Soto Millán y su coral “43” por Ayotzinapa

Provocadas “por los gobiernos abusivos de la globalización”, injusticias como la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa hace 4 años, motivan “un homenaje al arte de luchar por la equidad y el amor” en obras musicales de Eduardo Soto Millán. Autor de Corazón sur sobre el movimiento zapatista y La verdad sólo es una en torno al del 68, estrena el próximo 26 en Xalapa su coral 43 –“para que cambiemos este inmenso dolor”–, en el marco de las Jornadas Académicas de la Universidad Veracruzana De Tlatelolco a Ayotzinapa, un paso adelante y tres atrás.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Un cántico de homenaje, denuncia y esperanza para los estudiantes de Ayotzinapa, justo al cumplirse cuatro años de su desaparición, estrenará el compositor Eduardo Soto Millán (Ciudad de México, 1956) abriendo las Jornadas Académicas “De Tlatelolco a Ayotzinapa: Un paso adelante y tres atrás” en el Museo de Antropología de Xalapa, Veracruz.

“De plano me fue imposible hallar otro título –expresa Soto Millán– y nombré a esta obra 43 como tributo a los chicos y chicas de aquella noche tan dolorosa en Iguala; a manera de denuncia, mi trabajo pertenece al ciclo musical que inicié en 1994 con el movimiento zapatista, y que he trazado a la fecha desde esta posición al honor de quienes luchan por México. Es el grito silencioso que todos llevamos dentro ante las injusticias y la violencia cada día mayores, provocadas por los gobiernos abusivos de la globalización.”

43, añade el compilador de los dos tomos Diccionario de Compositores Mexicanos de Música de Concierto (FCE/SACM) y otrora crítico musical de Proceso, “es una obra para ensamble de voces blancas”.

Será dirigida el miércoles 26 de septiembre por Noel Josafat García Melo, al frente de la Camerata Coral de la Facultad de Música de la Universidad Veracruzana (UV), tras inaugurar a las 11:00 horas el miércoles 26 de septiembre dichas Jornadas Académicas (que proseguirán hasta el 15 de octubre) la rectora de la UV, Sara Ladrón de Guevara, y el munícipe xalapeño Hipólito Rodríguez Herrero.

Se pregunta a Soto Millán la razón de que 43 sea “para voces blancas”.

–Significa que no son voces impostadas, no son operísticas –responde de buen talante el egresado de la Escuela Nacional de Música (UNAM)–: 43 es una obra hablada y coral para voces como la tuya y la mía… Mira, escribo música para no deprimirme por acontecimientos funestos como los de Iguala. 

–¿Cómo le nació 43? 

–Debo remontarme al movimiento zapatista en Chiapas en 1994, porque aquel momento a mí, como individuo, como mexicano, verdaderamente me sacudió. Hizo que volteara hacia dentro y viese la realidad de todos nosotros en México, así compuse Corazón sur para percusiones, y de ahí a la fecha me inspiran sucesos de dureza social, incluso el título de mi última obra que estrenaré en octubre sobre el 68 es así: La verdad sólo es una. 

“Mi posición como compositor es hacer discursos musicales, obras que constituyen de muchas maneras una especie de denuncia y un homenaje al arte de luchar por la equidad y el amor. Me duelen profundo los muertos en México. Con cada suceso grande, duro o de agresión mínima a la vuelta de la esquina y en nuestros hogares, me preocupo; lo que vivimos hace que desde entonces me cuide para no deprimirme, porque realmente no estoy bien…”

–¿43 es sólo para ocho cantantes?

–43 es una obra para al menos ocho voces, pero es abierta. Pueden ser ocho o más voces blancas, hasta un coro monumental. De estas ocho o más voces, el ensamble lo tengo construido verticalmente en tres partes. Digamos que es una especie de continuum, un discurso que surge y se va generando, implementando, creciendo…

“Hay voces que van diciendo a lo largo de la obra cada uno de los nombres de los 43 chicos desaparecidos. Y otras voces hacen un conteo del número uno al número 43. Unas más hacen un canto breve que constituye la esperanza al final de la obra, para que en nuestro país cambiemos este inmenso dolor. Todo va medido, especificado para todas las voces con la notación de cuánto debe durar su expresividad vocal en la obra 43.

