Los represores del 68, honrados en calles e infraestructura pública (Mapa)

Estadio Alfonso Corona del Rosal, en Pachuca, Hidalgo. Foto: Google Estadio Alfonso Corona del Rosal, en Pachuca, Hidalgo. Foto: Google

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- El retiro de las placas que llevan el nombre de Gustavo Díaz Ordaz en estaciones del Metro capitalino dio inicio a una serie de reclamos en, al menos, una decena de entidades federativas para que el nombre del expresidente sea retirado de la nomenclatura.

Díaz Ordaz, uno de los expresidentes más repudiados del siglo XX, en efecto, fue destinatario de homenajes que impusieron su nombre a la más diversa infraestructura: un municipio en Tamaulipas; el aeropuerto de Puerto Vallarta, Jalisco; seis escuelas, y numerosas vialidades en entidades como Nuevo León.

Sin embargo, él no fue el único responsable de la represión al Movimiento Estudiantil de 1968 que ha recibido homenajes en la asignación de su nombre a sendos espacios públicos, como se puede observar en una consulta a la herramienta de mapa digital en Google, elaborada por proceso.com.mx.

La lista no es exhaustiva, no incluye estatuas, bustos, auditorios internos de dependencias públicas ni grabados o placas de obras inauguradas en la época. Sin embargo, permite ver la costumbre de imponer nombres de políticos, a la postre condenados por la justicia o por la historia, en numerosos espacios públicos.

Llevan nombre del entonces regente, Alfonso Corona del Rosal, un estadio en Pachuca, Hidalgo, entidad de la que era originario y donde le han dedicado seis calles y dos escuelas; además, una comunidad en Chiapas; cinco calles en la Ciudad de México, y una en Tijuana, Los Mochis, Durango, respectivamente.

Lo mismo ocurre con el secretario de Gobernación con Díaz Ordaz y sucesor en el cargo, Luis Echeverría Álvarez, que además de escuelas, clínicas y centros comunitarios, puede presumir su nombre en importantes vialidades, pero ninguna como el fraccionamiento de Durango capital, que tiene -como broma macabra-, su principal vía con el nombre Bulevar de la Juventud.

No es el único: la calle Antonio Carrillo Flores hace cruce con la calle de la Juventud, en Ahualulco, San Luis Potosí. Encargado como canciller de minimizar el impacto del Movimiento Estudiantil y la represión en la comunidad internacional, a él se le dedica otra calle en la Ciudad de México y una escuela secundaria en la alcaldía Cuajimalpa.

En diferentes municipios de Jalisco, siete calles y avenidas, además de dos escuelas, se llaman Marcelino García Barragán, en honor de quien fue secretario de la Defensa Nacional. Inclusive, los mandos operativos de la represión lograron hacer un lugar en las calles, como en el caso del entonces coronel, a la postre general, Crisóforo Mazón.

Se trata del mando operativo en las redadas en la Barrio Universitario a finales de julio de 1968, durante la toma de planteles conocida por el “bazukazo” a la puerta del Colegio de San Ildefonso. Él también fue al frente de tropas en la Plaza de las Tres Culturas el 2 de octubre del mismo año.

Mazón corrió mejor suerte que el general Luis Gutiérrez Oropeza, jefe del Estado Mayor Presidencial, de quien no hay mención, como tampoco la hay del general José Hernández Toledo, ni del negociador Andrés Caso Lombardo.

A Fernando Gutiérrez Barrios, leyenda del espionaje político y los procesos represivos en México, se le dedicaron ocho calles, un teatro y un municipio en su natal Veracruz.

Y es que, es justo en sus estados de origen donde más se les celebra, como el ya mencionado Corona del Rosal en Hidalgo o García Barragán en Jalisco.

Por ejemplo, el aún vivo Jorge de la Vega Domínguez, uno de los dos negociadores presidenciales –en realidad ejecutores de un engaño con matices de trampa a los estudiantes–, es originario de Chiapas, donde lo convirtieron en tocayo de dos escuelas, un campo deportivo y una calle.

La misma situación se observa con quienes fueron líderes de la Cámara de Diputados, José de las Fuentes Rodríguez y Luis M. Farías.

Designado para contestar el cuarto informe de gobierno de Díaz Ordaz, De las Fuentes fue el diputado que pidió, en la simulación de división de poderes que ha sido México, la intervención del Ejército para frenar el Movimiento Estudiantil el 1 de septiembre de 1968. Con su nombre, al menos existen seis calles en diferentes municipios de su natal Coahuila.

En tanto, Luis M. Farías, el “líder” cameral que lo sucedió, fue especialmente abyecto al felicitar a Díaz Ordaz por el 2 de octubre, justificando en intervenciones en tribuna el proceder del Ejército y el gobierno.

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