El 68 alemán: germen de las luchas contra el autoritarismo

La Fracción del Ejército Rojo, conocida también como la Banda Baader-Meinhoff. Foto: Twitter @AgenteTruffaut La Fracción del Ejército Rojo, conocida también como la Banda Baader-Meinhoff. Foto: Twitter @AgenteTruffaut

BERLÍN (apro) .- “Me avisaron que mi madre estaba muriendo. Me sacaron de mi celda esposado y me subieron en un helicóptero. Aterrizamos en el que alguna vez fue mi barrio, que ya estaba lleno de policías y militares. Entré a la recámara de mi mamá, donde había dos policías de élite arrodillados, no para rezar, sino para recargar en la rodilla los rifles con los que me apuntaron en todo momento. Me despedí de mi pobre madre, que no merecía esa escena. Los vecinos aterrados espiaban entre las cortinas. Me subieron al helicóptero que me llevaría de regreso a la prisión de alta seguridad donde pasaría el resto de mi vida”, escribió Lutz Taufer, un miembro de la Fracción del Ejército Rojo (RAF por sus siglas en alemán) en sus memorias, que entregó a esta reportera.

A lo largo de varios años, quien escribe estas líneas intentó entrevistar a este exguerrillero alemán, pero Taufer estaba aún tan traumatizado que no podía hablar de la RAF o de su vida. Finalmente, animado por un fiel amigo, escribió su autobiografía y tuvimos una larga plática.

Narra: “Los miembros de la RAF fuimos condenados a cadena perpetua en aislamiento total. Había un silencio absoluto en nuestras celdas. Un foco de neón encendido día y noche, sin nada para leer o escribir, sin hablar, sin visitas, sin ver a nadie. Primero perdí la cuenta de la fecha, después de mi edad. Se trataba de quebrarnos, de volvernos locos. Nos las arreglamos para organizar una huelga de hambre y acabar con el aislamiento. Con el pretexto de salvarnos la vida, nos torturaron metiéndonos una sonda por la nariz o por la boca para alimentarnos al tiempo que nos golpeaban. En total hicimos ocho huelgas de hambre. Algunos compañeros no aguantaron y murieron”.

La única demanda de los 80 miembros de la RAF encarcelados era tener las mismas condiciones penitenciarias que los presos comunes, sin aislamiento y sin tortura.

“La respuesta de las autoridades fue quitarnos el agua en las huelgas de hambre”, escribió Lutz Taufer y agregó que fue tanta la presión de las organizaciones humanitarias, de psiquiatras y de los familiares, que lograron un mejor trato después de muchos años.

Varios miembros destacados fundadores de la RAF murieron en prisión en circunstancias que nunca quedaron claras. Suicidio, reza la versión oficial.

La Fracción de Ejército Rojo también fue conocida como la banda Baader- Meinhof, por el apellido de sus fundadores.

La radicalización de los jóvenes

El movimiento estudiantil de 1968 tuvo como denominador común, en todos los países donde se presentó, una lucha frontal contra el autoritarismo. En algunos casos, tras la represión a los estudiantes, algunos grupos se radicalizaron y derivaron en el surgimiento de grupos armados, como ocurrió en México o Alemania.

El sha de Irán, Reza Pahlevi, visitó Berlín en 1967. Sus anfitriones le dieron una bienvenida a todo lujo, pero en las calles hubo mítines de repudio. Mientras el sha escuchaba La flauta mágica, los estudiantes que se manifestaban en contra de su visita fueron golpeados por un grupo de choque que el mismo sha había llevado al viaje. La policía alemana no intervino hasta el final de la manifestación, cuando los asistentes se dispersaban. El policía Karl-Heinz Kurras siguió al estudiante Benno Ohnesorg hasta el patio trasero de un edificio, donde lo asesinó el 2 de junio.

