“Pesadilla en el infierno”: Truco de magia barato

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Pesadilla en el infierno (Ghostland, EU-2018), de Pascal Laugier, es una cinta de terror que promete mucho, pero se muere poco antes de la mitad, cuando la trama cambia de dirección de manera abrupta, en un intento por sorprender a la audiencia. Desgraciadamente, ocurre el efecto contrario.

La historia gira en torno a Pauline (Mylène Farmer) y a sus hijas Beth y Vera, quienes tras la muerte de un familiar heredan su casa, que resulta ser un lugar de esos ideales para las películas de miedo.

Durante su primera noche, estas mujeres son atacadas por unos asesinos. Pauline deberá defender a sus hijas a como dé lugar de un horror inimaginable, pero que intuimos será algo espeluznante.

Luego del ataque, Beth (primero Emilia Jones, luego Crystal Breed) es capaz de procesar lo que pasó aquella noche; de hecho, se ha convertido en una gran escritora de terror y ha logrado formar una familia amorosa, pero Vera (Taylor Hickson, y posteriormente Anastasia Phillips) parece estar perdiendo la razón, sin mencionar que aún vive con su madre en la casa donde ocurrieron los hechos.

Las cosas cambiarán cuando Beth reciba una llamada de su hermana, quien le pide que no la deje sola. Beth decide entonces regresar a la casa de su madre y ver qué es lo que está pasando con su hermana, lo que desatará una serie de misteriosos eventos.

A la mitad de la cinta, la historia da un giro inesperado, pero no para bien: la magia se rompe, dejando al descubierto un truco barato, mal ejecutado… Luego de esto, la cinta es incapaz de recuperar nuestra confianza, y aunque haya uno que otro sobresalto con la historia de las chicas, poco importa, el mal sabor no se quita con nada.

Y es una desgracia porque hay grandes momentos bien facturados en los temas de violencia y horror, escenas intensas que retan a los actores, sin mencionar un trabajo sobresaliente del equipo de caracterización; no obstante, Laugier falla en la creación de una historia contundente.

Además del mencionado giro, en la escena final Beth tiene una línea de diálogo que, además de ser un poco críptica, resulta bastante absurda bajo la interpretación que se le quiera dar.

Pesadilla en el infierno es una historia mal contada, con un tufo de “somos demasiado inteligentes para el espectador”, que sólo termina por comprobar lo contrario.

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