Gran Bretaña: se extiende el suicidio en los menores refugiados

LONDRES (apro).- Pocos días después de haber cumplido 18 años en noviembre pasado, el refugiado eritreo Filmon Yemane se quitó la vida en un hostal del norte de Londres, donde había sido enviado después de arribar a Inglaterra procedente del campo de inmigrantes de Calais, en el norte de Francia.

Su amigo Alexander Tekle, también de 18, se suicidó un mes después en otro hostal de Londres, exactamente a un año de haber llegado al país escondido en la parte trasera de un camión refrigerado.

Otro adolescente procedente de Eritrea, de 19 años y sólo identificado con la letra N por razones judiciales, se quitó la vida en mayo último en el mismo hostal de Londres donde Yemane había sido encontrado sin vida.

Los tres eritreos habían escapado sin sus familias de su país de origen y tras meses de fuga por Europa- incluyendo un peligroso cruce en pateras por el Mediterráneo desde Libia a las costas de Italia- lograron llegar al campo de refugiados francés de Calais, conocido como ‘La Jungla’ por sus pésimas condiciones sanitarias y de infraestructura. Los tres tenían la esperanza de cruzar a Inglaterra y así poder rearmar sus vidas.

Un cuarto joven de Eritrea, que esperaba desde hacía varios meses en Londres por su solicitud de asilo político, también se suicidó el año pasado en la capital británica, ante la desesperación de su caso y el miedo a ser deportado a su país.

Estos son sólo algunos de decenas de casos de jóvenes solicitantes de refugio en el Reino Unido que terminan quitándose la vida, como consecuencia de la creciente burocracia, negligencia y falta de apoyo de las autoridades hacia inmigrantes desesperados.

La situación ha empeorado en los últimos años tras las polémicas reformas al sistema inmigratorio del país, impulsadas por el actual gobierno conservador de la primera ministra Theresa May. Dichas reformas están haciendo cada vez más difícil a los solicitantes de refugio o asilo obtener rápidamente una decisión de sus casos. En algunos casos, las decisiones llegan a tardar hasta cinco años.

“Desesperados”

Una investigación oficial por la muerte de Yemane, iniciada en abril pasado, reveló que el joven eritreo se encontraba “profundamente desesperado” días antes de haberse quitado la vida. Varios empleados del hostal YMCA del norte de Londres donde fue hallado muerto informaron a las autoridades que Yemane sufría de problemas mentales, agravados por una depresión como consecuencia de las incertidumbres y demoras por su caso de asilo.

Las autoridades judiciales también investigan la muerte de Tekle, luego de abrir una pesquisa el mes pasado que aún sigue en curso.

Los cuatro jóvenes eritreos atravesaron experiencias muy traumáticas, habiendo escapado de un sangriento conflicto bélico en su país y múltiples peligros de vida hasta llegar a Inglaterra, incluyendo la violencia diaria en el campo de Calais y el viaje escondidos en la parte trasera de camiones con acoplados.

Pero de acuerdo con las primeras evidencias en las investigaciones judiciales de Yemane y Tekle, el estado mental de esos jóvenes se deterioró en gran medida debido al estrés generado por el burocrático sistema de inmigración en el Reino Unido.

Hamid, otro solicitante de asilo procedente de Eritrea y que conocía a tres de los jóvenes que se quitaron la vida, dijo que Alexander Tekle como ’N’, estaban muy preocupados por la tardanza del Ministerio del Interior (Home Office) para decidir sus casos, y si lograrían obtener el asilo político para permanecer en el país.

Hamid, que también espera una decisión de las autoridades migratorias por su caso de refugio, dijo que lleva más de tres años esperando desde su llegada a Inglaterra, cuando tenía 15 años, y aún no sabe si podrá seguir en el país o será deportado.

“Alex y yo éramos muy buenos amigos. Era un chico maravilloso, pero al final se le estaban yendo las ganas de vivir”, contó Hamid al dar testimonio en la causa judicial.

“Estaba muy estresado acerca de la demora del Home Office. Todos estamos estresados por eso. Traté de decirle que no se preocupara demasiado, pero él no dejaba de pensar en ello. Me decía: ‘Una vez que tienes los papeles, puedes recomenzar tu vida, ir a estudiar’. Quería trabajar, quería enviarle dinero a su madre. Sin los papeles, no podía obtener ningún empleo”, contó el joven.

Hamid dijo no estar seguro si Yemane también estaba preocupado por su estatus inmigratorio y las demoras en su caso, pero sí confirmó que ’N’ estaba “muy ansioso” acerca de si sería aceptado o no para residir en el país.

“Estaba muy preocupado por la decisión del Home Office, especialmente en el caso que decidieran enviarlo de regreso a Eritrea. Le estresaba mucho todo eso”, agregó.

