El Museo Jumex y la obra de Franz Erhard Walther

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Objetos para usar/Instrumentos para procesos es el título de la muestra antológica del artista alemán Franz Erhard Walther (Fulda, 1939).

Por primera vez en América Latina el público podrá conocer una interesante y completa selección que abarca seis décadas de producción.

Perteneciente a la generación innovadora de artistas de los años sesenta y setenta, Erhard Walther explora la relación del objeto con el cuerpo y con el espacio expositivo, principalmente.

La propuesta parte del cuestionamiento de la condición objetual de la obra de arte, su experiencia reflexiona acerca del objeto como vehículo a través del cual se despliega su acción.

Julieta González, directora artística de la muestra, escribe en el texto del catálogo un ensayo que complementa y contextualiza el entendimiento más puntual del trabajo de Walther, subrayando cómo para éste “…la obra de arte no se limita al objeto, sino más bien emerge en medio de un complejo sistema de significados, acciones y condiciones de posibilidad, mediados en el caso particular de su producción, por objetos dotados de materialidad muy específica”.

La muestra incluye trabajos de obras tempranas. La obra sobre papel registra reflexiones sobre las imágenes y la palabra, la tipografía, el color, el espacio y la propuesta del espectador como participante activo de estas lecturas que serán el germen de sus ideas de acción. Se ha dicho que para el alemán, el lenguaje, desde que empezó a explorar el arte, “es un material que ha dado forma a su trabajo”.

Las instalaciones del museo permiten un despliegue óptimo de la producción. La obra emblemática del autor, titulada 1. Werkasatz (la primera serie fue iniciada en 1963 y finalizada en 1969), está conformada por 58 objetos/proposiciones como una sola. Obra germinal de donde salen muchas de sus propuestas, que desestabilizaron concepciones tradicionales de la escultura, explorando la significación del objeto y su relación con el espacio, sumándose el lenguaje y la fotografía para su discurso.

Al entrar a la sala se ha seleccionado una serie de fotografías que funcionan como instrumentos para la escultura en el campo expandido, que no pretendía ser una documentación, sino una manifestación de estas acciones performativas y del sitio elegido como espacio expositivo. Y al final el resultado genera una articulación interesante donde ninguna puede acabar siendo autónoma.

Sus dibujos nombrados como Dibujos de trabajo y Dibujos de planos siempre están presentes, acompañando sus piezas individuales que pertenecen también a su inquietud por el lenguaje y su representación.

La escritura, las palabras, el lenguaje, las imágenes son para el autor una fuente inagotable de experiencias que lo llevaron desde su infancia hasta la actualidad a explorarlas como órganos vitales que despliegan una serie de posibilidades conceptuales y visuales, donde la traducción y la imagen generan ejercicios y llevan al espectador a lo que Roland Barthes proclamaba: “… el nacimiento del lector como única entidad responsable de recolectar y unir las múltiples capas entretejidas en un texto, las referencias y connotaciones culturales, así como las sutiles implicaciones de ciertas palabras y conceptos. Todos estos elementos juegan un rol clave en cómo interpretamos una obra, ya sea visual o literaria”.

Por ello destacan la serie de esculturas de tela de diferentes letras y de gran tamaño, El nuevo alfabeto, 1990-1996, y las Configuraciones de pared, a través del diseño de un texto tridimensional.

Vale la pena subrayar que su trabajo no acabó teniendo una coincidencia específica con las corrientes artísticas de la época, como el minimalismo, el arte conceptual y el arte participativo, sino que se caracteriza ante todo por una relación muy particular entre el espectador y el objeto.

De esta manera surge la reflexión en torno al cuerpo como activador de las piezas para que surjan posibilidades de comunicación que trasciendan las palabras.

Retomando otro ensayo del catálogo escrito por la asistente curatorial María Emilia Fernández –donde resume con precisión el espíritu de la creación del artista–, se advierte que “su obra nos da la oportunidad de entender las limitaciones de nuestro propio sistema de pensamiento, condicionado por nuestra edad, nuestra geografía y nuestro idioma materno, entre muchas otras variables. Involucrarse con sus propuestas es arriesgarse a cuestionar la realidad, pero al trasgredir el orden establecido, también es probable que nos descubramos a nosotros mismos.”

El museo se encuentra en bulevar Miguel de Cervantes Saavedra 303, Granada, 11520. Miguel Hidalgo, CDMX. Las activaciones del accionar de las piezas son de martes a viernes de 13 a 16 horas, y sábado y domingo de 14 a 16. La muestra permanecerá abierta al público hasta septiembre próximo.

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