Un “Rockdrigo” González inédito

Previo a devenir abanderado del movimiento de rock “rupestre” y eventualmente sucumbir durante el terremoto de 1985, el tampiqueño Rockdrigo González solía presentarse con su paisano Gonzalo Rodríguez en la capital del país. Quien fuera compañera de Gonzalo, Nuri Trigo Boix, comparte ahora recuerdos, fotos y grabaciones inéditas del dueto en aquella época para su nuevo sitio internet “Crisol de palabras”, donde narra momentos de la relación entre ambos compositores, que se reproducen aquí.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Murió en el sismo hace 33 años, la mañana del jueves 19 de septiembre. 

Pero aunque jamás publicó ningún disco en vida, la figura de Rockdrigo González se ha agigantado al punto que pronto aparecen más fotos y canciones inéditas suyas en el nuevo sitio www.crisoldepalabras.com, gracias a Nuri Trigo Boix, quien lo conoció cuando el futuro Profeta del Nopal y Sacerdote Rupestre arribó a la capital mexicana con su guitarra y voz.        

Nuri Trigo Boix abrió dicho portal en internet, originalmente para honrar la memoria de su pareja sentimental Gonzalo Rodríguez González (Tampico, 1952-D.F., 1988), artista plástico y músico unido al Rockdrigo desde Tamaulipas no sólo por la similitud de sus nombres y apellidos: ambos tocaron a dueto hasta comienzos de los años ochenta.

Cuenta Nuri (“nací en el Sanatorio Español de la Ciudad de México, soy bióloga por la UAM-Xochimilco y doctora en Ciencias Biológicas por la UAM-Iztapalapa”), nombrando siempre a Rockdrigo por su nombre de pila:

“Hace tres o cuatro años empecé a ordenar el material que había dejado Gonzalo para armar un blog con su obra. Entre ese material, había unas cintas de grabadora de carrete con ensayos de Gonzalo con Rodrigo y de Gonzalo solo. Las cintas las digitalizó Fernando Roldán en Estudio 19. Son solamente tres, porque nunca tuvimos dinero para comprar más y sobre esas se volvían a grabar los ensayos.”

Dos horas y media son ensayos e improvisaciones de Rodrigo con Gonzalo y el resto son de Gonzalo solo, cantando sus canciones, sus interpretaciones, y componiendo y preparando nuevo material, explica:

“A pesar de ser mucho material, hay solamente una canción del Rodrigo solo que, a mi juicio, vale la pena publicar; pero he dejado eso en manos de Genoveva González, la hermana del Rodrigo… El autor intelectual es el Rodrigo, pero la grabación es de mi propiedad y se hizo en mi casa, de manera que lo justo es que Genoveva pueda disponer de ese audio (que le entregué cuando estuvo todo digitalizado) indicando su origen. Así es como pienso que se debería haber resuelto la publicación de toda la obra de Rodrigo que, a este paso, no sé si conoceremos algún día.”

Reencontrando el futuro

Tras la muerte de Rockdrigo (Rodrigo Eduardo González Guzmán, nacido el 25 de diciembre de 1950 en Tampico), al derrumbarse el edificio de la calle de Bruselas donde vivía con su novia bretona Françoise (alias La Pancha), Nuri Trigo abrió las puertas de su casa cerca de Ciudad Universitaria.

Con Gonzalo ella convocó allí a los músicos del rock rupestre más cercanos al Profeta del Nopal como Fausto Arrellín de Quál, y entre otros, a Modesto López de Pentagrama Ediciones, Pepe Návar de la hoy extinta disquera WEA, y al padre de Rockdrigo, Manuel González Sámano, con el fin de dar vida a la Asociación Civil Rancho Eléctrico, cuya meta era rescatar las rolas de Rockdrigo (ninguna profesional) que grabó solo, a dueto con Gonzalo o con su banda Quál, algunas de su único caset existente en 1985 Hurbanistorias (que incluía la hoy célebre “Estación del Metro Balderas”, estación del Metro donde se levanta su estatua y una placa). 

Proceso contactó hace pocos meses a Nuri (quien durante 32 años fue investigadora docente en la UAM-Xochimilco, trabajando Análisis de Sistemas en Ecología, en los volcanes Iztaccíhuatl y Popocatépetl). Con ayuda del investigador queretano Felipe Cabello Zúñiga, este semanario le solicitó la exclusividad para publicar aquí las fotos y documentos que ella resguarda.

