Con la esperanza en ristre…

A nadie puede sorprender la aseveración de que a la mujer todo progreso y todo reconocimiento le han costado un trabajo indecible. Entre el arraigo de los prejuicios y la proliferación de los tabúes, la confirmación de sus ilimitadas capacidades y de sus deslumbrantes talentos la han hecho objeto de menosprecios milenarios y de ultrajes sin fin. No obstante, en su código genético pervive un afán de sobrevivencia ‒para ella y para la especie‒ donde se condensa su reciedumbre anímica y su tenacidad existencial. Es para esta columna un placer entrevistar a Leticia Armijo, una mujer que vive desplegando una actividad incansable en pro de la equidad de género y que encuentra tiempo para la creación musical, la divulgación de la cultura, el rescate de músicas marginadas y un cúmulo imprecisable de labores paralelas con las que puede vanagloriarse de ser una guerrera en el mejor término de la palabra.

Estro Armónico Tu Curriculum Vitae denota una energía vital extraordinaria, pues lo mismo te prodigas en la Academia y en la gestión cultural, como en la defensa de los derechos humanos y en la composición; explícanos de dónde surgió la multiplicidad de tus vocaciones y cuáles fueron las primeras dificultades que enfrentaste como mujer para lograr tener una voz propia dentro del injusto horizonte que decreta el machismo…

Leticia Armijo Mi vocación musical, como una flor silvestre, fue una combinación heredada de mi abuelo materno, Gonzalo Torres, violinista del mariachi Vargas de Tecalitlán, de mi madre Leticia Torres que cantaba a varias voces con mi padre Sergio Armijo, de quien recibí mis primeras lecciones de acordeón y guitarra. Él me inculcó el amor a la lectura y a la música de concierto y, siendo médico y comunista, sembró en mi persona el más puro sentido de solidaridad y conciencia social, además de que siempre creyó en mis aptitudes y gustaba de verme realizar lo imposible, desde la práctica instrumental a la clase de ballet, que más tarde fue de karate y de pintura.

Mi buen oído me permitió escuchar el lamento del 68, el susurro de las voces de cientos de mujeres violentadas, la nostalgia de los exiliados de las dictaduras sudamericanas, de la mano de una educación privilegiada impartida por los exiliados españoles en México, quienes hicieron de mi una compositora transterrada, feminista y defensora del derecho a vivir en paz. Cuando comencé a estudiar música formalmente, enfrenté  múltiples obstáculos en la Escuela Nacional de Música de la UNAM donde, además de acoso sexual, me enfrenté a la misoginia de profesores, compañeros de clase e incluso intérpretes y compositoras que, para formar parte del grupo en el poder, actuaban en complicidad en contra de las propias mujeres. Frente a esa adversidad decidí transformar la crudeza de mi realidad con profesionalismo y oficio, desde el campo de la musicología y el feminismo, dándome a la tarea de crear un movimiento cuya misión es enaltecer la labor de las mujeres en la música de todos los tiempos.

Pisaste como estudiante muchos centros educativos y tuviste muchos maestros, tanto en nuestro país como en el extranjero, ¿qué podrías decir con respecto a la educación musical que se imparte en nuestras aulas y cómo podrías compararla con la  de otros países?

La educación musical en México tiene fallas de origen, comenzando porque la música no forma parte de los planes de estudio en la educación básica, media y superior, lo cual explica sus serias deficiencias. A nivel medio y superior los programas de estudio no responden a la realidad del país y carecen de una perspectiva de género e identidad nacional, ya que en la mayoría de los centros de enseñanza musical, se tiene como referente la estética musical de las vanguardias de los 70s del siglo pasado.

El resultado es que se forman compositores que no saben lo que es una melodía, un género y elementos básicos de escritura musical, orquestación etc. porque las nuevas generaciones están obligadas a componer de una manera complaciente, que responda a la concepción estética de los grupos de poder.

Tuve el privilegio de estudiar en la Universidad Autónoma de Madrid, durante el periodo en el que las universidades españolas tuvieron que homologar sus planes y programas de estudio a un estándar internacional dictado por la Comunidad Económica Europea; u obtenían la mención de calidad o desaparecían.

Estudié con profesores de primer nivel entre los que destacan Fubini y Penderecki. En el campo de la música electroacústica asistí al IRCAM de París, al Laboratorio de Informática del Museo de Arte Reina Sofía, al Mozarteum de Salzburgo y fui alumna de la Dra. Cecilia Piñero, una pionera en los estudios de género en la música y de la Dra. Begoña Lolo, una ganadora del Premio Español de Musicología.

 Es interesante señalar que en Europa es imposible impartir clase sin tener el grado de doctor, lo que no sucede en México, donde los pocos doctores en música, padecemos el acoso institucional; y a eso se suma, lamentablemente, que no contamos con un sistema jurídico que nos permita hacer justicia.

Punto central de tu quehacer es estar al frente del Colectivo de Mujeres en la Música y la Coordinadora Internacional de Mujeres en el Arte, ¿quisieras hablarnos de su génesis y de sus logros?

