En peligro, el acervo de Octavio Paz

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Algunos de los poemas y ensayos de Octavio Paz reunidos en sus obras completas ya han alcanzado la inmortalidad, privilegio que la historia otorga a sus protagonistas en todos los ámbitos de la creación humana. El Premio Nobel de Literatura 1990 permanecerá en la memoria del tiempo como uno de los más grandes escritores de México y de lengua castellana, así como uno de los máximos representantes de la cultura y el pensamiento de la segunda mitad del siglo XX. Venturosamente, el autor de El laberinto de la soledad nació en México, y por decisión propia y de su esposa aquí se encuentra su acervo literario, epistolar, documental y artístico, que, sin embargo, está en grave peligro de deterioro, desaparición o saqueo debido a que Marie José Paz –musa, albacea y heredera universal del poeta– murió intestada.

Por tanto, es urgente evitar a toda costa que eso se haga realidad, lo que sería una tragedia cultural irreversible e imperdonable. En consecuencia, considero que el Estado mexicano debiera asumir la responsabilidad –­ineludible y apremiante– de rescatar y proteger con celeridad y eficacia los archivos de Octavio Paz a través de la Secretaría de Cultura.

Ante la ausencia de Marie Jo y de su testamento, ese patrimonio literario-cultural ha quedado a la deriva, sin dueño y sin protección. En el Código Civil Federal existe el concepto de “sucesión legítima”, que se abre cuando no hay testamento (título cuatro, capítulo I, artículo 1599); de esta manera, tienen derecho a heredar por sucesión legítima “los descendientes, cónyuges, ascendientes, parientes colaterales dentro del cuarto grado y la concubina o el concubinario”. A falta de éstos, los bienes pasan a la “Beneficencia Pública” (artículo 1602).

Octavio y Marie Jo Paz no tuvieron descendencia. Helena Paz Garro (hija de Octavio Paz y Elena Garro) falleció en 2014. La única hermana de Marie Jo y los hijos de aquella murieron en un accidente aéreo hace varias décadas. No existen familiares consanguíneos de Octavio Paz ni de Marie Jo Tramini que pudieran reclamar el acervo –si existieran, quienes fuimos cercanos a ellos lo sabríamos. En este caso, la “sucesión legítima” le correspondería a la “Beneficencia Pública” (artículos 1636 y 1637). Existe una institución con ese nombre y que depende de la Secretaría de Salud, la cual, por razones obvias, no sería el destino adecuado para el patrimonio literario y artístico de Octavio Paz.

Por consiguiente, la solución idónea sería que el archivo, la biblioteca y demás bienes del Premio Nobel mexicano fueran declarados patrimonio nacional a través de un decreto del Ejecutivo federal. La medida sería aplaudida por la comunidad intelectual de México y el mundo, así como por la sociedad mexicana en general, dada la importancia del personaje y la riqueza de su legado.

Aprovechando el clima de civilidad que ha prevalecido en la transición gubernamental, dicho decreto podría ser firmado por el presidente en funciones de común acuerdo con el mandatario electo. Asimismo, sería conveniente que la actual titular de la Secretaría de Cultura, María Cristina García Cepeda y su sucesora, Alejandra Frausto, consideraran de manera conjunta el rescate y protección del fondo literario y cultural de Paz, tema prioritario del proceso de entrega-recepción de la dependencia.

Al mismo tiempo sería necesario iniciar el procedimiento jurídico correspondiente a fin de resolver el problema con la prontitud y el cuidado que amerita un acervo tan valioso como sensible. Se trata incluso de un asunto de Estado de primerísima importancia cultural y cuya solución requiere, ante todo, de voluntad política.

Octavio Paz era un perfeccionista. Así como una y otra vez, antes y después de publicarlos, corregía obsesivamente su poesía y sus textos en prosa, también era muy organizado y guardaba todo. A ello se debe la riqueza impresionante de su archivo. Recordemos que el autor de Libertad bajo palabra escribió toda su obra a mano, y seguramente la mayoría de sus manuscritos se conserva en ese archivo, junto con otros que continúan inéditos. Por su naturaleza, los secretos que atesora prometen convertirse en un acontecimiento de impacto mundial en el ámbito literario cuando puedan abrirse a los investigadores.

La cantidad y calidad de su correspondencia es invaluable. Se conservan centenares, quizá miles de cartas inéditas de Octavio Paz a sus grandes amigos, como Carlos Fuentes, Julio Cortázar, Kostas Papaïonnou, Cornelius Castoriadis, Elizabeth Bishop, Severo Sarduy o André Breton. Una parte de su comunicación epistolar con Alfonso Reyes, Pere Gimferrer, Tomás Segovia, Armando Orfila, J. C. Lambert, José Luis Martínez y Jaime García Terrés ya se ha publicado, pero en el archivo se conservan los originales.

