López Obrador y su visita “fifí” a Palacio Nacional

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- El despliegue de vallas y agentes de seguridad abre un espacio en su infranqueable cerco al Palacio Nacional, para dar paso a un Jetta blanco, el vehículo compacto que transporta a su futuro Comandante Supremo, Andrés Manuel López Obrador.

A bordo, solo su encargado de Comunicación, César Yáñez, un asistente y Rojas, su chofer de siempre. Entra con Yáñez por la puerta principal, literalmente la puerta grande que lo conducirá a las estancias donde históricamente se desenvuelve el poder en México. En el Patio Central, lo espera el presidente Peña Nieto.

Suben la escalinata, rica en murales, posan para una foto señalando al frente -ese ademán tan casual en Peña Nieto que hoy esgrimen ambos-, mientras caminan por los andadores hasta el despacho presidencial, lugar del objeto legendario, casi mítico del presidencialismo mexicano: la silla.

Ayer, López Obrador recibió la constancia de mayoría que lo acredita como presidente electo, el estatus jurídico que hace irreversible su victoria electoral del pasado 1 de julio.

Es la segunda visita del fundador de Morena al Palacio Nacional desde la elección, pero la primera como presidente electo, así que, en principio, no es muy claro si ya inicia el proceso de transición como era su deseo o si, como anunció la Presidencia de la República, se trata de solo continuar el diálogo iniciado el 3 de julio con vistas a iniciar la transición. Será lo segundo.

Casi dos horas después, López Obrador sale al salón art decó más brillante de Palacio para hacer algo inusual desde hace al menos 15 años: responder preguntas a la prensa.

López Obrador camina a paso firme; Cesar Yáñez, apurado para no bloquear a los reporteros gráficos, se agacha, con su propia cámara en la mano, para abrirse espacio frente al presidente electo.

Ante el umbral de la puerta “Caja”, del salón Tesorería, se planta con un micrófono y sin el podium que siempre tiene Peña Nieto y solo suspenderá después de una prolongada tanda de preguntas, que al final se torna afirmación femenina:

—¡Qué bonito traje!

—Ando muy fifí -revira el tabasqueño, riendo, y se despide.

Hay más preguntas, pero él ataja, por lo pronto, porque “mañana nos vamos a ver ¿o no?”. Y entonces agradece el encuentro y se va hacia la Puerta Mariana, donde lo espera Rojas y el Jetta.

Palacio Nacional empieza entonces a registrar el movimiento de utileros y personal de mantenimiento. Mientras, de fondo, el sonido de un helicóptero hace ahí su epicentro y poco a poco, el motor y las aspas, se percibirán más lejos.

Comentarios