Peña y Juárez, desdeñados para la labor de “reconstrucción” del PRI

Cuestionamientos a su dirigencia, exigencias de rendición de cuentas y reclamos de unos contra otros han surgido después de la catástrofe electoral del PRI el 1 de julio. Sus restos son objetos de una abierta disputa entre diversas corrientes del partido, en tanto se confirma que éste no sólo perdió posiciones políticas, sino dejará de percibir una parte sustancial de sus prerrogativas económicas. ¿Dónde quedaron los 20 millones de votos que prometió Aurelio Nuño? ¿Dónde quedó el peso específico del presidente priista Enrique Peña Nieto?

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Ante la peor catástrofe electoral del PRI en sus casi 90 años de existencia, tras las votaciones del domingo 1 de julio la dirigencia nacional comenzó a tambalearse por las duras críticas de diversas corrientes que exigen rendición de cuentas, cambio en la presidencia y una asamblea nacional para iniciar la refundación del partido.

Durante varios días grupos y personajes cuestionaron públicamente a la cúpula del PRI, a cargo de René Juárez Cisneros, así como al candidato presidencial, José Antonio Meade, su coordinador de campaña, Aurelio Nuño, y hasta al presidente Enrique Peña Nieto, acusándolos de ser responsables de la derrota.

Ante el riesgo de que la organización se fracture, Juárez Cisneros pidió unidad interna, pero al mismo tiempo calificó de “carroñeros” a los que han exigido un ajuste de cuentas ante la derrota sin precedentes en las urnas.

De acuerdo con el artículo 178 de los estatutos del PRI, Juárez Cisneros –que llegó en mayo como interino a la presidencia del PRI– tendría que permanecer en el cargo hasta por 60 días, tras los cuales tendría que haber convocado al Consejo Político Nacional para elegir al presidente sustituto que se quedaría al frente del partido hasta concluir el actual periodo de cuatro años. 

Saltándose ese artículo, el exgobernador de Guerrero se negó a dejar la presidencia del PRI y, de acuerdo con algunas versiones que corren en el partido, pretende renunciar hasta marzo del año que viene y dejar en la dirigencia a Mikel Arriola, integrante del grupo de Aurelio Nuño y José Antonio Meade, así como a Héctor Hugo Olivares Ventura, que representa al sector más antiguo del priismo.

Fuera de la cúpula priista, el exgobernador de Oaxaca Ulises Ruiz demandó que salga Juárez Cisneros y se convoque a una asamblea nacional para elegir una nueva presidencia con el fin de empezar el largo camino de la refundación del PRI.

La noche negra 

La preocupación por el destino inmediato del PRI comenzó a manifestarse la noche del domingo, al conocer los resultados de la jornada electoral: Meade apenas alcanzó 16% de la votación, la más baja de todos los candidatos presidenciales que ha tenido el PRI. No ganó ni siquiera en su casilla en donde votó por él mismo.

César Augusto Santiago, exsecretario de elecciones del PRI, advierte en entrevista que el fracaso se debió a la contradicción de que Meade fuera candidato presidencial de un partido con el que no comulga, cuya historia y cultura ignora, además de que siempre manejó un discurso de ultraderecha, por lo cual recibió el apoyo de los empresarios más conspicuos de México, pero la agente lo abandonó. 

Además, señala que la campaña no tuvo rumbo ni estrategia: “Fue una campaña mecánica, vieja, porque el candidato hizo muchos mítines, pero siempre con la misma gente y con un discurso de ultraderecha. La gente que respondió con su voto fue por lealtad al partido y si no se dan cuenta de eso pues vendrán peores resultados”.

De ahí se explica que el PRI haya perdido también las nueve entidades donde hubo elección para gobernador, que en estados como Morelos se haya ido hasta el quinto lugar y en entidades emblemáticas como Zacatecas o el Estado de México haya ganado un solo diputado federal. De hecho, en el municipio emblemático de Atlacomulco, la cuna del priismo mexiquense, perdió ante Morena.

Fue tan baja su votación que el PRI tendrá la menor representación en el Congreso de la Unión en toda su existencia, con 13 senadores y 45 diputados, menos que el Partido del Trabajo, que tendrá 62, y el Partido Encuentro Social, con 55.

Una de las consecuencias, advierte César Augusto Santiago, es que el monto de más mil 100 millones de pesos que el PRI recibió este año, se reducirá considerablemente el próximo año.

“En el PRI no han entendido el tamaño del problema en el que se han metido; primero, porque no puede vivir sin volúmenes importantes del financiamiento público porque tiene una gran estructura, que con el paso del tiempo se ha mantenido pagada. Todo se volvió dinero, montañas de dinero para pagarles a los representantes de las casillas y, naturalmente, si el PRI no se ha dado cuenta que ya no tendrá dinero para pagar esa enorme burocracia, es porque no han digerido el tamaño de la derrota.”

Enfatiza que ya no alcanzará para que sus dirigentes tengan oficinas enormes, coches blindados, secretarias y consultores para redes sociales:

“Ya no habrá dinero ni para pagar una encuesta y ahora siguen actuando como si fuera el gran partido que ya no es. René Juárez Cisneros ha citado a los gobernadores, a los líderes de las cámaras y hasta a los dirigentes estatales en una reunión que tiene una forma vieja, antigua, que ya fracasó; no se dan cuenta de que ese modelo es el que repudió la gente”. 

Esta disminución en las prerrogativas puede ser más grave que la de 2006, cuando también perdieron la elección presidencial y pasaron a ser tercera fuerza política en el Legislativo. Entonces el impacto fue de tal magnitud que tuvieron que despedir al 80% de sus empleados, al 20% restante le pagaron la mitad de su salario; cerraron dos de los tres edificios que hay en su sede y ocuparon sólo dos pisos del único que funcionaba.

