El Movimiento estudiantil de 1968 es inscrito en muro de honor del Congreso de la Unión

Al Movimiento Estudiantil de 1968 en el muro de honor de San Lázaro. Foto: Benjamín Flores Al Movimiento Estudiantil de 1968 en el muro de honor de San Lázaro. Foto: Benjamín Flores

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Hoy, 2 de octubre de 2018, con la mirada puesta hacia el futuro, “estamos reunidos para conmemorar el movimiento de masas más brillante, trascendente y generoso de los últimos tiempos, y también estamos aquí para seguir reclamando justicia por los crímenes que el Estado asestó en el corazón de la juventud mexicana y que hoy, 50 años después, sigue impune”.

Fue la declaración que desde tribuna hizo Félix Hernández Gamundi, quien formó parte del Consejo Nacional de Huelga (CNH) estudiantil de 1968. A su costado izquierdo, en el muro de honor de la Cámara de Diputados, brillaba, en oro, la frase inscrita: “Al movimiento estudiantil de 1968”.

Tuvieron que pasar seis legislaturas para que la demanda de plasmar esa leyenda se concretara. La alternancia en el poder presidencial que se logró con la llegada del panista Vicente Fox no tuvo suficiente impulso para rendir honor a los jóvenes caídos, encarcelados y torturados, pilar de lo que hoy se vive en San Lázaro.

El 68, grabado en oro. Foto: Benjamín Flores

Pablo Gómez, estudiante y participante de aquel movimiento, lo demandó en más de una ocasión. Hoy, como tribuno sagaz y diputado por Morena, sintetizó: “El programa del movimiento del 68 fue el de las libertades democráticas. No más, pero no menos”.

Cuando ambos participantes del movimiento estudiantil del 68 pasaron a tribuna, ya se había develado la frase en oro en el muro de honor y se había reconocido la presencia de 11 integrantes más del CNH de 1968: Mario Álvaro Cartagena López, Ernesto Araiza Cervantes, Mirtocleya González Gallardo, Amapola Grijalva Vega, Carlos González Arriaga, Alejandro Álvarez Bejar, Humberto Campos, Emilio Reza, Adriana Corona, Marcia Gutiérrez y Salvador Martínez de la Rocca, quienes desde las gradas escuchaban un pleno que apenas hoy los reconocía como uno de los impulsores del cambio ocurrido el pasado 1 de julio.

Miembros del CNH, presentes. Foto: Benjamín Flores

Protagonistas del movimiento estudiantil ocurrido hace 50 años, pero no por ello desfasados, “hoy exigimos la presentación con vida de los 43 jóvenes de Ayotzinapa (los mismos que hace cuatro años se preparaban para marchar y conmemorar el 2 de octubre de 1968) y castigo a sus agresores. Nos sumamos al ímpetu de los jóvenes que luchan contra el porrismo y claman por el fin de los juvenicidios en México”, soltó Félix Hernández Gamundi.

El 68 es un caso emblemático. Nunca las cosas volvieron a ser iguales y nunca volverán a serlo, agregó el exdirigente estudiantil. Después del 2 de octubre –sostuvo– comenzó un deterioro implacable del régimen dominante, y aunque éste refinó sus prácticas represivas a contrapelo, el movimiento estudiantil se reprodujo en los sindicatos, en las organizaciones campesinas, populares, y poco a poco fue construyendo una victoria política, moral y cultural que hoy está viva.

Félix Hernández acertó:

“Las demandas del 68 siguen vigentes y se expresan en un anhelo por un nuevo proyecto de país, una forma distinta de gobernar sin autoritarismos, con un manejo soberano de los recursos nacionales y un modelo económico, científico, tecnológico y educativo que garanticen el desarrollo nacional independiente”.

En su discurso, el líder del 68 demandó la reapertura de los procesos “en contra de los genocidas de 1968, 1971 y la guerra sucia”; el restablecimiento de la fiscalía especial que Vicente Fox lanzó durante la alternancia; la “reapertura de los archivos de Sedena (Secretaría de la Defensa Nacional) que contienen la actuación militar en diversos actos genocidas, empezando con Tlatelolco 1968, y poner un alto a la corrupción y a los signos que degradan la vida política nacional”.

En su turno, Pablo Gómez relató las demandas estudiantiles de 1968 que fueron completadas con un crucial “diálogo político, pero uno que fuera público y que partiera del reconocimiento, de la organización que los estudiantes se habían dado, que era voluntaria, participativa, parlamentaria y democrática”.