“Me volví alguien… no quiero decirte consciente porque siempre te enteras de todo, por supuesto, pero no sabes cómo me movió el movimiento zapatista, y desde entonces cada suceso de violencia, cada desaparición o cada turbulencia social penetra tremendamente mi ser. Los nombres de los 43 chicos comencé a evocarlos y fue un caso lamentablemente emblemático en este tipo de violaciones en México. Yo sentí tanto dolor que decidí crear esta clase de música. No puedo, en serio, hacer ya otra clase de música.”

El proceso de creación en Soto Millán ha sido intenso, por los temas que trascienden los trazos en su pentagrama. Así compuso El cielo inmenso que cuida a la selva (1995) y Tloque-Nahuaque (1996). 

“O sea, ¿qué hacer como ser humano y cómo decir lo que quiero plasmar en mi discurso sonoro 43? El impacto que ansiaba lograr en quien me escuchase me provocó desvelos, máxime cuando no tuve la oportunidad de acercarme a los padres de los estudiantes desaparecidos para escribir la obra.”

En el ensayo de Claudia Berdejo Pérez, profesora de la Universidad de Guadalajara, “Testimonios artísticos por Ayotzinapa” (Reflexiones sobre Ayotzinapa, 2017), apunta que “desde el Movimiento Zapatista del EZLN o el Movimiento estudiantil del 02 de octubre de 1968, ningún otro acontecimiento afectó de tal manera a la comunidad de las artes como lo hizo esta tragedia de Ayotzinapa”.

En cuanto a la música popular eso aplica al tema, pues se produjeron canciones como la de Michelle Solano, de La Serenísima, con Armando Chacha y Verónica Ituarte (“Grito de guerra”); o el álbum De vuelta a casa. Ayotzinapa somos todos con Lila Downs (“Patria Madrina”), Dr. Krápula (“Desaparecidos”), Café Tacvba (“1 2 3”), Saúl Hernández (“Fuerte”), y Julieta Venegas (“Una respuesta”). Incluso, sinfónicas como las de Xalapa y la Nacional, la Filarmónica de la Ciudad de México, la de Baja California, o el Coro de Bellas Artes dedicaron conciertos a Ayotzinapa.

–Pero, ¿no le extraña que en el ámbito de los compositores que saben escribir música en pentagrama, partituras al respecto brillen por su ausencia?

–Con más frecuencia en el rock y géneros aledaños se oye música de contenido social y así aconteció con Ayotzinapa. En la música entre comillas “clásica” o “de concierto” no se da tanto esta liga, son raros los músicos digamos “serios” que nos acercamos a sucesos que afectan la sociedad y a nuestro país. Cuando surgen son a menudo por encargo, en proyectos extra sociales. Ignoro si soy el único en el panorama de la música de concierto que se haya preocupado por hacer una partitura a los muchachos de Ayotzinapa.

El coral 43 abrirá las Jornadas Académicas De Tlatelolco a Ayotzinapa, un paso adelante tres atrás junto con El cerco, de Juan Pablo Medina (D.F., julio 1 de 1968), interpretación ésta de Alexis Martell al piano y Roberto Barrera al fagot. 43 repetirá el viernes 28 en el Instituto de Investigaciones Históricas de la UV, y Tryno Maldonado disertará en torno a Ayotzinapa, rostro de los desaparecidos el 29 de septiembre.

Sólo Veracruz es bello

Luchadora social y catedrática de Literatura Hispanoamericana, Ester (sic) Hernández Palacios (Xalapa, 1952) fue la promotora cultural, escritora y ensayista quien no dudó en organizar el medio centenar de actividades para las Jornadas Académicas “De Tlatelolco a Ayotzinapa…”, a petición de la rectora Sara Ladrón de Guevara:

“Le pedimos venir acá a Xalapa a Eduardo Soto Millán, porque me pareció muy importante que en nuestra universidad presentara su obra coral 43, puesto que la UV posee una tradición musical grandiosa junto con el Conservatorio de las Rosas de Morelia, Michoacán, somos dos universidades que ofrecen la mejor educación musical en el país después de la Ciudad de México, ¿verdad? Tenemos una Orquesta Sinfónica que lleva casi noventa años y una cantidad enorme de melómanos en Veracruz.”

Autora de México 2010, diario de una madre mutilada (Premio Bellas Artes de Testimonio “Carlos Montemayor” 2011), El cromosoma de Beatriz (2016) –libro infantil sobre el Síndrome de Down– y la antología Rincones Románticos de la poeta veracruzana María Enriqueta Camarillo y Roa de Pereyra (FCE/UNAM, 2017), en su larga trayectoria Hernández Palacios destaca hoy el ser coordinadora en la UV del programa Tendiendo Puentes Para la Paz:

“Estas Jornadas Académicas las organizamos acá en Xalapa para recordar el 68, en el pensamiento de que a nuestros estudiantes, maestras y la sociedad xalapeña y veracruzana no se les olvide lo que pasó en el México de 1968. ¡Pero cómo pasar por alto Ayotzinapa, no podíamos! Sin duda el movimiento estudiantil y la terrible masacre de Tlatelolco se relacionan con la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa de varias formas.”