Es un privilegio tener como misión el cuidado de la obra musical y artística de las mujeres, misma que tratamos de enaltecer coadyuvando a la erradicación de la violencia de la que son objeto. A través de nuestro encuentro anual, hemos integrado la obra de creadoras de México, Cuba, España, Chile y Estados Unidos, editándola, grabándola y difundiéndola. Además, hemos creado el foro más importante de mujeres en el arte en Iberoamérica. Organizamos el Homenaje y el Premio Coatlicue que se otorga a mujeres destacadas; y en el terreno legislativo presentamos un pliego petitorio en la Cámara de Diputados y en el Parlamento de Mujeres de México para mejorar las condiciones de vida de las creadoras, el cual se presentó en la UNESCO y la OEA. También hemos establecido convenios de cooperación nacional e internacional al que se han sumado importantes grupos artísticos, coros y orquestas, además de que hemos conquistado importantes foros en México, España, Cuba, Chile y los Estados Unidos.

Tristemente, los logros obtenidos no son permanentes, porque al carecer de una política que dé continuidad a los proyectos culturales, en cada cambio de legislatura tenemos que padecer una vía crucis, y comenzar de cero.

Como puedes suponer, en contraposición a estos triunfos, nuestro movimiento ha despertado reacciones adversas, como la crítica al Concierto del Día Internacional de la Mujer que se atrevió a publicar el cineasta y músico aficionado Juan Arturo Brennan. No obstante, la musicología feminista ya ha comenzado a internacionalizarse, buscando la profesionalización de la crítica, acorde con los avances académicos de la musicología internacional. Este acto de justicia y reivindicación constituye lo que ahora llamamos “nueva musicología de guerrilla”.

¿Cuál consideras que sigue siendo el principal obstáculo para el desarrollo equitativo de la mujer, la familia, la escuela la Iglesia, el Estado patriarcal…?

La corrupción, ya que es imposible conquistar el derecho a la educación al trabajo y a un sueldo digno en un estado fallido que sólo ha favorecido a unos cuantos.

Has sido galardonada en muchas ocasiones, ¿cuál de estos premios crees que refleja mejor el reconocimiento a tu infatigable labor?

Sin duda, el Premio Juana Belén Gutiérrez de Mendoza que me otorgó en 2017 el Frente Feminista Nacional por mi comprometida trayectoria y por mis contribuciones en el avance de los derechos humanos de las mujeres.

En tu obra refulgen los principales géneros de la música de concierto y debes estar sumamente satisfecha de haber firmado un centenar de composiciones, ¿habría alguna ‒o algunas‒ por la que sientas una predilección particular?

La ópera Comedia sin título sobre textos de Federico García Lorca, para ocho cantantes, coro, orquesta sinfónica y electroacústica, compuesta en el Laboratorio de Informática y Electrónica Musical del Museo Nacional de Arte Reina Sofía y en la Alhambra de Granada, la cual fue galardonada por el Ministerio de Cultura y Educación de España y el Centro para la Difusión de la Música Contemporánea, a través del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología de México.

¿Cómo describirías las características de tu lenguaje musical?

Como compositora hago uso de elementos de la música tradicional y contemporánea, del paisaje sonoro y de la música electroacústica. Mi formación como musicóloga me ha permitido introducir nuevos paradigmas estéticos dentro de mi obra sinfónica, combinado los estudios de género en la música con la composición musical.[1] Todo ello lo reflejo en la sinfonía guerrera OIKABETH, el Ballet Sinfónico Coyolxauhqui, el Réquiem de cuerpo presente y en mi concierto para guitarra y orquesta titulado Las Mujeres y el Quijote.

Pertenezco a la primera generación de compositores del Laboratorio Multimedia de Informática Musical y Música Electroacústica de la Facultad de Música de la UNAM, y en este campo tengo predilección por el uso de la voz, a la que combino con técnicas extraídas de mi práctica de yoga, Tai-chi y Kung-fu; esto lo muestran mis obras Por dentro y La flor de los mil pétalos. Esta última fue estudiada en el libro “The Body is a Sound Factory & co Por dentro” que publicó la Dra. Piñero Gil[2].

Cuéntanos de tus conquistas para llevar al escenario ‒y a las partituras‒ a nuestras lenguas ‒y a las mujeres‒ indígenas?

Las conquistas a las que aludes son resultado de los talleres multidisciplinarios que realizo con mujeres de nuestras comunidades indígenas, los cuales me inspiraron para la creación de un método de educación musical en lenguas indígenas que se llama Desde donde late la tierra…Igualmente he publicado Canciones en lenguas indígenas de México y El Cancionero de Yolotli donde se rescata un repertorio musical de gran importancia lingüística, ya que aborda 5 familias de estas lenguas en riesgo de desaparecer. Con orgullo puedo decir que esta la primera vez que se transcribe su notación musical y que los textos en lenguas indígenas cuentan con una traducción al español realizada por el Dr. Fernando Nava junto a un grupo interdisciplinario de traductores indígenas. En dicho método he recreado el mundo mágico de los pueblos indígenas a través del relato misterioso de Yolotli, un ser mítico que ofrenda su tesoro invisible o bello cancionero, cual fina muestra que encierra entre sus páginas el germen de la música y que ensancha su pauta evolutiva.