De nuevo, el morenista resumió y evidenció: “La impronta del movimiento ha sido fecunda. Pero hay que admitir que no hemos logrado las libertades democráticas en todos los ámbitos. Es escasa la democracia sindical, los cacicazgos siguen presentes, la escuela mexicana es autoritaria y la democracia por la que se ha luchado desde las universidades no florece todavía en la mayoría de ellas, sin exceptuarse de ese rezago las cunas mismas del Movimiento del 68: la Universidad Nacional y el Politécnico”.

Antes, el rector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Enrique Graue Wiechers, subió a tribuna, y luego de que rugieron desde las gradas y curules las consignas “fuera porros de la UNAM, fuera porros de la UNAM”, siguió un largo “¡goooyaaa, universidad!”.

Graue soltó:

“Hace 50 años nos enfrentamos los mexicanos con un aparato de Estado indiferente e incrédulo en la juventud, infundioso y autoritario, que creía ver en las genuinas manifestaciones estudiantiles las maquinaciones de una conspiración internacional encaminadas a derrocar al régimen establecido…

“Hace 50 años el señor director del Politécnico Nacional y yo éramos entonces jóvenes y estudiantes de nuestras respectivas instituciones que hoy dirigimos, tanto él como yo participamos en ese singular y desbordado entusiasmo que sólo a esa edad se puede tener. Teníamos nuestra verdad y la defendíamos, queríamos transformar y no sabíamos cómo, pero de alguna forma percibíamos que estábamos siendo actores de algo distinta e inesperado”.

Al rector de la UNAM se les escuchó con respeto y en silencio: “Hace 50 años, a las 6 y 10 de la tarde (sic), en la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco, sucedió una masacre cruel e inexplicable que es difícil describir. Al día siguiente todo era silencio. Poco, escandalosamente poco, se redactaba en los medios de comunicación. La atrocidad había sido minimizada y las escasas imágenes que circulaban de lo acontecido en la Plaza, apenas existía en algunos medios de comunicación. Y las observamos como dolorosas, oprobiosas y lacerantes”.

A 50 años de aquel entonces, siguió, no estamos exentos de crímenes abominables que no han tenido explicación satisfactoria.

“Y también sabemos que vivimos en una sociedad con mayor violencia e inseguridad. Nos seguimos sintiendo indefensos ante ellos. Pero hoy también, con estas palabras que se inscriben en sus muros, se reconoce por esta cámara que algo se ha logrado y que mucho más debemos alcanzar”, dijo.

Finalizó: “Señores diputados. Ese México que levantó su voz. Esos jóvenes golpeados y perseguidos. Esa sangre derramada. Esos presos a quienes injustamente se les acortó su vida en libertad. Todas estas muertes atroces y todas esas luchas ciudadanas posteriores se los agradecen sentidamente”.

Después, Pablo Gómez, quien participó en el movimiento estudiantil hace 50 años y hoy forma parte de la bancada más grande, Morena, admitió:

“No hemos logrado las libertades democráticas en todos los ámbitos… completar la democracia por la que se luchaba hace 50 años no sería suficiente para dar respuesta a la actual sociedad, más politizada y exigente. Ya no bastan los mecanismos de democracia formalista, son más necesarios los métodos participativos, donde la gente pueda proponer y objetar, decidir y derogar, elegir y revocar”.

Y cerró ligando el llamado que ha hecho el presidente electo, Andrés Manuel López Obrador: recurrir a la consulta popular para que la ciudadanía tome parte en las decisiones “cuando se denuesta o soslaya la consulta al pueblo, porque a éste se le considera falto de conocimiento o peligroso, (pero) en realidad se idolatra el despotismo, el mismo que ha sido una gran loza en la espalda de las generaciones mexicanas, ahora recubierto con principios tecnocráticos”.

Por otro lado, en la Cámara de Senadores también se debelaron las letras del muro de honor de mano del presidente de la Mesa Directiva, Martí Batres, y otros coordinadores de bancada como Rafael Moreno Valle.

Por la mañana, representantes de los tres Poderes de la Unión, Alfonso Navarrete, titular de Segob, Martí Batres, presidente del Senado, Dolores Padierna, vicepresidenta de la mesa Directiva de San Lázaro y el ministro presidente de la SCJN, Luis María Aguilar, izaron la bandera del Zócalo a media hasta y la banda de guerra interpretó el toque de silencio en memoria de los estudiantes caídos.

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