Lucha por los escombros

Nadie en el PRI esperaba esta debacle. En la campaña, Aurelio Nuño estimó que Meade rebasaría la votación que tuvo Enrique Peña Nieto (19 millones de votos), mientras que el expresidente del partido Enrique Ochoa Reza aseguró que su candidato ganaría con más del 40% de la votación, y Juárez Cisneros sostuvo que tenían un ejército de 8 millones de activistas que trabajarían para obtener la victoria.

“¿Dónde quedaron los 20 millones de votos que prometió Aurelio Nuño? ¿Dónde está el 40% de los votos que cacaraqueó Enrique Ochoa Reza? ¿Dónde están los 8 millones de promotores del voto que aseguró tener René Juárez Cisneros para el día de la elección?”, cuestionaron César Augusto Santiago y Ulises Ruiz, quienes fueron de los primeros en criticar el papel de los dirigentes del partido y del equipo de campaña de Meade.

La pelea interna en el PRI comenzó al día siguiente a la votación. La corriente Democracia Interna, de Ulises Ruiz, pidió una explicación a Nuño y Meade por la derrota y exigió la renuncia inmediata de la dirigencia encabezada por René Juárez Cisneros y convocar lo más pronto posible a una asamblea nacional.

Esta corriente, de 400 miembros, acusó al presidente Enrique Peña Nieto y a su grupo, principalmente a Aurelio Nuño, así como a la dirigencia del partido, de los errores que llevaron a la derrota.

“El presidente Peña y sus funcionarios de primer nivel en el gobierno, principalmente quienes han estado encargados del combate a la inseguridad, a la pobreza, y quienes cometieron actos de corrupción o quienes se debieron dedicar a erradicarla, son responsables en gran medida del resultado electoral. Exigimos que así lo asuman para que no pretendan influir en la reconstrucción del partido, entiendan que no tienen cabida en la reconstrucción del PRI. Ocúpense mejor de entregar ordenadamente el gobierno y las dependencias y entidades que están a su cargo”, manifestó la corriente encabezada por Ulises Ruiz.

Reiteró que el mismo grupo en el gobierno es el principal responsable de la debacle por abrir el partido a candidatos externos y cerrar los espacios a la militancia. 

También los acusó de imponer decisiones y candidaturas a placer, promover cambios a los documentos del PRI “que atentaron contra las posibilidades democráticas con el pretexto de hacer más fácil la toma de decisiones, con frivolidad, con prepotencia, auxiliados por una clase política que se prestó a esa humillación a los priistas de todo el país; con la complicidad de gobernadores, dirigentes de sectores y organizaciones y los mismos de siempre, esos iluminados cuyas acciones se convirtieron en una gran traición”.

A su vez, César Augusto Santiago demandó que se restituya la democracia interna en el PRI y se recupere su proyecto de nación, sobre todo porque desde su punto de vista la votación del 1 de julio mostró que México no es un país capitalista, no de burócratas de Hacienda, “sino un país socialdemócrata, nacionalista y patriota”.

En contraparte, Juárez Cisneros se reunió el lunes 2 y el martes 3 con los gobernadores, los coordinadores parlamentarios y representantes de la estructura del PRI. “No es momento para dividir”, les dijo, y calificó de “carroñeros” a quienes critican a la dirigencia. 

César Augusto Santiago respondió: “Señor René Juárez Cisneros: ¿el partido que usted dirige ya es carroña? Porque si usted llama carroñeros a los que opinan diferente a su grupo es que usted ya se asume en la carroña. Pero creo que no; el PRI es un partido al que deliberadamente en seis años lo aniquilaron”.

–¿Por qué dilapidó el PRI lo que tenía hace seis años?

–Hay que preguntarles a los últimos dirigentes del partido por qué no hicieron nada para poner al PRI como un gran partido, porque dilapidaron el potencial de manera irresponsable. No es posible que no entiendan que lo fundamental de un partido es su oferta social. Quienes deben rendir cuentas son los últimos dirigentes del partido, que le digan a la gente por qué  guardaron silencio ante los hechos de Ayotzinapa, Tanhuato y el gasolinazo, que expliquen qué pasó con los 8 millones de activistas que dijeron que tenían, cuáles son las cuentas de la campaña. 

Con 50 años de militancia, insiste en que la solución a una crisis como la presente es la democracia interna del partido y la rendición de cuentas: 

“Yo sugiero que se ponga en marcha un programa para democratizar al PRI, revisar la presidencia de René Juárez Cisneros de acuerdo a los estatutos, convocar de manera inmediata a una asamblea nacional y que le den la autorización a Claudia Ruiz Massieu, porque le corresponde, para que conduzca los trabajos de esta asamblea, que debe ser fundacional.”

–¿Rendición o ajuste de cuentas?

–No creo en el ajuste de cuentas. Hay que dar el beneficio de la duda, tienen que rendir cuentas, explicar por qué fue la derrota, por qué siguieron con una estrategia sin rumbo y dónde quedaron los 8 millones de activistas, si les pagaron o qué paso con ellos.

Este texto se publicó el 8 de julio de 2018 en la edición 2175 de la revista Proceso.

Acerca del autor

José Gil Olmos, reportero desde 1998. Colaboró en el periódico El Nacional y en el diario La Jornada. Desde el 2001 es reportero de la revista Proceso. Es autor de Los Brujos del Poder, La Santa Muerte la virgen de los olvidados, Los reporteros mexicanos en la guerra de Chiapas y Batallas de Michoacán.

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