Este hecho se convirtió en un parteaguas de la historia alemana. El asesinato a sangre fría de Benno y la liberación del policía Kurras enfurecieron al movimiento estudiantil. Dos años después aparecería un grupo armado de corte anarquista que se autodenominaría Movimiento 2 de junio.

Los estudiantes criticaban duramente la herencia del nazismo, muy en especial al autoritarismo que había quedado tatuado en la sociedad alemana. De hecho, varios nazis prominentes no fueron llevados a juicio y ocupaban puestos claves en la República Federal Alemana. El mejor ejemplo es el de Georg Kiesinger, quien llegó a ser canciller (1966-1969) a pesar de su pasado nazi. Los escritores Heinrich Böll y Günter Grass escribieron cartas de protesta en contra de que Kiesinger ocupara el puesto más alto del país. El 7 de noviembre de 1968 la periodista Beate Klarsfeld, en el congreso del Partido de la Democracia Cristiana, se acercó a Kiesinger y le dio una bofetada. Tras un juicio que duró una semana, la joven periodista fue condenada a más de un año de prisión.

Muchos viejos nazis tuvieron cargos importantes en el gobierno alemán de la posguerra. Los jóvenes y la izquierda estaban indignadísimos.

¡Ho ho Hochimín!

Los estudiantes marchaban un día sí y otro también contra la guerra de Vietnam. Al principio, se pedía la paz, pero con las noticias de las atrocidades de los soldados norteamericanos, con la disparidad de fuerzas y la nula legitimidad de la invasión, el apoyo se volcó al Vietcong. Los estudiantes alemanes formaban contingentes con 20 personas que, enlazados por los codos, marchaban gritando “¡Ho-ho-Hochimin!”. Estados Unidos tenía bases militares en Alemania desde las que partían aviones y tropas a Vietnam. Además, era un aliado que vendía armas al ejército norteamericano.

“Era una época en la que todavía no se hacía ninguna crítica al Vietcong”, subraya Rolf Merey, y agrega: “La masacre en Mi Lay de más de 500 pobladores indefensos (16 de marzo de 1968) fue una vergüenza y una lección”.

Jutta Klass, una activista por la educación y los derechos de los niños, estudió letras inglesas y rememora:

“En Heidelberg yo repartía volantes a los soldados que serían enviados a Vietnam desde las bases militares norteamericanas en territorio alemán. Tratábamos de convencerlos de desertar, tomar el tren e ir a Suecia, donde recibirían asilo político. Yo era muy jovencita y así empezó mi politización. Teníamos toda una red muy efectiva y nos parecía que era una buena manera de salvar vidas de ambos bandos”

Una de las acciones más osadas de la RAF fue introducir explosivos a una base militar norteamericana y hacerla volar en pedazos.

Lutz Taufer afirma en su autobiografía titulada Ohne Grenze (Sin Fronteras) que diversos pesticidas producidos en Alemania occidental fueron utilizados para destruir las selvas de Vietnam. Ni la población civil ni el Vietcong tuvieron escondite en el follaje. “Nosotros pensábamos que las manifestaciones no servían para detener las matanzas en Vietnam, Argelia o Angola; la lucha antiimperialista debía darse no sólo en el Tercer Mundo, sino en las capitales de los imperios”, escribió Taufer.

Rudi Dutschke

En la Asociación Alemana de Estudiantes Socialistas había intensos debates sobre el capitalismo, el imperialismo y el autoritarismo. Uno de los oradores más brillantes y carismáticos fue el doctor en filosofía Alfred Willi Rudolf Dutschke, mejor conocido como Rudi Dutschke. El politólogo y sociólogo llegó en su bicicleta a una reunión de estudiantes el 11 abril de 1968. En la calle un miembro de la ultraderecha alemana, Josef Bachman, le gritó “¡maldito cerdo comunista!” y le disparó tres tiros.

