Bloque 1: Coincidencias discursivas y acusaciones

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Todo inició con recato y el tercer debate entre presidenciales estaba destinado, en su primer bloque, a la política económica que cada candidato planteaba… Excepto porque el aspirante de la coalición Por México al Frente, Ricardo Anaya, inició acusando una “brutal campaña” en su contra, las primeras intervenciones fueron, hasta cierto punto, coincidentes. Sería hasta la segunda mitad del bloque cuando, desviándose de los temas centrales, Anaya confrontó a Andrés Manuel López Obrador, el candidato de la alianza Juntos Haremos Historia, retándolo a responder si había beneficiado al contratista José María Riobóo, cuando fue jefe de gobierno de la capital del país.

–Te has convertido en lo que tanto criticabas–, le dijo el panista.

–No soy corrupto como tú -repuso el morenista.

Ese fue el mejor momento de Anaya y el peor de López Obrador durante el primer bloque del debate, pues el panista se vio cuestionado desde su primera intervención, respecto a su propuesta de inversión pública, aunque en realidad, en los cuatro candidatos había una idea persistente: acabar con la corrupción.

La innovación de esta edición de debate fue incluir lo que se planteaba en redes sociales. A partir de eso, la cuestión –realizada por el moderador Carlos Puig– fue si aumentarían o no los impuestos.

Anaya fue el primero. Su fórmula, según él sencilla, es una mayor inversión pública y duplicar el salario mínimo. Para ello, propuso disminuir el gasto corriente, pero no subir impuestos.

Una hipótesis planteada por el moderador Leonardo Curzio a López Obrador: si el país se queda sin el Tratado de Libre Comercio con América del Norte (TLCAN) ¿qué hará?

El exjefe de gobierno capitalino expuso que buscará que el TLCAN continúe, pero su apuesta está en fortalecer el mercado interno, detonar el desarrollo del campo y su fórmula es acabar con la corrupción, “cortar el copete de privilegios” en el gobierno y encausar mejor el gasto, sin aumentar impuestos.

Antes de responder, José Antonio Meade Kuribreña mandó saludos y buenos deseos a la selección mexicana de futbol. Continuó con una alusión, la primera del debate, hacia López Obrador: “esa película ya la vimos” y según él, resultará en 30 millones más de pobres.

También cuestionó al tabasqueño, esgrimiendo cifras de empleo y desempleo, aunque con un parámetro complejo: comparó generación de empleo conseguido cuando fue secretario de Hacienda con lo generado en la Ciudad de México durante la gestión obradorista.

Renuente a entrar en detalles de los diferentes señalamientos, el fundador de Morena replicó: “si así fuera, los capitalinos no nos apoyarían y estamos cuatro a uno en las preferencias”.

El turno de la moderadora Gabriela Warkentin indujo una perspectiva de género que, en principio, puso en aprietos a Meade Kuribreña. Le planteó cómo generar condiciones de igualdad, si el gobierno al que pertenecía no ratificó un convenio de la Organización Internacional del Trabajo. Los intentos de Meade por desviar el asunto derivaron en mostrar la caja de un video para mostrar la “película” que según él verá López Obrador cuando pierda la elección del 1 de julio.

Más tarde, la réplica del tabasqueño se centró en recordar que las condiciones de bajo crecimiento económico se había dado durante los gobiernos neoliberales de los que Meade formó parte. En tanto, Anaya respondió lo relativo a las mujeres reprochando que ganen 30% menos que los hombres y garantizando cambiar.

Fue el independiente, Jaime Rodríguez Calderón El Bronco, quien se complicó al verse confrontado con su propuesta donde expone eliminar el salario mínimo, pero que en el debate planteó como “crecer el ingreso”. Y ya, ante la presión del moderador, debió explicar con atropello, que el salario mínimo es una farsa construida en complicidad de empresarios y gobierno.

La primera fricción entre Anaya y López Obrador ocurrió cuando el primero planteó reducir el precio de la gasolina y el segundo, replicó que aquel, junto con Meade, eran “los padres del gasolinazo”. El panista expuso una gráfica diciendo que el votó en contra cuando era diputado, acusando al tabasqueño de mentir.

El tema social

La política social continuó el rumbo del debate. El expresidente nacional del PAN consideró que la mejor política social es el empleo bien pagado, para luego mencionar una de sus propuestas clave en la que, sin embargo, no abundó: un sistema social universal, esto es “dejar de usar programas sociales para controlar políticamente a la gente en pobreza” y concentrarlos en uno que genere infraestructura básica, política de ingreso, educación de calidad y salud.

López Obrador se explayó una vez más en combatir la corrupción. Siendo la política social su tema, se concentró en decir que los países con menos corrupción no tienen pobreza. Su insistencia fue en que la corrupción es la causa principal de desigualdad social y económica. Con lo que se ahorre en corrupción, se crearían empleos y programas de bienestar, dijo.

Meade redujo todo a que la gente no termina la preparatoria. Técnico como se supone que es, terminó simplificando el asunto para acusó a López Obrador de haber generado más pobres en la Ciudad de México cuando fue jefe de gobierno.

“Anda muy desesperado Meade, ¿yo qué culpa tengo de que estén ustedes empatados? Piensan que en este debate pueden remontar 30 puntos”, les dijo riendo al panista y al priista.

Fue entonces cuando se dio el desencuentro en torno al contratista José María Riobóo. Anaya mostró imágenes en las que el empresario acompañó a López Obrador, luego de perder en las licitaciones del Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAICM), y que después de eso, fue cuando el morenista empezó a criticar el proyecto aeroportuario.

Se trata, según Anaya, de 170 millones otorgados en diversos contratos por adjudicación directa sin licitar. López Obrador negó ser corrupto. Dijo que era un absurdo y, ya molesto, respondió: “no soy corrupto como tú”.

El momento se distendió por la interrupción de los moderadores que se apegaban al formato. Anaya retomó luego el asunto, al mostrar una dirección electrónica en la que colocaría los contratos, pero la nota de picardía de Rodríguez Calderón puso fin al desencuentro:

“Me divierto con ustedes. Dale un beso caón”.

Así, con coincidencias en combatir la corrupción y no aumentar impuestos, concluyó el primer bloque.

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