Debates: Un vuelco en la campaña que en tres oportunidades nunca fue

MÉRIDA, Yuc. (apro).- Con bandera del PRI en mano, entre consignas en favor del candidato José Antonio Meade, Laura sonríe y confiesa:

“Tres debates, para las cosas que dicen, se me hacen demasiados”, uniformada como parte del “grupo de apoyo” que el partido oficial llevó al Gran Museo del Mundo Maya de Mérida, conocido en Yucatán como monumento a la corrupción del mismo PRI por el sobreprecio en su construcción, que casi alcanzó los 800 millones de pesos.

Junto al grupo de animación tricolor se colocaron simpatizantes de Morena, con megáfonos y un par de consignas, enjundiosos por lapsos.

En favor de Ricardo Anaya y Jaime Rodríguez “El Bronco”, en las calles, no hubo nada.

Así, con 900 efectivos de seguridad que blindaron la zona como testigos, se enmarcó el último de los tres debates presidenciales en el único estado -de nueve en disputa gubernamental- en el que el PRI está primero en las encuestas.

Y así, de la mano de su esposa Juana, al borde de las ocho de la noche, apareció José Antonio Meade. Sonrió a su pequeña multitud e hizo una breve escala ante los medios de comunicación.

-¿Qué nos dice de la compra de votos en la sede del PRI nacional que se publicó esta semana?- le cuestionó la prensa, borrándole la sonrisa.

-Vamos a ganar con contundencia- respondió y pegó la media vuelta.

“El Bronco” se le había adelantado en la llegada y Ricardo Anaya lo sucedió, como en los debates anteriores, sin parar más que unos segundos ante reporteros y camarógrafos y entre abucheos de priistas y morenistas.

El último en llegar, como en cada debate e ignorando los sorteos preestablecidos, fue Andrés Manuel López Obrador. A 19 días de la elección, lejano en la cima de las encuestas, llegó de buen humor.

De guayabera, a pesar de que aclaró que acataría la decisión de vestir de traje durante el debate, se detuvo frente a los medios de comunicación y lanzó victorioso: “Este debate va a ser definitivo. Van a ser unas elecciones históricas. No sólo se van a elegir autoridades; se va a elegir el destino del pueblo y de la nación. Juntos haremos historia”.

En un anexo al museo se dispuso la zona de invitados al debate. Por vez primera en estos encuentros, funcionarios del INE, equipos y simpatizantes de todos los candidatos compartieron el mismo espacio para presenciar la discusión.

Se esparcía el ánimo de que el de este martes sería la crónica de una disputa por el segundo lugar y un rumor de que 15 minutos antes de que iniciara el debate una página anónima difundiría un golpe letal filtrado por el gobierno contra Ricardo Anaya.

La ansiedad por el encuentro era distinta entre simpatizantes de los distintos cuadros.

Por los frentistas desfilaron Diego Fernández de Cevallos, Agustín Basave, Santiago Creel, Emilio Álvarez Icaza, Dante Delgado y Salomón Chertorivski.

Los priistas estuvieron encabezados por Emilio Gamboa, René Juárez y Beatriz Paredes.

Del grupo de López Obrador, Yeidckol Polevnsky, Julio Scherer Ibarra y Víctor Villalobos fueron los de mayor rango.

Las nueve de la noche rompió la espera y la imposición de la convivencia derivó en un enfrentamiento sui géneris: dirigentes de todos los partidos en una competencia de porras.

No importaba qué dijeran sus abanderados. Muchas veces ni siquiera podían escucharse los argumentos, del nivel que fueran. Los aplausos para cada líder arrancaban una andanada de aplausos. La competencia era por los decibeles en un escenario con sillas vacías donde la sustancia eran anécdotas de las que ya se enterarían en redes sociales o en el café de la mañana.

Pero avanzaron los minutos, el tedio cubrió la sala. En los ojos de los que van detrás de las campañas permeó la sensación de que los debates no habían sido más que leyendas o promesas de un vuelco en la campaña que en tres oportunidades nunca fue.

Comentarios