Salud: preservar lo valioso

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Hace unos días se conformó el Consejo Ciudadano para VIH e Infecciones de Transmisión Sexual (ITS) de la Ciudad de México (CCVIH) con el objetivo de defender y garantizar los derechos y acceso a servicios de salud de la población en materia de VIH, sida e ITS, y fortalecer la intervención de las organizaciones no gubernamentales en las distintas instancias previstas por la ley.

Algo notable es el amplio espectro de las organizaciones que integran el CCVIH, desde La Casa de la Sal hasta Letra S, pasando por Brigada Callejera, Fundación México Vivo, Inspira Cambio, AIDS Healthcare Foundation México, Condomóvil y activistas independientes, como Alain Pinzón y Carlos López López.

Además de que este grupo diverso comparte el objetivo de optimizar la atención integral de las poblaciones clave, también lo une el interés de que la doctora Oliva López Arellano, próxima secretaria de Salud de la CDMX, mantenga en su puesto a la actual directora de la Clínica Especializada Condesa (CEC), la doctora Andrea González.

La CEC se inauguró en 2000, luego de que el Foro DF-Capital de la Prevención le hizo a Cuauhtémoc Cárdenas la propuesta de crear un centro de salud especializado en la atención de VIH y sida, para apoyar a la población más desprotegida y marginada. En 2008, aprovechando que se realizaría la Conferencia Internacional de Sida en la Ciudad de México, los activistas le propusieron a Ebrard la reconstrucción y ampliación de la CEC; además se le sugirió que Andrea González asumiera su dirección.

Andrea no sólo reinauguró la clínica, sino que creó diversos programas: Punto Seguro, Violencia Sexual, Trabajadores Sexuales, el de la población interna de los reclusorios, el de usuarios de drogas y el de la población trans. También estableció el algoritmo de diagnóstico de VIH que redujo los tiempos de detección, atención y tratamiento del virus y amplió enormemente la oferta de la aplicación de la prueba de detección a miles de personas, sobre todo jóvenes.

Más recientemente creó un consorcio de organizaciones no gubernamentales, instituciones de salud, organismos internacionales y funcionarios locales y federales para impulsar la política de prevención del VIH, conocida como PrEP (Profilaxis preExposición). Se trata de un protocolo que se llevará a cabo en cuatro ciudades del país y el cual, se pretende, se asuma como política pública.

Desde mi involucramiento con Letra S y luego con Brigada Callejera he podido ver cómo Andrea ha sabido conjuntar a las organizaciones de la sociedad civil y comunitarias, a investigadores/as de la academia y de los institutos de salud pública y a organismos de derechos humanos para diseñar y echar a andar los programas de atención y realizar investigaciones e, incluso, ha conseguido recursos, estableciendo colaboraciones con universidades e instituciones extranjeras.

La clínica y el programa de VIH son un modelo de atención basado precisamente en esas colaboraciones entre sectores que de manera estratégica y eficaz ha sabido establecer.

No solamente los activistas reconocemos el trabajo de la doctora González. Cuando el año pasado hubo un conflicto con el líder de la Sección 18 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Secretaría de Salud, quien tomó las oficinas de la CEC como reacción por la separación de un médico de su cargo, debido a diversas denuncias de presunto acoso sexual hacia los usuarios, un grupo de prestigiados médicos, infectólogos, sanitaristas e investigadores dieron su respaldo público a la Dirección de la CEC.

Entre los argumentos que expresaron están que la CEC es el más grande y dinámico centro clínico de México para la atención de personas que viven con VIH, que la doctora González ha promovido innovadores programas de prevención y atención, como el Módulo de Atención en Derechos Humanos dentro de la propia CEC; que ha construido una extensa y sólida red de colaboración con investigadores en salud, nacionales e internacionales, también que ha favorecido el desarrollo científico, beneficiando a los pacientes de la CEC y a incontables personas que viven con VIH o se encuentran en riesgo de infección.

De igual manera expusieron que los proyectos generados o apoyados por la CEC vinculan a diversas instituciones académicas e institutos nacionales de salud, como el Programa Universitario de Investigación en Salud (PUIS) de la UNAM, el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, el Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias Ismael Cosío Villegas, el Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente, el Instituto Nacional de Cancerología y el Instituto Nacional de Salud Pública.

A nivel global, la CEC colabora con universidades de Estados Unidos, Francia, Brasil, Perú y Chile, entre otras. Estos importantes logros son resultado del dedicado trabajo del personal del centro y de la clínica, así como del notable liderazgo de la doctora Andrea González.

No creo equivocarme al señalar que parte del objetivo del Consejo Ciudadano para VIH e ITS de la Ciudad de México, al reunirse con Jaime Morales, designado por Claudia Sheinbaum como el coordinador de Derechos Humanos del nuevo gobierno, fue hacer explícita la alta valoración que las organizaciones de la sociedad civil que trabajan con VIH, sida e ITS tienen respecto del desempeño de Andrea González. Ojalá que la nueva secretaria López Arellano tome en cuenta esas opiniones y mantenga a Andrea González al frente de la CEC.

Este análisis se publicó el 19 de agosto de 2018 en la edición 2181 de la revista Proceso.

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