Ausencio Cruz: de la comedia hacia un Congreso real

Famoso gracias a su personaje Margarito Pérez, símbolo del soñador pueblo mexicano, engañado por los poderes dominantes que se burlaban de él a través de la frase: “¡Láaastima, Margarito…!” –en el chusco programa de TV La caravana–, el cómico Ausencio Cruz ganó al fin ser representante popular de la coalición Juntos Haremos Historia por la Delegación Benito Juárez capitalina. Su meta es convertirse en “la voz de los sin voz”. Entre sus proyectos culturales está el levantar carpas para revista de teatro nacional y artes escénicas, con materiales modernos diseñados por alumnos de la Facultad de Arquitectura de la UNAM, donde él estudió teatro.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Pasar de ser un actor de crítica política a un ciudadano activo “con responsabilidad social” es la intención del histrión Ausencio Cruz.

Tras una amplia carrera como actor, escritor de sketches, y maestro en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el creador del memorable personaje Margarito Pérez concursó con buenaventura para ser diputado federal de la Delegación Benito Juárez por el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), “porque quiero participar activamente en las decisiones de nuestro país de manera responsable”.

Nacido en Monterrey, Nuevo León, en 1955, pero desde sus primeros meses de vida radicando en la Ciudad de México, el afamado artista de otros personajes como Valente Campillo y Erreconerrechea, lanza su mensaje:

“Como ciudadano haré de la política el arte de lo posible y lo posible es cambiar.”

La re-vuelta del comediante

Es medio día.

La entrevista se efectúa frente a la Facultad de Filosofía y Letras (FFyL) de la UNAM, a la cual ingresó en 1979 para estudiar Literatura Dramática y Teatro, pero por su pasión al escenario interrumpió la carrera, aunque ha vuelto a retomarla y finalizarla. Incluso Proceso lo acompaña a preguntar por unos exámenes extraordinarios. A cada paso, todos lo saludan.

Entretanto, él explica su candidatura:

“Mi trabajo como actor siempre ha sido dentro del género de la comedia, no es que no pueda ejecutar otros géneros; pero éste me gusta mucho, y desde el principio me incliné por la parodia política y social. En la FFyL disfruté a maestros muy importantes como José Luis Ibáñez. Al leer El perfil del hombre y la cultura en México, de Samuel Ramos, cambié. Por eso pude realizar sketches diferentes, siempre fundamentados, siempre con orientación académica. Soy un actor de crítica política y social.

“Eso nunca lo abandoné, ha ido con mi trayectoria, por eso creo que el paso natural a una invitación del Partido del Trabajo (PT) fue bien aceptada.”

Sentado en una pequeña barda de cemento a la entrada del Centro de Enseñanza para Extranjeros, y bajo la mirada de cualquiera que pasa, acentúa:

“Además, cuento con una gran ventaja, no haber sido cooptado nunca por las grandes empresas, es decir, nunca di mi brazo a torcer. Eso habla de mí entre lo que pienso, digo y hago. Yo…

“¡Nunca he traicionado a Margarito Pérez!”

En el programa La caravana –que transmitía el canal público Imevisión (ahora TV Azteca) en los años ochenta–, Víctor Trujillo, quien interpretaba al conductor Johnny Latino de un programa de concursos, con trampas y engaños hacía perder a Margarito Pérez, un cándido participante de clase baja, a quien al final le ventilaba la frase:

“¡Láaastima, Margarito!”

Mayor de cinco hermanos, para Ausencio Cruz la colonia Portales ha sido protagonista en su vida.  A la sazón, recuerda a Margarito Pérez:

“Es la cúspide de lo que mi fama me ha otorgado, el personaje que la gente quiere, es la voz de los sin voz. Ahora no sólo pertenece a la clase baja, socialmente la principal en ser abusada, sino también la clase media. Cuando el candidato Andrés Manuel López Obrador me presentó, él mismo retomó la frase: ‘¡Láaastima, mafiosillos!’…

“Entonces, al ser Margarito Pérez la voz de los sin voz, me permitirá hoy ser la voz de los sin voz en el Congreso. Por eso atendí la invitación del PT, y no soy miembro de ningún partido”.

–¿Ni siquiera del PT?

–No, ni del PT, ni del Partido Encuentro Social (PES), ni de Morena; pero coincido con las propuestas de López Obrador y con el trabajo de la coalición Juntos Haremos Historia.

“Por eso acepté, porque voy a pasar de la crítica en el escenario, los cafés, los amigos y la familia, al acto real. En decir del dicho al hecho. Pensé que en lugar de quejarme, les debía tomar la palabra para transformar lo que está mal.”