De ahí el título De Tlatelolco a Ayotzinapa, un paso adelante y tres atrás, conmemoración de los 50 años de la masacre de Tlatelolco y cuatro de la desaparición de los 43 estudiantes de la Normal “Raúl Isidro Burgos” de Ayotzinapa “que analizarán los periodistas Paula Mónaco y John Gibler”:

“Resulta que la colección de fotografías que sacó Nacho López sobre el 68 la tenemos nosotros en nuestro acervo y vamos a exponerla. La muestra Ayotzinapa y su eco universitario mundial presentará a su vez una selección de carteles de eventos académicos realizados en torno al tema por Estados Unidos, Europa y América Latina. Asimismo, estudiantes y académicos provenientes del ITESO de Guadalajara, de la Universidad de Guadalajara, de la Universidad Pedagógica Nacional y de El Colegio de México hablarán sobre cómo el impacto de los hechos de Iguala en sus respectivas instituciones y acerca de las publicaciones que se efectuaron al respecto. Dos padres de alumnos, Hermenegildo Ortega y Jorge Alejandro Ríos, estarán presentes y darán su punto de vista.

Ayotzinapa se hará presente en mesas con estudiantes de lo que significa ser estudiante en el México violento cuando desaparecen jóvenes “sean estudiantes o no”; qué significa escribir “en nuestro país y en Veracruz” durante “Ayotzinapa visto por alumnos de la UV”. Un grupo de alumnos y alumnas provenientes de zonas conflictivas del país (Ciudad Juárez, Culiacán, Morelia y Chilpancingo) hablarán sobre su vida cotidiana y aprendizaje, leyendo textos suyos de corte literario y periodístico. Para el ciclo de cine, va la película que patrocinó Guillermo del Toro, Ayotzinapa, el paso de la tortuga.

Desde que México fue enterándose del caso, Ester Hernández Palacios se abocó a exigir con los padres de los muchachos guerrerenses y la Red de Escritores, Artistas y Académicos por la Justicia y la Equidad, el esclarecimiento de los hechos más el castigo para los responsables. Participó en el libro 43. Una vida detrás de cada nombre (UV, 2015), donde retrata a uno de los estudiantes (www.proyectodiez.mx) así:

Benjamín Asencio Bautista nació en Alpoyecancingo, una de las cuatro rancherías más importantes entre las 35 pertenecientes al municipio de Ahuacotzingo, que en náhuatl significa “encino amarillo” y que en el pasado fue conocido como Buenos Aires… antes de que llegara el narcotráfico. (…) En la lista de los 43 desaparecidos (Benjamín) ocupa el número ocho. Su signo es Aries, como el mío, por lo que debe tener una voluntad férrea y una gran energía para llevar a cabo lo que se propone (…) La ficha de Benjamín que la PGJ ha colgado en la Red, junto a la de los demás desaparecidos, está hecha con tanto descuido que en el rubro del sexo dice “femenino”.            

Para Ester Hernández Palacios, quien estudió Literatura Española en la UV, maestría en Lingüística por la Universidad de Toulouse-Mirail y doctorado en Letras Modernas en la Universidad Iberoamericana, “la situación que vive ahora México puede quedar condensada en la desaparición de los 43 de Ayotzinapa”.

Porque aunque la mascare de la Plaza de las Tres Culturas –el 2 de octubre– y los hechos en Iguala –entre la noche del 26 y la madrugada del 27 de septiembre– son eventos distantes (“el de 1968 es de un sueño que no fue pero pudo haber sido y se dio con el despertar del estudiantado mexicano”), en el caso de Ayotzinapa, refiere Hernández Palacios, “los estudiantes también creían que podían incidir en un cambio del mundo”, pues ellos “tuvieron una visión crítica y la esperanza de poder participar para finalmente construir un país justo”.

Para rubricar:

“Su ideal es consonante con el que motivó a los estudiantes del 68, no queremos vivir en un país donde Tlatelolcos y Ayotzinapas queden impunes”.  

Este texto se publicó el 23 de septiembre de 2018 en la edición 2186 de la revista Proceso.

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