Rudi murió en 1979 a consecuencia de las lesiones de aquel atentado. Se convirtió en un símbolo. El movimiento estudiantil afirmaba que las balas no sólo vinieron del perpetrador físico, sino del consorcio Axel Springer, al cual aún pertenecen los periódicos Bild Zeitung y Die Welt. El Berliner Zeitung se unió a la campaña de linchamiento mediático contra los estudiantes y se cebó con Dutschke. Los grandes periódicos difamaban e insultaban sin cesar a los estudiantes y azuzaban a la gente en su contra. La campaña de odio surtió efecto y el llamado a “deshacerse de los comunistas llegó al acomedido Josef Bachman.

Hubo muchas manifestaciones en repudio al atentado de Dutschke y contra el consorcio Axel Springer. En Berlín, los estudiantes furiosos y muy bien coordinados impidieron que las publicaciones llegaran a los puestos de periódicos asaltando a los camiones repartidores. Los estudiantes incluso exigieron la expropiación del consorcio.

“El ciudadano común hacía eco a las injurias de la prensa. Algunos viejos nazis afirmaban abiertamente: Adolf no lo hubiera permitido”, dijo Rolf Mayer en entrevista con esta reportera.

Subrayó: “La sociedad de la posguerra alemana seguía siendo reaccionaria y muy fiel a los preceptos nazis. La gente le gritaba a los estudiantes que se merecían ir a la cámara de gas o ir un campo de concentración. Así de terrible era el contexto social en 1968. Sin embargo, las organizaciones estudiantiles sentían que la revolución estaba a la vuelta de la esquina. Aquello era una fiesta permanente, con mucho optimismo e ilusión en el futuro. El movimiento estudiantil fue oxígeno puro que nos permitió respirar, reflexionar y actuar en contra del autoritarismo.”

Los derechos de las mujeres y los jitomates

Según Rolf Meyer, en la Asociación Alemana de Estudiantes Socialistas, las muchachas pusieron sus demandas feministas sobre la mesa. Nadie las había tomado en serio. Raras veces les daban la palabra y cuando alguna mujer hablaba, los hombres se burlaban de ella o simplemente la ignoraban, hasta que el 13 de septiembre de 1968, cuando Hans-Jürgen Krahl, presidente de la asociación de estudiantes tenía el uso de la palabra, Sigrid Rüger le arrojó un jitomate en la cara. A partir de ese momento las mujeres fueron escuchadas. Además, fundaron una organización con nombre burlón: El Consejo de las Viejas. Así comenzó el movimiento feminista que en breve se convertiría en un frente impresionante. Las jóvenes entendieron que sus demandas no tendrían eco o respuesta en la Asociación Alemana de Estudiantes y que tenían que organizarse ellas solas para luchar por sus derechos. El señor Meyer señala algo muy importante: “Las feministas exigían que la revolución sexual fuera también para ellas y no sólo para los hombres”.

La periodista Ulrike Mainhof decía que todo lo privado es política. Ella llamó la atención sobre el maltrato a las mujeres y los niños. Mainhof se radicalizó y fue fundadora de la Fracción del Ejército Rojo (RAF).

Los movimientos nacidos en 1968 tienen vigencia hasta hoy. Muchos no tuvieron nada que ver con el socialismo real; de hecho, en Checoslovaquia el intento democratizador fue aplastado por los tanques soviéticos. Los movimientos nacidos en el 68 como el feminista, el ecologista, el de los derechos civiles, por mencionar algunos, buscaban no sólo la liberación de los individuos, sino de la sociedad. Lo intentaron a través del arte, de las movilizaciones con mucha creatividad y entusiasmo.

La RAF

A finales de 1968 la Asociación de Estudiantes Socialistas Alemanes se desintegró. Cada vez hubo más fracciones, más grupos que lucharon por objetivos muy particulares, como las feministas, que decidieron dar solas su batalla.