Aunque el Ministerio del Interior británico confirmó que no está deportando a ningún ciudadano de Eritrea a su país debido a que considera esa nación como “muy peligrosa”, sí dijo que los jóvenes solicitantes de asilo que cumplen 18 y no reciben respuesta por sus casos, terminan en un limbo legal, sin poder trabajar o estudiar y bajo riesgo de ser trasladados a centros inmigratorios de detención en caso de no abandonar el país de forma voluntaria.

Benjamin Hunter conoció a Tekle mientras trabajaba como voluntario con refugiados en Calais. Entonces Tekle tenía 16 años.

Hunter mantuvo contacto con el joven cuando este último logró ingresar a Inglaterra. “Alex había pasado por experiencias muy traumáticas para llegar al Reino Unido, en especial en Libia y en Calais, donde había vivido en una tienda de campaña muy precaria durante un año, y donde había sido víctima de abusos y negligencia”, contó Hunter.

Las autoridades inmigratorias no lograron identificar con exactitud la edad de Tekle, y lo clasificaron como ‘adulto’, enviándolo a un centro de refugiados para mayores de 18 años. Hunter explicó que poco después, el joven quedó sin lugar donde vivir, y terminó durmiendo en la calle. “Para aliviar su estrés bebía mucho, su estado mental se deterioró rápidamente”, contó el trabajador voluntario.

Según Hunter, en lugar de recibir el apoyo y ayuda del Estado que necesitaba “de forma desesperada”, tras su arribo a Gran Bretaña Tekle “fue víctima de negligencia y no se lo trató como un menor de edad, como debía haber pasado”.

“Se lo envió a un hostal para inmigrantes adultos, donde fue abusado físicamente. Alex estaba muy estresado por el bienestar de su familia, por las incertidumbres de su caso y en particular por el peligro de ser deportado. Lo último que me dijo, un día antes de quitarse la vida, fue: ‘¿Por qué aún no me enviaron los papeles, como a mis amigos?’”, contó.

El padre de Tekle, Tecle Sium Tesfamichel, un refugiado que vive en Sudán, dijo que más allá de la tragedia de haber perdido a un hijo, quiere asegurarse ahora “que esto no le vuelva a pasar a ningún otro niño o joven que espera por su caso de refugio”.

“Estos menores, que tienen que abandonar su hogar por razones externas a ellos, terminan traumatizados de por vida al realizar un viaje peligroso por el desierto y el mar. Es responsabilidad de las autoridades velar por ellos y guiarlos, especialmente cuando llegan solos al Reino Unido. No deberían morir así”, afirmó Tesfamichel.

Por su parte, el bufete de abogados Bhatt Murphy, que representa a la familia de Tekle, indicó que pedirá al juez de instrucción a cargo de la causa investigar las acciones de las autoridades locales encargadas de velar por el joven, incluyendo la provisión de vivienda, los errores cometidos al categorizarlo mal por su edad y la falta de acceso a servicios de salud mental.

Una voluntaria eritrea que trabaja en Inglaterra con jóvenes solicitantes de asilos provenientes de ese país africano, indicó el pasado 16 de junio al periódico The Guardian que los menores de edad enfrentan cada vez más presiones al llegar a Gran Bretaña.

“Primero el viaje terrible al que se sometieron, después la llegada y recepción aquí, que no es la que esperaban. Sienten que no son bienvenidos. Todo es completamente diferente a lo que se imaginaban. La soledad, las barreras por el idioma, la falta de una vivienda digna. Esto termina empeorando mucho su salud mental”, dijo la mujer.

“Estrés extremo”

El problema cada vez mayor de depresión, ansiedad y suicidio en niños y adolescentes que esperan por sus casos de refugio y asilo, ha sido documentado por varias organizaciones no gubernamentales.

Entre ellas, la Children’s Society de Londres, que concluyó en un reciente informe publicado en el país que las experiencias traumáticas de decenas de esos menores inmigrantes, incluyendo guerras, hambrunas, persecuciones y explotación, “se suman a los problemas que enfrenta al llegar a Inglaterra, donde terminan siendo víctimas de demoras y burocracia por sus casos de refugio, agravando su situación de salud mental”.

Sam Royston, director de políticas de esa entidad benéfica, indicó por su parte que en muchos casos “esos niños y adolescentes no reciben la ayuda ni el apoyo que necesitan”.

“Nuestras investigaciones y entrevistas con trabajadores y voluntarios del sector indican que lamentablemente muchos jóvenes inmigrantes se auto-lesionan, intentan suicidarse y hasta logran quitarse la vida”, señaló el directivo.

En tanto, un estudio encargado por la Comisión para la Infancia en el Reino Unido y publicado en noviembre pasado, advirtió que las demoras del Ministerio del Interior a la hora de procesar casos de solicitudes de refugio y asilo están causando muertes.

