante”, eran algunas de las frases denunciadas como emanadas de académicos en las aulas.

En su carta las mujeres afirmaron que “la lucha es una: detener la violencia que se perpetúa a través de la educación, tanto dentro como fuera de nuestra facultad, manteniendo a la mujer y a las disidencias sexuales en una posición de inferioridad y vulnerabilidad”.

Demandas como éstas se reproducen en todas las universidades movilizadas, proceso que partió con la toma de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Austral, de Valdivia, el pasado 17 de abril.

La actual revolución feminista ocurre justo en momentos en que se conmemoran 50 años de la mundial revuelta juvenil conocida como el Mayo Francés, y que en Chile se tradujo en una reforma universitaria que sacudió el sistema educacional desde sus cimientos.

Piñera reacciona

En respuesta a la “ola feminista” y con el objetivo declarado de acabar con “todas las discriminaciones de naturaleza legal”, el presidente Sebastián Piñera lanzó la mañana del miércoles 23, en el palacio presidencial de La Moneda, su “Agenda Mujer”. Así pretende capear el “tsunami feminista” que amenaza con trastocar su recién iniciado segundo periodo de gobierno.

Acompañado por su esposa, Cecilia Morel, y por la ministra de la Mujer y la Equidad de Género, Isabel Plá, dio a conocer una serie de medidas legislativas y políticas.

Entre esas sobresale una reforma constitucional al artículo primero constitucional para “establecer como deber del Estado el promover y garantizar la plena igualdad de derechos, deberes y dignidad entre hombres y mujeres”.

Además dispuso como “urgencias legislativas” los proyectos contra la violencia en el pololeo (noviazgo), el que establece “la plena igualdad de derechos entre hombres y mujeres para administrar el patrimonio de la sociedad conyugal y los bienes propios” y el que garantiza el fuero maternal para las mujeres que integran las Fuerzas Armadas.

Piñera anunció además que se implementará una reforma al sistema privado de salud “para terminar con las diferencias injustificadas de precios de planes de salud que perjudican a las mujeres, y muy especialmente a las que están en edad fértil”.

Para financiar esta reforma, el mandatario aclaró que se aumentarán las cotizaciones que los trabajadores varones realizan a las aseguradoras privadas de salud, en una medida que ya está levantando polvareda.

Aunque algunas de las medidas de Piñera fueron valoradas por personeras de oposición, analistas políticos han anticipado que el mandatario tendrá enormes dificultades para abordar la irrupción del movimiento feminista, pues el mandatario derechista se ha destacado por sostener un lenguaje machista.

“Me acaban de sugerir un juego muy entretenido. Es muy sencillo: todas las mujeres se tiran al suelo y se hacen las muertas, y todos nosotros nos tiramos encima y nos hacemos los vivos. ¿Qué les parece,  muchachos?”. Este “chiste” lo dijo Piñera el 21 de junio de 2017 en la centrosureña ciudad de Linares, en un acto de su campaña electoral.

Pero hay razones más de fondo que dificultan su Agenda Mujer. Se trata de la negativa de su coalición política –la derechista Chile Vamos– a avanzar en la agenda de derechos sociales y reproductivos, punto central de la protesta feminista.

Expresión de esto es que 10 diputadas­ de la oposición presentaron el jueves 17 una acusación constitucional contra el ministro de Salud, Emilio Santelices, por cambiar en forma inconsulta el reglamento de la Ley de Aborto.

Esta normativa fue promulgada por la presidenta Michelle Bachelet el pasado 14 de septiembre y respondía a un clamor de las mujeres que pedían el fin de la penalización del aborto en los casos en los que corre riesgo la vida de la madre, de violación y de inviabilidad del feto.

El nuevo reglamento –que ya fue declarado ilegal por la Contraloría General de la República– eliminó la prohibición que tenían las clínicas privadas de declararse “objetoras de conciencia” si recibían recursos del Estado.

Esta acusación constitucional, que será liderada por la diputada de Izquierda Libertaria (Frente Amplio) Gael Yeomans, contó con el respaldo de las diputadas socialistas Emilia Nuyado y Daniela Cicardini, las que se sumaron pese a que su partido había decidido institucionalmente no respaldarla. Sin embargo, la ola feminista parece estar destrozando las órdenes de partido, al menos en materias que competen a las mujeres.

Cabe tener presente que la implementación del reglamento de Santelices ha implicado que a numerosas mujeres se les ha impedido la atención de abortos, incluso en situaciones de urgencia.