Aparecieron nuevas organizaciones políticas, algunas de corte maoísta, trotskista, leninista y un largo etcétera. Hubo anarquistas y los llamados Spontis (Espontáneos) que no se identificaban con ninguna ideología en especial, pero que se oponían con todas sus fuerzas al autoritarismo.

También apareció la Fracción del Ejército Rojo, una guerrilla urbana que se asumió como anticapitalista y antiimperialista. Sus integrantes estaban por la lucha armada. Desde su visión del mundo, ésta era la única vía de acceder al poder ya que los gobiernos de izquierda en Latinoamérica habían sido derrocados por brutales dictaduras militares.

En un principio, la RAF contó con la simpatía de la izquierda alemana, pero después vino el escepticismo y se fueron quedando sin el apoyo popular.

Las acciones de la guerrilla alemana eran cada vez más espectaculares: incendios de supermercados, ataques a bases militares norteamericanas, la toma de la embajada alemana en Estocolmo, y el secuestro de prominentes nazis. En los tres últimos casos murieron varias personas, lo que les restó apoyos y les sumó críticas.

El 68 alemán estuvo marcado por tres factores que le pegaba a los jóvenes directamente: la vergüenza por el no tan lejano pasado nazi, el autoritarismo de acero inoxidable de su sociedad y que de Alemania partían tropas y aviones norteamericanos para bombardear Vietnam.

La RAF combinó esfuerzos con organizaciones armadas de Italia, Irlanda, Bélgica e incluso Palestina. Ya no había marcha atrás. Las primeras acciones de la RAF habían sido orientadas para luchar contra el capitalismo, el imperialismo y el colonialismo, asaltando bancos o incendiando supermercados vacíos. Los miembros de la generación fundadora cayeron presos o murieron en la primera mitad de la década de los setenta. Se les consideró terroristas y se les dio un trato draconiano.

La prioridad de la segunda y tercera generación de la RAF fue liberar a sus compañeros presos mediante un canje de prisioneros. El gobierno alemán se negó totalmente, así que los secuestrados fueron ejecutados. Un ejemplo es el de Hanns-Martin Schleyer, presidente de la Federación de Industrias Alemanas (la patronal germana) y otrora teniente nazi, miembro de la SS y administrador en la Checoslovaquia ocupada.

Todo miembro de la RAF capturado fue condenado a cadena perpetua en aislamiento total, sin importar cuál había sido su función dentro de la organización. A los simpatizantes no les fue mejor. Además, en 1971 se modificó la Constitución despojando a los presos acusados de terrorismo de casi todos los derechos civiles y se limitaron las libertades civiles en aras de la seguridad nacional. También se creó una ley antiterrorista.

La RAF apuntó sus baterías contra varios miembros del Poder Judicial alemán que fueron asesinados. Los guerrilleros nunca deslindaron sus responsabilidades. Nunca revelaron quién había tirado del gatillo o encendido la bomba. Todos fueron castigados con igual rudeza. Lutz Taufer participó en la toma de la embajada alemana en Estocolmo, donde todo salió mal y hubo cuatro muertos. Quienes participaron y sobrevivieron han guardado silencio. Manuela Happe fue de las últimas personas en entrar a la RAF. En un retén policiaco le marcaron el alto. Ella entró en pánico y se echó a correr. Un policía le disparó, ella respondió el fuego (con muy mala puntería), otro policía le disparó y Happe recibió una bala en el pecho que fue desviada por sus binoculares. Manu, como la llamaban, despertó en un hospital militar y también fue condenada a cadena perpetua.

Después de un largo cabildeo de los familiares de los presos y de organizaciones humanitarias, se logró la amnistía de todos los presos. Unos salieron antes que otros.

También se derogó la Ley Antiterrorista de 1971 aunque ya tienen otra más moderna.

El último golpe de la RAF fue en 1993. En 1998 la organización armada declaró su disolución y en junio del 2011 fue liberado el último guerrillero.

 

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