“Los testimonios de niños migrantes demuestran cómo la experiencia diaria de incertidumbre y espera puede llevar a un estado de parálisis mental y depresión, afectando seriamente su bienestar”, destacó el documento.

Elaine Chase, una académica británica que entrevistó a más de 60 niños y adolescentes migrantes que llegaron al Reino Unido sin sus familias, y que elaboró un informe titulado ‘Becoming Adult’ (Volviéndose adultos), dijo que al menos un tercio de esos menores sufrieron algún tipo de problema mental grave, desde ansiedad y depresión profunda, hasta intento de suicidio, debido a las demoras del Ministerio del Interior.

“Un adolescente de 18 años intentó suicidarse y terminó en un centro de salud mental, pero luego se lo amenazó con que debía pagar por esos servicios o sería deportado a su país”, indicó Chase.

Jennifer Allsopp, que colaboró con esa investigación, dijo que muchos de los niños y jóvenes migrantes en el país tienden a sufrir más problemas mentales vinculados con las incertidumbres por su estatus legal, que por las experiencias traumáticas del pasado.

“Para ellos, un buen estado de salud mental depende de si pueden trabajar o estudiar, si pueden mejorar sus vidas. Sin los papeles es muy difícil, casi imposible, lograrlo”, señaló.

En tanto, Rosalind Compton, abogada experta en temas de inmigración que trabaja para el grupo benéfico Centro Legal Coram para Menores, dijo que muchos niños y adolescentes solicitantes de refugio “atraviesan niveles de estrés extremos”.

La jurista contó el caso de un solicitante de refugio, de 18 años, que intentó suicidarse en diciembre pasado ante la falta de respuestas por su caso después de años de espera. “Es imperativo que el Estado británico mejore el apoyo de salud mental a menores solicitantes de refugio. De otro modo, la tragedia seguirá y empeorará”, advirtió.

Liz Clegg conoció a Alexander Tekle durante los dos años que pasó trabajando como voluntaria en el campo de refugiados de Calais, ayudando especialmente a menores y adolescentes. La mujer dirige ahora un centro en Birmingham (centro de Inglaterra) para apoyar a aquellos jóvenes inmigrantes que llegaron al Reino Unido.

“Él era encantador. Lo recuerdo subiendo a mi auto y cantando una canción de la radio. Era un chico genuino, divertido y sociable”, explicó.

Según Clegg, muchos menores como Tekle “quedaron destruidos” por la experiencia de vivir en Calais a la espera de cruzar a Gran Bretaña.

“Esa experiencia tuvo un efecto profundo en muchos de ellos. A eso se suma la fantasía de creer que una vez en Inglaterra todo será un paraíso. Esto termina siendo la cosa que rebalsa el vaso. Se dan cuenta que el sueño no era sueño, que en realidad era una pesadilla”.

En teoría, Gran Bretaña otorga la residencia temporal a todos los menores que arriban al país como inmigrantes, pero en caso de no ser aceptados como refugiados o asilados, les exige que una vez que cumplan la mayoría de edad regresen a sus países de origen.

Muchos de esos menores no logran recolectar la evidencia adecuada para demostrar que sí tienen derecho al refugio en el Reino Unido.

“Ese proceso es muchas veces engorroso y sin ayuda legal adecuada, pierden toda protección y se ven amenazados con la deportación”, explicó Clegg.

“Es un proceso de pesadilla, y en la mayoría de los casos no lo entienden. Ninguno de estos menores ha leído la Convención de Ginebra y no tienen la menor idea qué es un proceso de refugio. Muchos de estos menores creen que una vez que arriban al Reino Unido, todos sus problemas desaparecerán. Pero en general ocurre lo opuesto. El sistema inmigratorio se vuelve muy hostil y se les vuelve en contra”, agregó.

Por su parte, el Ministerio del Interior emitió un comunicado en el que “reconoce” que algunos menores solicitantes de refugio sin sus familias escaparon de la persecución que sufrían en sus países de origen y experimentaron viajes muy peligrosos antes de llegar al Reino Unido.

“Estamos responsabilizados a dar una respuesta por estos casos de refugio lo antes posible, y nos aseguramos de evaluar cada caso y su complejidad. Los menores sin sus familiares quedan bajo tutela de las autoridades locales, que están obligadas a velar por sus necesidades individuales, incluyendo apoyo por salud mental”, destacó el comunicado oficial.

Para el joven Hamid, que perdió a tres de sus amigos por suicidio en un período de seis meses, la espera por una decisión oficial “mata” vidas.

Su propia situación legal está en un limbo. El joven recibió hace algunas semanas una carta del Ministerio del Interior en la que se le indicaba estar en riesgo de ser detenido y posiblemente deportado. No puede trabajar ni estudiar.

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