Marco Antonio Cruz en Luna Córnea: las imágenes que atrapan historias

El número 36 de Luna Córnea. El número 36 de Luna Córnea.

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Para Marco Antonio Cruz mirar el mundo es ordenarlo de manera documental. Su mirada no cancela el gesto del prójimo, lo amplifica como una lupa. Cada personaje de sus fotografías forma una constelación de reflexiones sobre lo que somos y la relación que establecemos con la memoria política y social.

Concebido como un recorrido histórico, el número 36 de Luna Córnea –que cumple 25 años de existencia– ofrece la constitución de un saber fotográfico, la apuesta de un recorrido en la vida de un hombre-cámara con los destellos, las oscilaciones y las fulguraciones de imágenes reunidas.

En una primera fotografía vemos a Cruz mirar un recuerdo allá por 1977: la silueta de una mujer encima de un carrusel en el centro de Cholula, Puebla. El carrusel expulsa a Cruz por un viaje de aventones en carretera. Esa fotografía constituye también el inicio de un archivo fecundo del advenimiento: las catástrofes políticas y sociales que toca tanto su historia personal como la de nuestra comunidad.

Rosario Ibarra en el número 36 de Luna Córnea.
Rosario Ibarra en el número 36 de Luna Córnea.

Los ojos de Cruz están inundados por la memoria de un país convulso. Las geométricas imágenes de Cruz fueron producidas en el presente del acontecimiento. Al mismo tiempo, su archivo discute las relaciones alrededor de las personas y la catástrofe, lo visto y lo no visto, la imposibilidad del testimonio y el rol del fotoperiodismo en el dominio público.

El cruce de memoria histórica y fotoperiodismo adquiere sentido a la hora de ver las fotos de Cruz. Quizá su fotografía del terremoto de 1985 es una de las más reproducidas en Occidente sobre aquel acontecimiento. La composición de esa imagen estableció un juego de significados del derrumbe y de la desconcertante facilidad con que puede ser destruida
una ciudad.

Relatos y posicionamientos, publicado por el Centro de la Imagen, revela el sentido ético del ojo de Cruz. En Habitar la oscuridad presta su mirada a quien no ve. El ojo mira el tiempo de vidas espectrales: Tres ciegos que tocan instrumentos de cuerda en el Centro Histórico de Puebla el 25 de marzo de 1977. Esa es la portada del número 36 de Luna
Córnea.

“Usar 35 mm, con lente de 35 mm y 6 x 6 con el lente de 85 mm. Con estos dos formatos es suficiente”, se lee en su programa de trabajo para el reportaje sobre los invidentes, instrucciones que revelan la astucia de un conocedor de la técnica. Son anotaciones que se inscriben en la autoconciencia que propicia la imaginación.

Sus fotos son cómplices históricas de la razón y la conciencia. Mirar a los ciegos significa descubrir la huella de un pasado irreversible donde el Estado no es capaz de conservar la visión de los invidentes.

Este número fue concebido a partir de la exposición Marco Antonio Cruz. Relatos y posicionamientos/1977-2017 en el Centro de la Imagen. El volumen, de más de 400 páginas, está acompañado de textos de Alfonso Morales, Alejandro Gutiérrez, Antonio García de León, Juan Villoro y Laura González. Una edición lírica en la que se encuentran alojadas en lenguaje fotográfico un movimiento de temas: los paisajes fronterizos, las fronteras urbanas, los perros callejeros y los retratos de la miseria conviven con una revisión del archivo personal del fotógrafo.

“La fotografía de vida cotidiana me llevó a la producción de historias y, con el tiempo y la experiencia, un mayor nivel de investigación me permitió llegar al fotorreportaje y al ensayo fotográfico”, cuenta en la sección llamada Autorretrato.

Lo que está en juego en la fotografía de Marco A. Cruz es el sentido de lo político y la forma en cómo se ha representado el poder en el fotoperiodismo. Durante un cuarto de siglo, Cruz fue testigo de los “rituales y las rutinas” del priismo y la simulación de la democracia.

Vista en la retórica del poder, la composición del retrato de Fidel Velázquez (1991) resignifica los usos del priismo y del charrismo sindical. Muestra la distancia que hay entre la ceniza de un puro y la mirada de un intocable. De cierto modo, esta imagen perpetra la estructura simbólica del poder, logrando crear un ícono de la corrupción.

Este numero es también un compendio de las atrocidades cometidas por el Estado mexicano en Chiapas, durante la guerra de 1994. Vive el retrato en alto contraste del expresidente Carlos Salinas y la candidez de Elba Esther Gordillo. También documenta su relación epistolar con el periodista Julio Scherer o el Subcomandante Marcos. “Que la lente enfoque bien el mañana”, le escribió el zapatista a Cruz en 2003.

Marco A. Cruz experimenta con distintos formatos, camina la ciudad y captura instantes. Con su cámara, sintetiza el azar de las vidas que cruzan todos los días la Plaza de la Constitución. La simplicidad y la obsesión por la precisión marca la historia de estas fotografías que hablan de la patria hecha confeti, de perros que pasean frente a cadetes, de petardos que estallan en el balcón presidencial, huellas de vidas ajenas.

Una nube en un espejo cierra la edición, nos transporta a las soluciones imaginarias de Cruz, quien se ampara en la ficción suprema de Kafka y sus escarabajos: una ventana a la mente de un creador, un bicho que vuela afuera de las páginas.

La metamorfosis según Cruz.
La metamorfosis según Cruz.

La presentación de la edición 36 de Luna Córnea será este jueves 30 de agosto a las 19 horas en el Centro de la Imagen (Plaza de la Ciudadela #2) y correrá a cargo de José Woldenberg, Rodrigo Moya y Fabrizio León.

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