Tras la muerte de Paz, Carlos Fuentes reveló que su correspondencia con él suma más de mil cartas que fueron depositadas en el fondo que el novelista vendió a la Universidad de Princeton a condición de que quedaran selladas durante 50 años a partir de su muerte (El País, 13/05/98). Conmovido, un día Octavio me comentó que la ruptura con Carlos era una de sus hondas tristezas porque había sido su mejor amigo. Es una pena que no se hayan reconciliado.

En una de las prolongadas e intensas pláticas que tuve con Marie Jo, me contó que ella y Silvia Lemus lloraron esa separación en una cena en la casa de Ramón y Ana María Xirau organizada para propiciar el reencuentro entre las viudas de los dos más grandes escritores mexicanos de la segunda mitad del siglo XX. La verdad íntima de la profunda amistad que los unió durante tres décadas aún está por descubrirse.

Ni Octavio ni Marie Jo Paz quisieron vender su archivo a alguna universidad estadunidense –como sí lo hicieron Fuentes en el caso de Princeton y Gabriel García Márquez en el de la Universidad de Austin, Texas–, aun cuando, además de los varios millones de dólares que hubieran recibido, hubiesen tenido la garantía de que todos sus fondos documentales habrían estado perfectamente resguardados y conservados.

El poeta y su musa-albacea-heredera universal decidieron dejar en México no sólo el archivo que incluye manuscritos, cartas, fotografías y documentos diversos, sino todos los bienes bibliográficos y artísticos del (único) Premio Nobel de Literatura mexicano. Esperemos que esa decisión patriótica sea reconocida y recompensada por las instituciones del Estado mexicano, así como por la comunidad intelectual y empresarial del país mediante el adecuado rescate y resguardo de ese preciado patrimonio.

La biblioteca de Octavio Paz es otra maravilla. Está tal como la dejó el autor de Ladera Este en el edificio de condominios ubicado en la esquina de Paseo de la Reforma y Guadalquivir, diseñado por el arquitecto Mario Pani a mediados de los años cincuenta. El icónico inmueble tiene serios problemas estructurales y presenta una preocupante inclinación; es un milagro que no se haya derrumbado con los fuertes y frecuentes sismos de la Ciudad de México.

El departamento que habitaron Octavio y Marie Jo durante dos décadas tenía a la entrada una estrecha escalera que conducía dos niveles abajo a la amplia sala principal, decorada con obras de arte antiguo de la India, Pakistán y Afganistán (Paz fue embajador ante esos tres países, con sede en Delhi), además de arte contemporáneo creado por los múltiples y estupendos artistas mexicanos y extranjeros amigos de los Paz: Tamayo, Gerzso, Cuevas, Felguérez, Miró, Tàpies, Rauschenberg, entre muchos otros.

La estancia conduce a una terraza que Marie Jo tenía densamente poblada de macetas con árboles y flores; del lado izquierdo hay un amplio comedor informal donde estaba el retrato que le pintó Gironella, y al fondo el precioso y acogedor estudio-biblioteca de Octavio con el muro del fondo repleto de piso a techo de libros perfectamente acomodados y clasificados. A la izquierda estaba su mesa de trabajo de madera rústica, y a la derecha una pequeña sala. Era un verdadero remanso de Paz.

El legado bibliográfico del poeta no es tan vasto –en total debe tener alrededor de 10 mil volúmenes–, pero sí magnífico en calidad. Especial valor tienen libros-objeto realizados de manera conjunta por Octavio y artistas visuales de la talla de Robert Motherwell (Suite, Three Poems, 1987); Petrificada petrificante, ilustrado por Antoni Tàpies (1987), y 20 más –entre ellos Marcel Duchamp o el castillo de la pureza (1968), un libro-maleta diseñado por Vicente Rojo– que fueron reunidos por Marie Jo en la exposición De la palabra a la mirada, presentada en 2014 en la Biblioteca México José Vasconcelos de la Ciudadela con motivo del centenario del poeta.

Por cierto, en dicho recinto están espléndidamente conservadas las bibliotecas de José Luis Martínez, Alí Chumacero, Jaime García Terrés, Antonio Castro Leal y Carlos Monsiváis. Ello es un estupendo ejemplo de la dignidad con que los fondos bibliográficos y hemerográficos de los grandes escritores de México deben estar resguardados, exhibidos y abiertos para la consulta de investigadores y del público en general. Resulta innecesario enfatizar que la biblioteca de Octavio Paz no merece menos que eso.

El acervo de Paz requiere de un espacio dotado de condiciones especiales de diseño, seguridad, control de humedad y luz, así como de las nuevas tecnologías que permitan garantizar su adecuado resguardo y conservación, a fin de que pueda ser consultado e investigado –y en su momento digitalizado– para asegurar su permanencia y facilitar su divulgación. Quizá la sede idónea sería la misma casa que habitó Octavio Paz durante su infancia, ubicada en la Plaza Valentín Gómez Farías, en Mixcoac, que actualmente es un recinto de monjas.