Descuellas también como una sanadora a través de la música, hay algo que quieras compartirnos sobre esa noble faceta que emprendes?

Por herencia paterna tengo una relación estrecha con la medicina y por ello he armado la colección discográfica El arte de la sanación, para la cura y el tratamiento de enfermedades en colaboración con el eminente médico mexicano Salvador Capistrán Alvarado, quien afirma que el origen de muchas enfermedades se encuentra en conflictos psicoafectivos no superados. Para la creación de las obras me basé en los estudios del efecto del sonido en el cuerpo humano que realizó en el Mozarteum de Salzburgo un grupo de científicos, psicólogos, antropólogos y médicos austriacos.

Ahora que estamos viviendo la transición de un régimen caduco y perverso hacia la consolidación de una patria más justa, es fundamental que personas como tú expresen sus opiniones. ¿Cuál crees que sea el lado flaco de la administración entrante y qué podrías decirles a los próximos encargados de la cultura?

Debo decir que muchos de los logros que habíamos conquistado se han perdido porque no existe una política cultural que garantice la continuidad y que valore el patrimonio intangible de la nación. Es urgente la participación de los artistas profesionales en la creación de políticas públicas con una visión democrática, amén de terminar con la corrupción ejercida desde los grupos de poder; son estos quienes deciden puestos, premios, becas, etc. Por otro lado, es necesario revisar los apoyos que otorga la Cámara de Diputados para el sector cultural, crear fuentes de empleo para los artistas independientes y brindar más apoyos a las organizaciones civiles.

Tendría que mencionarte el caso paradigmático de la Orquesta Sinfónica Nacional cuyo director, Carlos Miguel Prieto, no ha sido capaz de responder a nuestras innumerables solicitudes para programar obras de compositoras dentro de las temporadas de la orquesta. Fueron doce años de evasivas.

Hay que subrayar que la misión primordial de la Sinfónica Nacional es la de difundir, precisamente, la música de nuestra patria. Revisando el porcentaje de las obras de mexicanos dentro de su programación de 2015, resulta que fue cercano al 13 % y que la de mujeres compositoras aún peor: sólo el 2.3 %. En el 2016, no se programaron compositoras y la cifra de los autores nacionales incluidos fue, nada más, del 3.6 %.

En lo que se refiere a la inclusión de directoras de orquesta, podrás imaginarte que el porcentaje de su participación es prácticamente nulo…

Habría que hacer del conocimiento público que el Marco Jurídico Nacional de los Derechos de las Mujeres, que se aprobó en 2006, postula que es obligación del Gobierno Federal la adopción de políticas públicas inclusivas. Comparto lo sustancial:

Artículo 12.- “Garantizar la igualdad de oportunidades, mediante la adopción de políticas, programas, proyectos e instrumentos compensatorios como acciones afirmativas”

Artículo 5.- X. Empoderamiento de las Mujeres: “Es un proceso por medio del cual las mujeres transitan de cualquier situación de opresión, desigualdad, discriminación, explotación o exclusión a un estadio de conciencia, autodeterminación y autonomía, el cual se manifiesta en el ejercicio del poder democrático que emana del goce pleno de sus derechos y libertades…”

Artículo 18.- Violencia Institucional: “Son los actos u omisiones de las y los servidores públicos de cualquier orden de gobierno que discriminen o tengan como fin dilatar, obstaculizar o impedir el goce y ejercicio de los derechos humanos de las mujeres, así como su acceso al disfrute de políticas públicas destinadas a prevenir, atender, investigar, sancionar y erradicar los diferentes tipos de violencia”.

 Estamos listas para exigir que se aplique el citado Marco Jurídico para contribuir a la erradicación la violencia y la corrupción, mismas que, desde facultades y escuelas de música en el país, siguen perpetrándose. Tengo esperanza de que ahora, con el nuevo gobierno que encabeza Andrés Manuel López Obrador, sí lo conseguiremos…

[1] Se sugiere la escucha de cuatro de sus obras. Audio 1: Leticia Armijo – Ehecatl para flauta y piano. (Miguel Ángel Villanueva, flautista. Yleana Bautista, pianista. Audio 2: Leticia Armijo – Esperanza (Ensemble coral Nexus. Jenette Valdéz, directora. Audio 3: Leticia Armijo – La flor de los mil pétalos para voces y medios electrónicos. Audio 4: Leticia Armijo – OIKABETH, Sinfonía guerrera en un movimiento. (Orquesta Sinfónica del Instituto Politécnico Nacional. Gabriela Díaz Alatriste, directora)

[2] PIÑERO GIL, Carmen Cecilia, “The Body is a Sound Factory & co Por dentro” de Leticia Armijo de en Arte y Mujer Visiones de cambio y desarrollo social. Ed. Horas y HORAS, España, 2007.

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