Redactó Nuri para Proceso:

“Gonzalo me enseñó mucho de su experiencia profesional con los medios. Fue un hombre muy crítico, quizás nadie lo recuerda así porque cuando armaron el proyecto del Rancho Electrónico la prioridad era difundir la obra del Rodrigo, y Gonzalo se reservaba las diferencias con el resto en un afán por limar asperezas y avanzar. Es una lástima que el proyecto fracasara; demasiados egos involucrados y muy poca gente honesta y desinteresada.”

En efecto, el periodista Pepe Návar (a quien Rockdrigo entregó una cinta de canciones caseras suyas con el fin de que las mostrara a ejecutivos de WEA) propuso entonces lanzar un disco LP agregando a las piezas músicos rocanroleros de estudio, pero el padre de Rockdrigo rechazó el contrato “leonino” de WEA que le otorgaría sólo el 5% de las ganancias de un primer álbum póstumo. A la fecha Návar no ha dado a conocer aquellas cintas. 

Por su parte, Nuri desmintió vía correo electrónico que la muerte de Gonzalo haya sucedido como describe Armando Vega-Gil en Diario íntimo de un guacarocker (Penguin Random House, 2013), bajista de Botellita de Jerez, donde se dirige de paso a Rockdrigo cual si El Profeta del Nopal aún viviese:

“Tus primeras rolas sonaban como las de Silvio; pero en esas letras ya se perfilaba el modo crudo del habla cotidiana, la dura semántica de la calle, el profundo océano significativo del caló chacotero y desmadroso, su belleza bizarra. Pero de aquellos duros años, Gonzalo Rodríguez tampoco puede contarnos nada: una borrachera lo ahogó en su propio vómito…”

Nuri corrige:

“Gonzalo murió el 12 de marzo de 1988 en el Hospital ABC de la Ciudad de México tras un proceso de pulmonía.”

Y añade que en la primavera de 1974 “Gonzalo y yo nos conocimos en una excursión a Las Estacas, con un grupo de amigos de una de sus hermanas que también eran amigos de uno de mis hermanos”.

Accedió al fin enviar para Proceso un texto “de poco menos de dos cuartillas” en formato PDF, “centrado en el Rodrigo, y donde Gonzalo viene a ser un actor secundario; lo he hecho así porque creo que cuando se trata de recordar al Rodrigo, el protagonista debe ser él”.

Jubilada desde 2014, Nuri Trigo es traductora autónoma. Con Gonzalo Rodríguez tuvo dos hijos: Gonzalo, nacido en 1986, y Nuri, en 1987. A continuación, el escrito prometido:

A 30 años sin Gonzalo

Gonzalo y Rodrigo eran amigos en Tampico; se reunían con otros amigos en casa del Rodrigo a escuchar música, porque Rodrigo solía tener los LPs de lo último que salía de rock en los Estados Unidos. 

Sacaban la música de las canciones que más les gustaban; Rodrigo traducía algunas y adaptaba la letra en español. Usaba bien su talento de dominar el lenguaje al descifrar las letras en inglés y traducirlas al español, de manera que se mantenía la armonía no obstante el cambio de lenguaje.

A pesar de los esfuerzos que dedicó Gonzalo por llevar una buena oferta cultural a Tampico con el grupo Siglo XXI (del que Rodrigo no formó parte), llegó un momento en que se dio cuenta de que los espacios para crear y difundir arte estaban en la Ciudad de México y decidió cambiar de horizontes a finales de 1973. A mediados de 1974, cuando ya tenía un trabajo en el Instituto Nacional de Bellas Artes y un pequeño departamento en la esquina de Río Marne con Río Lerma, intentó convencer al Rodrigo de que dejara Tampico y se fuera a la capital. Rodrigo pasó de visita a ver a Gonzalo (en esa visita lo conocí); pero no le convencía la idea, además de que fue solamente a explicarle que se iba a Xalapa para estudiar psicología, a partir de un raro acuerdo con su padre.