Es preciso recordar que la situación de orfandad y desdén en que se halla el patrimonio literario-cultural de Octavio Paz tiene su origen en el atraco perpetrado contra la fundación que lleva su nombre, constituida el 11 de diciembre de 1997 por acuerdo del entonces presidente Ernesto Zedillo y 11 empresarios mexicanos encabezados por Emilio Azcárraga Milmo. Por decreto presidencial, la Casa de Alvarado, ubicada en Francisco Sosa, Coyoacán, fue donada por el gobierno para que se instalara en ella la sede del organismo. El presidente Zedillo le insistió a un Octavio ya muy enfermo que viviera ahí, en virtud de que su departamento de Reforma estaba dañado tanto por los temblores como por el incendio ocurrido en diciembre de 1996 que consumió parte de su biblioteca (primeras ediciones) y de su colección de arte.

En esa casona falleció dos años después y ahí permaneció Marie Jo acompañada de las cenizas de su marido y de sus gatos, hasta que fue grosera y arbitrariamente desa­lojada por orden de Vicente Fox a través de la titular del Conaculta, Sara Bermúdez, quien mintió públicamente al asegurar que ya se tenía un nuevo edificio para la Fundación Octavio Paz. El engaño quedó impune a pesar de que Mari Jo la desmintió: “Me han quitado todo”.

Decepcionada, la viuda del poeta llegó a pensar en la creación de un consejo internacional en Estados Unidos o en Europa para guardar la memoria y el acervo de su esposo (La Jornada, 6/08/2004). Nunca lo hizo.

Otro aspecto fundamental de ese legado son las regalías por concepto de derechos de autor que Paz recibía de todo el mundo. Octavio nunca tuvo un representante literario; era él quien se encargaba personalmente de hacer todo ese intenso y laborioso trabajo, el cual fue absorbido por Marie Jo tras la muerte del poeta.

Un amigo editor familiarizado con el mercado internacional de libros calcula que por concepto de regalías de las obras de Paz –traducidas a todos los idiomas y distribuidas en todo el orbe– Marie Jo pudo haber recibido alrededor de medio millón de dólares anuales. Sólo del Fondo de Cultura Económica sus regalías son del orden de 2 a 3 millones de pesos al año.

Aquí surgen dos interrogantes: ¿A cuánto ascienden los ahorros de Marie Jo Paz? ¿A dónde se destinarán los recursos que a partir de su deceso ingresen a sus cuentas? Si a ello se suma el costo de los inmuebles de su propiedad –el condominio de Reforma, la casa de Polanco y un pequeño departamento en Río Tíber– se tendría un monto razonable que podría aplicarse a la compra de la casa de Mixcoac y a su remozamiento, y sólo la cantidad faltante tendría que ser cubierta por el gobierno o por donantes privados.

Por su parte, las regalías podrían cubrir al menos una parte de los gastos fijos del organismo que se cree para albergar y administrar el patrimonio artístico-cultural de Octavio Paz. ¿Alguien ha pensado que el proyecto podría ser al menos parcialmente autosustentable?

El latrocinio cometido contra la Fundación Octavio Paz es un episodio ominoso que retrata a un país consumido por la corrupción, el cinismo y la complicidad. Remito al lector a mi texto Lo que Limón se llevó (Proceso, 5/V/14).

Don Alfonso Romo, quien será el jefe de gabinete del presidente López Obrador y ha probado su visión y su capacidad de negociación en beneficio del futuro de México, fue uno de los 11 empresarios que aportaron 1 millón de dólares cada uno para la creación de esa fundación hace 21 años, los cuales se cumplirán en diciembre, coincidiendo con el inicio del gobierno de López Obrador. Con esa perspectiva temporal y con la sensatez que lo caracteriza, el señor Romo se dará cuenta de que el desenlace de dicha fundación y el nacimiento del bodrio que surgió de sus desechos fue el opuesto al anhelo de Octavio Paz y contrario al interés nacional. Es el momento de remediarlo.

México está en deuda con Octavio Paz y su herencia artístico-cultural. Si no se hace nada al respecto antes del 1 de diciembre, el nuevo presidente tendrá la oportunidad y la responsabilidad de resarcir ese grave daño contra el Premio Nobel 1990 impidiendo que su herencia se destruya y restituyéndola a la nación para beneficio de las generaciones por venir. Honrar la memoria de los grandes mexicanos distingue a un estadista de quien no lo es.

Si no se piensa hacer nada al respecto, habría que decirlo para permitir que una universidad extranjera adquiera el acervo. Sería una pena que así fuera, pero algo menos malo que el riesgo de que se pierda, destruya o expolie ese invaluable legado. Quienes estén de acuerdo en que permanezca en México hagamos viral esta demanda: #acervopazpatrimonionacional

Este texto se publicó el 5 de agosto de 2018 en la edición 2179 de la revista Proceso.

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