India: cuando los rumores en WhatsApp terminan en linchamientos

NUEVA DELHI (apro).- En los últimos meses circulan en India rumores a través de WhatsApp sobre supuestos secuestros de niños. Son mensajes que vuelan de conversación en conversación, de grupo en grupo, y que en los peores casos han acabado en linchamientos a manos de quienes aplican su propia justicia contra inocentes convertidos en sospechosos gracias a un rumor.

Las agresiones colectivas originadas por rumores de supuestas redes de tráfico infantil han dejado 14 muertos desde mayo en al menos diez estados indios. En algunos distritos se han llegado a crear patrullas vecinales que buscan sospechosos durante la noche. Las más recientes víctimas mortales fueron los miembros de una comunidad nómada que fueron asaltados por una multitud que los golpeó hasta la muerte. Creían que estaban intentando llevarse a una niña. Sólo hablaban con ella.

Estas reacciones violentas son fruto del miedo creado con mensajes como este: “no permita que sus hijos salgan solos de casa. Más de 52 niños han sido secuestrados en el distrito y la policía está ocultando nuestras denuncias”.

En uno de los videos más difundidos se ve a un niño que es secuestrado en plena calle por dos hombres que tripulan una moto. En realidad, la escena ni siquiera tiene lugar en India. Se trata de una campaña de seguridad infantil en Pakistán. Lo que ocurre es que en el rumor que corre por WhatsApp se omite el final de la grabación, donde se muestra cómo los motociclistas devuelven al niño y denuncian la facilidad para secuestrar menores.

Un caso reciente que mucho eco tuvo en los medios de comunicación indios es el de una mujer que fue golpeada hasta la muerte por una muchedumbre que creía que estaba intentando secuestrar a unos niños ofreciéndoles caramelos, porque los vecinos habían escuchado que una red de traficantes había llegado al pueblo para llevarse a menores.

“Claro que teníamos que sospechar de ella. Iba en un coche, como se mostraba en ese video de WhatsApp. ¿Y si se hubiera llevado a esos niños?”, dijo Neela, una anciana que presenció la escena, al periódico digital The Wire. La simple sospecha fue suficiente para acabar con su vida.

Psicosis      

Los linchamientos son habituales en India y, desde el asesinato de un musulmán a manos de una turba hindú en 2015, aparecen de manera regular en la prensa local. No es raro que el origen de las acusaciones sea un rumor, pero ahora, con las redes sociales, la velocidad y la capacidad de llegar a un público mucho mayor consiguen que el rumor sea imparable.

Los más recientes episodios violentos han obligado a la policía de cada estado indio a iniciar campañas para concienciar a la gente sobre el peligro de los mensajes falsos. Lo hace con megáfono en mano o puerta por puerta. El pánico es tal que, en ocasiones, los participantes de estas campañas han sido atacados por los vecinos desconfiados.

Las autoridades saben que la labor de sensibilización será larga y complicada. Además se encuentran en una situación paradójica: deben convencer a una población digitalmente primeriza de la falsedad de los rumores, a pesar de que estos aborden un problema real, ya que el tráfico de niños (o de órganos) en India es una lacra extendida contra la que se lleva décadas luchando. Por eso los activistas alertan del daño que pueden causar los falsos rumores después de concienciación.

Recientemente en Kerala las autoridades sanitarias vivieron un reto similar a raíz del brote del virus Nipah que provocó 15 muertos y que sirvió para propagar mentiras sobre las causas de contagio y la gravedad de la enfermedad. Con cada clic al botón de ‘enviar’ iba adherida una dosis de pánico.

“WhatsApp ha normalizado las noticias falsas, ha radicalizado la sociedad india y, en algunos casos, ha provocado disturbios”, afirma a Apro Samar Halarnkar, director de IndiaSpend, un reconocido medio digital especializado en periodismo de datos. A diferencia de Facebook, donde el rastreo de usuarios que violen sus normas es fácil, en la aplicación de mensajería es complicado controlar su uso indebido o el origen de la propagación de información falsa.