Sin embargo, Xalapa no funcionó. No dejaba de ser un ambiente muy cerrado con muchos egos y protagonismos –como Tampico– y, finalmente, en el 76 llegó a México, cuando Gonzalo ya se había mudado a un departamento más grande en la calle de Hamburgo, casi esquina con Lieja (primer edificio construido en la ciudad con cimientos hidráulicos como prevención ante los temblores).

Cuando llegó Rodrigo, él y Gonzalo se propusieron formar un dueto y empezaron a armar un repertorio. Gonzalo traía la inquietud de las luchas revolucionarias latinoamericanas, comenzando con la Revolución cubana; Rodrigo traía la influencia de la música de los Estados Unidos, pero también se suma a Gonzalo en el gusto de incluir al repertorio canciones de la Nueva Trova Cubana.

Decidieron incluir “Yolanda”, de Pablo Milanés. Para Gonzalo no era una letra que hablase de lo que a él le interesaba: la denuncia de las injusticias, la lucha por la libertad. Ahí fue cuando Rodrigo defendió su propuesta, diciendo que también había que llegarle a la gente con el sentido del humor –como el de Chava Flores, puso de ejemplo–. Y del amor, lo romántico –y ahí argumentó lo mucho que le pedían canciones de José José en la calle–. Llegaron a un acuerdo cuando Gonzalo aceptó “Yolanda”, a cambio de que también incluyeran “Te recuerdo Amanda”, de Víctor Jara; canción que le gustó tanto al Rodrigo, que eligió el nombre de Amanda (junto con el de Lalena, en alusión de la canción de Donovan) para su hija.

Otra pieza que entró en el repertorio a iniciativa del Rodrigo fue “A mis soledades voy” de Mocedades (poema de Lope de Vega). Le gustaba mucho y propuso un juego de primera y segunda voz, que llegó a ser una especie de “marca de la casa” del dueto, porque preparaban esos coros de voces siempre que la canción se prestaba para ello. Aparte de armar repertorio con Gonzalo, en ese tiempo Rodrigo se dedicó a recorrer Chapultepec y el Metro, juntando unos centavos con su guitarra y su armónica. Le fascinaba trabajar en la calle, ver a la gente y construir a partir de lo que veía y luego fueron muchas de sus composiciones. Leía muchísimo y creo que, después de tocar, lo que más le gustaba era jugar con el lenguaje.

De los audios de Gonzalo, he ido subiendo a la página que contiene su obra (“Crisol de Palabras”) una pequeña selección, porque la calidad del audio es muy mala; los micrófonos eran de segunda mano y uno tenía un falso contacto que ocasionó un ruido de fondo en gran parte de las grabaciones imposible de eliminar.

Las cintas reúnen once canciones que ensayaban Rodrigo y Gonzalo, y unos 25 minutos de improvisaciones, en siete fragmentos diferentes. Una de esas improvisaciones está en el “Crisol…” desde el viernes 14 de septiembre, en un pequeño espacio de homenaje al Rodrigo, con las fotografías que le tomó Gonzalo, y un escrito que hizo cuando murió el Rodrigo.

He reunido una serie de fotografías que yo tomé, las mando a Proceso en el PDF adjunto. Las fotografías que tomó Gonzalo las tengo reservadas para el “Crisol de Palabras”; pero las mías se pueden usar con el crédito correspondiente. Al final del archivo están las imágenes de las listas de canciones de algunos de los conciertos… No tengo manera de decir de qué concierto fue cada lista en particular, pero la mayoría fueron en San Rafael pues hay un programa de 1981 de uno de esos conciertos.

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Pentagrama Ediciones del productor Modesto López ha publicado cuatro discos de Rockdrigo, aunque con el tiempo han circulado otras grabaciones dadas a conocer en el Tianguis del Chopo e Internet, así como en CD y demás versiones de músicos rupestres, a la par de libros y películas.

Fausto Arrellín del grupo Quál, manifestó a Proceso que El Profeta del Nopal debió de haber compuesto alrededor de un centenar de rolas, de las cuales aseguraba “trabajar sólo con unas 30”, y que alguna vez le mostró un cuaderno engargolado con esas 100 piezas que había registrado en Derechos de Autor.

Este texto se publicó el 16 de septiembre de 2018 en la edición 2185 de la revista Proceso.

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