El lugar para la charla él lo escogió. Ansiaba estar cerca de un puesto de café (“¡mi favorito!”), dentro de la UNAM. Argumenta con entusiasmo y orgullo:

“También cursé un año de Derecho en la UNAM, en 1978, en memoria de mi padre Ausencio Cruz y de mi abuelo Ausencio Cruz, quienes fueron abogados. El último además fue carrancista, constitucionalista, y fue el primer abogado fiscal que hubo en México.

“En ese año estudié Derecho Romano, Historia de las Doctrinas Económicas, es decir, sé muy bien lo que es el Congreso. Hace poco me invitaron a la Facultad de Derecho a impartir clases sobre Técnicas de Expresión Jurídica y con mucho gusto lo hice. A mí no me platicaron el Movimiento de 1968; yo viví El halconazo en 1971. Eso no se debe de repetir.

“Tenemos la oportunidad del Congreso a través del voto, hagámoslo con el deseo de renovar y de poseer valores, porque no saben que la Filosofía estudia la axiología que se encarga de los valores. El Derecho se encarga del valor justo-injusto, aunque ahora el Derecho es lo legal y lo ilegal. Un agente del Ministerio Público, cuando yo litigaba un asunto como pasante –porque estaba en el despacho de mi papá–, me dijo: ‘Mira, pa’que entiendas, esto no es justo, ¡pero es legal!’. Le dije: ‘Te voy a voltear una cachetada, mano, porque estamos legalizando la injusticia’. Ahora hay que ir al Congreso a legalizar justicia. Lo legal que sea justicia, equidad, cultura, en fin.”

Las carpas de Margarito

–¿Lo han cuestionado de ser actor y competir como candidato a diputado?

–No, quizá por ese historial que he conservado siempre, ¡de verdad no he cedido!… He tenido la posibilidad de ser rico, firmando contratos con quien no quiero, con quien se ha encargado de someter, y yo digo: “¡Nooo! ¡Yo sigo respetando a Margarito Pérez!”, gran personaje que no soy yo, pero… ¡Ojalá y fuera como Margarito Pérez! Él es mejor persona que yo.

–¿Cómo se ha mantenido con ese compromiso socialmente sin venderse?

–Pues aguantando y… ¡pidiendo prestado!

–¿Es complicado mantenerse con ese compromiso social?

–Sí. No me daban trabajos y debía mantener a mis hijos. Ha sido difícil. ¡Pero mi conciencia está tranquila! Sé de qué lado estoy, con los muchísimos de millones de mexicanos; excepto esas 300 familias más ricas.

Se le recuerda que apoyó como candidato independiente a Jaime Rodríguez Calderón El Bronco para gobernador en Nuevo León, y aclara:

“Sí, cuando empezó apoyé, sobre todo, a la figura de candidato independiente. No sabiamos la clase de gobernante que nos iba a salir.”

Con su taza y sorbo tras sorbo, su ánimo es radiante. Se expresa casi de corrido, son pocas las pausas que confesiona con dificultad. Revela que su paso natural en el Congreso sería encaminar la cultura, por lo cual narra el proyecto “de toda mi vida” enfatizando:

“La idea nació aquí, en la Universidad. Se trata de crear una carpa, una revista del teatro mexicano, con materiales modernos, nuevos, diseñada por los alumnos de la Facultad de Arquitectura, que se pueda instalar y desmontar fácil. Se colocaría en una cancha de basquetbol para 200 espectadores, o en un espacio público. Se ofrecería música en vivo, con egresados del Conservatorio Nacional. Se presentarían jóvenes que estudien danza y participarían coreógrafos. Se montarían obras teatrales. Intervendrían artistas plásticos para que elaboren las escenografías, como lo hicieron Rufino Tamayo o Diego Rivera, también que intervengan los grafiteros. Se llamaría a los actores, los dramaturgos y directores de teatro de la UNAM, y se exhibiría cine, en fin. Se combinaría a profesionales y estudiantes”.

Aclara, siempre con su sonrisa que lo caracteriza:

“Además de darles trabajo a los artistas, a los creadores, también se les pagaría a personas de la tercera edad, quienes podrían ser los acomodadores. La carpa permanecería cuatro o tres días en cada colonia para que acuda todo el público, incluso se harían propuestas artísticas para los infantes, se pueden dar clases, armar talleres, se hablaría de la diabetes, de la educación sexual, salud, etcétera. Junto a la carpa se ubicaría una biblioteca ambulante con libros para todas las edades. La gente no va al teatro porque cobran 800 pesos el boleto.

“¿De dónde se sacará el dinero para pagarles a todos los participantes en la carpa? De empresas privadas de medicina y que ahí tengan sus stands.”

Todas, “menos las empresas de licor”, apunta.

Los miserables

–¿No será complicado recuperar los espacios públicos por el miedo a la violencia?

–López  Obrador ha declarado: “Más becarios y menos sicarios”. Yo digo que la cultura nos libera de ataduras. Si  los jóvenes estudian música, a los 14 o 15 años de edad nos encanta la música, y otros van a a preder teatro o a escribir, ya no se van por ahí en banda. Se debe impulsar la cultura y no truncarla, ni marginarla.

