El aborto en las dos Irlandas

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- El pasado 25 de mayo, en la República de Irlanda se llevó a cabo un referéndum para derogar la Octava Enmienda de la Constitución. En 1983 los grupos mal llamados “pro-vida” lograron, también vía un referéndum, establecer la protección constitucional a la vida del no nacido, lo que impidió regular el aborto voluntario. Así, durante 35 años, la vida de los nonatos tuvo el mismo valor que la de las mujeres. A lo largo de este tiempo, varios grupos de profesionales del derecho y la medicina alertaron acerca del riesgo que dicha enmienda implicaba para la vida de las mujeres en casos de complicaciones en el embarazo. 

Muchas personas y organizaciones, como Sinn Féin y el Partido de los Trabajadores de Irlanda, se opusieron a la Octava Enmienda e incluso el Consejo Irlandés de Iglesias (representando a las principales congregaciones protestantes) hizo campaña en contra de ella. Activistas feministas, sindicatos y figuras simbólicas como Mary Robinson (quien fue presidenta de la República de Irlanda de 1990 a 1997, y de 1998 a 2005 se desempeñó como Alta Comisionada de la Organización de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos) organizaron una Campaña Antienmienda.

Sin embargo, ésta última iniciativa no tuvo impacto hasta que, en octubre de 2012, ocurrió la muerte de Savita Halappanavar, una joven odontóloga de origen indio. Savita se quejaba de intensos dolores de espalda, por lo que su esposo la llevó al Hospital Universitario de Galway. Savita tenía 17 semanas de embarazo y estaba sufriendo un aborto espontáneo. Los médicos rechazaron terminar el procedimiento porque, dijeron, el corazón del feto aún latía. “Este es un país católico”, expusieron. 

Savita soportó durante dos días los intensos dolores, hasta que el corazón del feto dejó de latir; entonces se lo extrajeron. Pero fue demasiado tarde, pues ya tenía una septicemia que le provocó la muerte. Este trágico incidente redimensionó la lucha en contra de la enmienda. Se fundó la Abortion Rights Campaign y empezó una movilización digital con el hashtag #RepealThe8th (Revocad la 8ª). 

La coalición de grupos y personas por el derecho a decidir logró que durante la campaña electoral para los comicios generales de 2016 varios partidos (el Laborista, el Verde, el de los Trabajadores de Irlanda y Sinn Féin​​) se comprometieran a hacer un referéndum para revocar la Octava Enmienda; incluso el ministro de salud, Simon Harris, declaró su apoyo al referéndum para revocar la octava.

Los resultados oficiales confirman una victoria arrolladora del “sí” a la derogación de la Octava Enmienda (que implica liberalizar el aborto): 66.4% a favor, 33.6% en contra. Se contaron 2 millones 153 mil 613 votos, de los cuales la derogación tuvo 1 millón 429 mil 981, frente a los 723 mil 632 votos en contra. Con las cifras oficiales de las 40 circunscripciones en las que se divide el país, se vio que la única circunscripción en la que ganó el “no” fue Donegal, y por un margen irrisorio. El anhelo de legalizar el aborto contó con más apoyo en las zonas urbanas (71%) que en las regiones rurales (60%), y fueron los jóvenes quienes más lo apoyaron: arriba de 80%; 65.9% de hombres y 72.1% de mujeres votaron por la derogación. 

El primer ministro irlandés, Leo Varadkar, destacó que una victoria tan holgada supone una “revolución silenciosa” y anunció que una nueva ley de interrupción voluntaria del embarazo durante las primeras 12 semanas –igual a la que tiene la CDMX– podría estar en vigor a finales de este año. Así Irlanda, un país de fuerte tradición católica, tendrá “una constitución moderna para un país moderno”. 

Simon Harris, el joven ministro de Salud irlandés –¡de 31 años! y el rostro público del gobierno a favor de la campaña del “sí”– declaró: “Con la Octava Enmienda lo único que podíamos decirles a las mujeres es que tomaran un avión. Ahora el país está diciendo que no a esto: dadnos la mano”. Michéal Martin, líder del Fianna Fáil, partido de la oposición, apoyó el “sí” frente a la negativa de la mayoría de su partido. A los que han votado “no”, Varadkar les ha asegurado que Irlanda “es el mismo país que el de la semana pasada, sólo que un poco más amable, un poco más tolerante y un poco más moral”.

El impacto de esta victoria llegó hasta Argentina, donde el pasado lunes 4 de junio decenas de miles de personas salieron a las calles con pañuelos verdes, el color que identifica la campaña por el aborto legal, seguro y gratuito. “Aborto legal en el hospital”, coreaban las manifestantes, en su mayoría adolescentes, mientras se dirigían al Congreso, donde el próximo miércoles 13 se votará el proyecto de ley para despenalizar la interrupción voluntaria del embarazo. 

Tanto Irlanda como Argentina son países de mayoría católica, y habrá que ver hasta dónde los legisladores toman nota de lo que significa lo ocurrido en Irlanda o, al contrario, temen que Jorge Bergoglio se enoje. Por otra parte, ¡hasta cuándo el Vaticano aceptará lo que la ciencia ya sabe sobre las etapas de desarrollo neurológico del ser humano! Justo ese conocimiento médico es el que ha sostenido el sistema de plazos de las legislaciones sobre aborto y ha difundido la pastilla abortiva (que NO es la píldora del día después, sino otra distinta).

Este análisis se publicó el 10 de junio de 2018 en la edición 2171 de la revista Proceso, antes de que en Argentina se votara a favor del aborto.

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