A finales de abril se viralizó en las redes sociales el testimonio de Fernanda Sandoval, una joven de 25 años a la que le negaron atención en el Hospital de Quilpué (Valparaíso) cuando no existía ninguna opción de que su hijo –de un embarazo de 14 semanas y cinco días– sobreviviera. Los médicos presentes eran “objetores de conciencia” y no aceptaron practicarle un aborto bajo la causal de inviabilidad fetal.

Finalmente Fernanda dio a luz a su hijo fallecido en la pieza del hospital y sin atención médica.

Cabe consignar que Piñera llegó a la Presidencia con apoyo de sectores ultraconservadores de las Iglesias católica y evangélica, que tenían como principal bandera poner freno a lo que se ha denominado “agenda valórica” y que tiene que ver en gran parte con los derechos de las mujeres y de las minorías sexuales.

Tampoco ayuda al mandatario que su equipo de gobierno –mayoritariamente masculino– parece no entender la profundidad del reclamo feminista. El ministro de Educación, Gerardo Varela, definió como “pequeñas humillaciones y discriminaciones” el problema a resolver. Y lo dijo en una audiencia en la Cámara de Diputados efectuada el mismo día de la gran marcha de mujeres y que tenía por fin analizar las demandas feministas.

Cristina Girardi, diputada del Partido por la Democracia, salió inmediatamente al paso de Varela: “Yo sé que el lenguaje traiciona, el lenguaje lo que hace es poner en evidencia estructuras que tenemos y de las cuales no somos conscientes”.

Las movilizaciones estudiantiles y feministas continuarán. La Confech convocó a una nueva jornada de protesta para el 1 de junio en Valparaíso. Ese día está fijada la primera “cuenta pública” del segundo mandato de Sebastián Piñera, ante el pleno del Congreso Nacional.

“Las mujeres no vamos a parar”

“Estamos en una coyuntura bien potente en la que el feminismo se está perfilando más como una visión de mundo que como una construcción teórica y hemos llegado a eso porque hemos sentido con fuerza el peso de la realidad, que es una realidad signada por la desigualdad y el maltrato hacia las mujeres.”

En entrevista con Proceso la poeta, ensayista, novelista y editora Verónica Jimenez Dotte abordó las razones del descontento. Ella señala que en Chile “por ser un país clasista, hemos vivido desde siempre una cultura de la prepotencia en la que se ha naturalizado la violencia contra las mujeres”.

Apunta que ha habido casos emblemáticos de violencia contra la mujer, como el de Nabila Riffo, mujer a la que su pareja le sacó los ojos en mayo de 2016, “que han hecho que las mujeres tomemos conciencia de que el daño que pueden infligirnos es la suma de todos los daños ‘menores’ a los que estábamos habituadas, en lo psicológico, lo material, lo cultural”.

Jiménez –quien ha adquirido renombre internacional como investigadora y editora de la obra de la premio Nobel chilena Gabriela Mistral– agrega que lo anterior, sumado a las luchas que están dando las mujeres internacionalmente, “le da una potencia” al movimiento feminista chileno “que nadie podría haber previsto en el pasado reciente”.

Sostiene que “las consignas como ‘ni una menos’, no sólo se revelan como legítimas, sino que adquieren una energía que moviliza una serie de otras demandas que persiguen un trato igualitario y un cambio definitivo de paradigmas”.­

Continúa: “Las mujeres no vamos a parar: este movimiento es el germen de lo que serán las sociedades en el futuro”, estimando que “el concepto masculinizado de la sociedad, en que las mujeres son sujetos erotizados, menguados intelectual y emocionalmente, está destinado a desaparecer… eso es lo que nos mostraron las chicas con los torsos desnudos”.

Camila Rojas, diputada del Frente Amplio y expresidenta de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile, afirma que actualmente “hay un contexto de movilización de las mujeres en todo el mundo: las manifestaciones del 8 de marzo y las marchas multitudinarias en varios países son expresión de ello”, afirma.

En entrevista señala que “Chile no es la excepción: la lucha por la soberanía sobre nuestros cuerpos y las manifestaciones contra la violencia han estado muy presentes”.

Manifiesta que, en ese contexto, “la movilización de las estudiantes por una educación no sexista es del todo lógica y necesaria porque apunta a cambiar las lógicas más naturalizadas de comportamientos sexistas y machistas”.

Rojas –activa militante feminista– da cuenta de que “hasta hace no mucho era imposible cuestionar esas conductas… pero hoy con movilización estamos avanzando… la hostilidad hacia las mujeres está presente de manera continua en nuestras vidas, hacerlo visible y evidente es el primer paso que se está dando”.

Este reportaje se publicó el 27 de mayo de 2018 en la edición 2169 de la revista Proceso.

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