Da un ejemplo que apaga poco su expresión:

“Fui a la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía y no tienen ni para sacar copias fotostáticas. Les quitaron dinero. ¡Patrimonio histórico!, ¿para qué?, eso no les sirve pa’nada. ¿Cuánto dinero deja? ¡Nada! Las autoridades ven costo-beneficio. Creen que el patrimonio histórico es una empresa: ¿Cuánto deja? No deja. ¡Ah, no, no sirve!… A lo que voy: Aquí no hay costo-beneficio, sino beneficio-beneficio.”

–¿Cómo ser la voz de los sin voz ante la impunidad que padece el país?

–El poder, el régimen, dejó un resquicio. Se puso un disfraz que es el de demócratas, y nos dirimieron la posibilidad de las elecciones y las urnas. Tal vez sea un disfraz nada más o un antifaz; sin embargo, al dejar abierta esa pequeña rendija, creo que tenemos la oportunidad y por eso lo hago con mucho entusiasmo. Hay que tomarles la palabra y a través del voto, ganar. Me tocó operar, en lugar de quedarme sentadito diciendo: “No tiene sentido, no tiene caso”, porque eso quieren, que no creamos.

“Nos tienen dominados a través del miedo. Ya no es divide y vencerás, es confunde y vencerás. Confunde, confunde, confunde y dicen: ‘Más leyes, más violencia’, y López Obrador propone: ‘¡No!, espérate, ¡reconciliación!’… Todos reconciliados. Contamos con unos adversarios clarísimos y sus métodos son el hambre, imponen miseria, y donde hay miseria económica hay miseria cultural y espiritual; pero a pesar de todo somos una sociedad con espíritu y cultura, y lo que quieren es desanimarnos, desanimarnos, desanimarnos… Nos han robado el alma y lo hemos permitido. Recuperémosla.”

A diario Ausencio camina por las calles para escuchar a las personas:

“Quiero mejorar la calidad de vida desde el Congreso, ya basta de gobiernos corruptos que lo único que hacen es servirse a ellos mismos y no servir al pueblo.”

–¿Cómo resume el nivel de pobreza en la Delegación Benito Juárez?

–Antes los pobres eran sólo los de clase baja, pero actualmente a la clase media no le alcanza el dinero. En uno de mis recorridos vi a una señora, quien me ralató:

“Mi hija está enferma, yo tengo este trabajo y no me alcanza. Tuve que ir a pedir limosna al Zócalo.”

“¡La señora de clase media fue al centro de la Ciudad de México a pedir limosna porque no le alcanzaba para los medicamentos! En una cultura que primero te enferma, es decir, te hace diabético por vender refrescos y panecitos, luego nos vende la medicina. La pobreza económica sí se puede cambiar. Somos capaces de producir, tenemos un mercado interno, contamos con la posibilidad de logar ingresos económicos.

“Si sólo desarrollamos nuestra medicina tradicional, México sería una potencia, nada más con atender eso. Invertir en ciencia y tecnología es algo que no han hecho, creo que es por mandato de los Estados Unidos. Somos tan abusados como los japoneses y no quieren otro Japón aquí, con desarrollo tecnológico: ‘¡No, no, no!, ¡que se asusten y que se les caigan los edificios!’.”

–Entonces, ¿qué mensaje le proporciona a la gente?

–Que vayamos cambiando y no esperar la dádiva. Hay que dejar de ser limosneros. Ya no debe ser: “Dame una lana y te dejo pasar, dame una lana y hacemos tu edificio”. Esos son limosneros. ¡Es de miserables en el amplio sentido de la palabra!

“Nada de ‘Yo sí voto, ¿pero cuánto o qué me toca?’ Llego y pido un voto y me comentan: ‘¿Qué me vas a dar, una gorra o una camiseta?’, yo les manifiesto: ‘No, yo no reparto ni gorras, ni camisetas, ni tinacos, ni bóilers solares ni despensas, en todo caso lo que te podría regalar es una sonrisa’. Pido congruencia y honestidad. Si queremos cambiar, no puedes si sigues siendo el mismo.”

Al final, el recorrido por la Facultad de Filosofía y Letra es grato para Ausencio Cruz. Ama, a decir suyo, la UNAM, y es “puma de corazón”.

Esta entrevista se publicó el 27 de mayo de 2018 en la edición 2169 de la revista Proceso.

Acerca del autor

Nació en la Ciudad de México. Estudió ciencias de la comunicación en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Desde 1991 inició en el periodismo. Ha trabajado en los diarios mexicanos El Universal y La Jornada, entre otros, y el periódico español El País. En 1999 ingresó a Proceso, donde labora hasta la fecha. Foto: Carlos Enciso.

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