Halarnkar ha seguido muy de cerca en el último año el papel de WhatsApp en la arena política india, un terreno fértil para las noticias falsas. En un país que vive enredado en elecciones locales y que se prepara para las generales del año que viene, los candidatos saben que la batalla ya no se libra en la calle, sino en la red. En los recientes comicios del estado de Karnataka, los dos principales partidos reconocieron que tenían más de 20 mil grupos de WhatsApp activos para hacer llegar su mensaje a millones de seguidores de forma instantánea.

El problema, aseguran los críticos, es que gran parte de esa propaganda contiene un discurso incendiario que está basado en falsedades sobre sus oponentes y que ha servido para avivar las tensiones entre comunidades.

“En el periodo previo a las elecciones en India del próximo año, estamos intensificando nuestros esfuerzos educativos para que la gente conozca nuestras características de seguridad, así como la forma de detectar noticias falsas y bulos”, señaló WhatsApp en un comunicado citado por The Washington Post. “Estamos trabajando para dar a las personas un mayor control sobre los grupos y estamos constantemente desarrollando nuestras herramientas para bloquear el contenido automatizado”.

Discursos de odio

“El uso que se hace de WhatsApp es un desafío porque las personas a menudo toman decisiones sobre qué partido apoyar basándose en noticias que pueden ser falsas o que se difunden deliberadamente en WhatsApp para reforzar sus prejuicios más profundos”, afirma Halarnkar, que ha estudiado el proceso de digitalización de la India. “Aquí se usa ampliamente para radicalizar a las personas, el discurso del odio está desenfrenado”.

Este no es un reto exclusivo de la India. En países de la zona, como Sri Lanka o Birmania, la difusión de noticias falsas ha provocado estallidos de violencia religiosa. Del mismo modo que WhatsApp se ha tenido que enfrentar a diversos problemas en otros países como Brasil o Indonesia. Lo que obliga a mirar a India es su magnitud: es el mercado de WhatsApp más grande del mundo con más de 200 millones de usuarios. Su uso diario es tan masivo que Google acabó descubriendo que el tráfico de datos se disparaba globalmente cada mañana debido a las imágenes cariñosas que se envían los indios para darse los buenos días. La acumulación masiva de estos archivos hace que uno de cada tres usuarios en India se quede sin espacio en el móvil cada día (en Estados Unidos es uno de cada diez).

WhatsApp triunfa en la India, a pesar de que la educación digital es todavía muy incipiente. Sus usuarios se han triplicado en el último lustro, gracias en parte a que los teléfonos inteligentes cada vez están en más manos y a que los precios de los datos se han desplomado en la guerra entre compañías.

La población india está desarrollando también numerosas iniciativas en esta red social. Médicos de la India rural que piden asesoramiento en tiempo real a otros colegas a través de la aplicación, mujeres de Delhi que viajan en transporte público y que tienen la posibilidad de enviar a un grupo de WhatsApp creado por la policía fotos del vehículo para disuadir a posibles agresores sexuales y para alertar a los agentes de situaciones de peligro, o ciudadanos de Kerala que en otro grupo pueden presentar denuncias (si adjuntan pruebas) contra funcionarios corruptos.

Incluso en realidades tan crudas como la de Cachemira, un territorio militarizado, los activistas afirman que el conflicto está viviendo un cambio radical gracias a las redes sociales. Ahora, a través de WhatsApp, Facebook o Twitter, se hacen virales los videos que muestran los excesos de las tropas indias con la población cachemir.

“Los jóvenes luchan usando la tecnología y las redes sociales contra las fuerzas de seguridad indias. Hace diez años no teníamos esa capacidad de exposición, pero ahora, si ocurre cualquier incidente, se puede dar a conocer internacionalmente en cuestión de segundos porque se difunde en la red”, dice a Apro Abdul Qadeer, líder de la organización Voice of Victims.

El año pasado, un joven cachemir fue utilizado por las fuerzas de seguridad indias como escudo humano. Le ataron en un vehículo militar y le pasearon en esa posición por varios pueblos para evitar que la gente arrojase piedras contra el coche. El caso se hizo mediático, desató gran indignación en India y traspasó fronteras gracias a que se difundió rápidamente un video en el que se veían los abusos que sufrió.

Las autoridades indias saben que el impacto de esas pruebas virales es arrollador, por eso bloquean el acceso a la red durante largos periodos. Pero eso es sólo un mero obstáculo que las nuevas generaciones se saltan sin complicaciones.

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