Ángel de Campo “Micrós”, a 150 años de su nacimiento

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Doctor en Literatura Hispánica, el investigador de El Colegio de México, Rafael Olea Campos, cuenta que la muerte de Ángel de Campo, conocido como Micrós, ocurrida a principios de febrero de 1908, enlutó la columna dominical “La semana alegre”, que el periodista había publicado desde el 2 de abril de 1899 en El Imparcial.

La muerte del también escritor a la edad de 39 años de edad “acallaba una voz que desde fines de la década de 1880 había hecho una sustancial contribución al periodismo y a la literatura mexicanos; porque para él, como para sus contemporáneos, el ejercicio del periodismo y la escritura que hoy llamaríamos literaria construían una misma realidad”.

Así escribe sobre quien igualmente usó el alias de Tick-Tack, el también doctor en Lenguas Romances, en el ensayo “Sentimentalismo e ironía en Ángel de Campo”, publicado en la Revista Filológicas del Centro de Estudios Literarios de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en 2005 (https://revistas-filologicas.unam.mx/literatura-mexicana/index.php/lm/article/view/503/502).

Ángel Efrén de Campo y Valle, nombre completo de Micrós, nació en la Ciudad de México el 9 de julio de 1868. Atento siempre a los detalles de la historia, el poeta José Emilio Pacheco recuperó textos desconocidos del novelista y diplomático Federico Gamboa, quien escribe sobre su contemporáneo Micrós que por “extraña coincidencia, que yo encuentro simpática y significativa”, su nacimiento ocurrió “en la casa número 23 de la calle del Puente Quebrado, a dos casas de distancia de la que falleciera el Pensador Mexicano (José T. Cuéllar)”. (https://cdigital.uv.mx/bitstream/handle/123456789/7274/19765P170.pdf;jsessionid=25E79495E572B3F9A220642FB70C8125?sequence=2).

Gamboa describe a De Campo como “mejor apercibido que Cuéllar, porque surgió después, con un instinto artístico mucho más definido y exquisito y una tierna sensibilidad, fiel espejo de su temperamento neurópata y de par en par abierto a todas las compasiones, se presentó este delicioso autor de cuentos, novelas y artículos literarios”.

Para el autor de Santa, quien conoció al periodista en la Preparatoria e hicieron amistad junto con Luis González Obregón, Luis G. Urbina y Victoriano Salado, entre otros personajes, Micrós tuvo importantes influencias literarias:

“El abolengo literario de Micrós es indudable, desciende derechamente de Carlos Dickens y Alfonso Daudet; posee los defectos y excelencias que singularizan al novelista de Landport y al novelista de Nimes, su minuciosidad y conmiseración hacia los desgraciados y hasta hacia los animales; como al autor de Bleak House puede reprochársele que su estilo no llegue a clásico, que a las veces sea vulgar aunque ampliamente compensado por lo exacto y pintoresco de la expresión; y como el autor de Sapho, una sensibilidad indiscreta de cuando en cuando, estilo inquieto y febril, falto de equilibrio y plenitud, hasta la regularidad gramatical”.

En Material de Lectura de la UNAM, la investigadora María del Carmen Millán cuenta que De Campo se inició en el periodismo en 1885, luego de haber dejado sus estudios de medicina por problemas económicos. Quedó huérfano de madre en la infancia y ello lo obligó a hacerse cargo de sus hermanos menores. Fue alumno del escritor Ignacio Manuel Altamirano (Clemencia, El Zarco y La Navidad en las montañas, entre otras obras), discípulo a su vez de Ignacio Ramírez El Nigromante.

Considerado como “uno de los más destacados escritores costumbristas”, según la Enciclopedia de la Literatura en México (elem.mx), Ángel de Campo fue autor de cuento, novela, poesía y crónica. Fue colaborador de El Liceo Mexicano, El Partido Liberal, Revista México, Revista de la Sociedad de Artes y Letras, El Nacional, entre otras ediciones, donde publicó “La semana alegre”.

Micrós murió enfermo de tifo el 8 de febrero de 1908. Para conmemorar el 150 aniversario de su nacimiento y 110 de su fallecimiento, el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) organizó un homenaje con la participación de Olea Franco, Dulce María Adame y Blanca Estela Treviño.

En un boletín de prensa del INBA, Adame pondera la necesidad de recuperar el trabajo de los escritores del siglo XIX. En el caso de Ángel de Campo, quien tuvo por escenario para sus crónicas a la Ciudad de México y retrató la miseria y la injusticia, dice:

“Conocer la visión que ofrece… de este México en transformación, en pleno Porfiriato, empeñado en la modernización del país, pero en un contexto de grandes contrastes, permite, por asociación, darnos cuenta de cómo ha sido el desarrollo de nuestro país hasta el día de hoy, en un estira y afloja entre modernidad y tradición, entre vicios y virtudes, entre el anhelo de madurez económica, social y cultural, lo que en su época constituía la idea de progreso”.

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