Las mafias del poder artístico

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- En lo que va del año, doce artistas de la galería Kurimanzutto han estado presentes en exposiciones individuales y colectivas, realizadas en recintos que pertenecen a instituciones nacionales de reconocido prestigio artístico y cultural. En concreto, tres en el Museo Tamayo y dos en el Carrillo Gil del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA); y de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), uno en el Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC) y seis en el Museo Universitario de Ciencias y Arte (MUCA Campus).

Una presencia que sumándose da un total de 20 meses de ocupación en un rango de enero a septiembre y que, inclusive, ha repetido autorías como Abraham Cruzvillegas quien, después de su absurda participación en la exposición Artaud 1936 en el Tamayo (Proceso, 2167), ahora es el responsable del proyecto Autorreconstrucción: detritus que, después de alojarse desde el pasado 12 de mayo en el MUCA Campus, se clausura el próximo sábado 11 de agosto incluyendo participaciones de otros integrantes de la Kurimanzutto: Eduardo Abaroa, Sofía Táboas, Daniel Guzmán, Gabriel Kuri y el Dr. Lakra.

Sin importar el prestigio y éxito comercial de los artistas contemporáneos, las presencias institucionales y museísticas siguen siendo un recurso muy eficaz para apuntalar las trayectorias e incrementar la cotización tanto de las firmas como de las piezas que han sido exhibidas.

En un excelente artículo publicado por The Art Newspaper el pasado 12 de junio, la periodista especializada en arte y finanzas, Georgina Adam, hizo un interesante recuento de obras que han incrementado su cotización en subastas después de haber sido exhibidas en museos de reconocido prestigio.  Bajo el título “Show and sell: the added value of a museum exhibition” (Exhibir y vender: el valor agregado de una exhibición museística), Adam informa sobre rupturas del récord de venta que se suscitaron al subastar las obras al poco tiempo de la clausura de los eventos que las expusieron: después de la retrospectiva que le dedicó la Tate Modern a Modigliani de noviembre 2017 a abril 2018, en la subasta de mayo de Sotheby’s, la pintura El Desnudo acostado (sobre el lado izquierdo) que realizara en 1917, incrementó su precio estimado de 150 millones de dólares a 157.2.

Como señala Maurice Davies, director de colecciones en la Academia de Artes Real de Londres, “El sentido común sugiere que exhibir en un museo con reputación incrementa el valor financiero”. Para enfrentar esta circunstancia y provocar que todas las partes obtengan beneficios, la autora propone que los museos reciban un porcentaje de las ventas que detonan (https://www.theartnewspaper.com/news/shop-and-sell).

La sugerencia es interesante y, aun cuando en el contexto del mercado primario abunda la opacidad y se desconocen las ganancias que detonan las exhibiciones en las cotizaciones y ventas, sí sería conveniente que las instituciones obtuvieran algún beneficio económico al exhibir artistas galerísticos. Por ejemplo, que les cobraran una aportación por artista.

Al margen de su contenido, toda exhibición que se realiza en una institución de prestigio impacta en beneficios para el artista y los vendedores de sus obras. Por lo mismo, el proyecto Autorreconstrucción: detritus exige una evaluación severa de los objetivos, metas e identidad estética que tuvieron los funcionarios que la promovieron.

Posiblemente atractiva si se hubiera realizado en los años sesenta en el contexto de las estéticas povera, la exhibición, actualmente, se percibe como una lamentable simulación artística que existe gracias a la veneración que provoca el éxito comercial y prestigio internacional de la galería Kurimanzutto. 

Este texto se publicó el 5 de agosto de 2018 en la edición 2179 de la revista Proceso.

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