Kurdistán iraquí: tras el sueño de la independencia, un futuro incierto

martes, 9 de octubre de 2018 · 13:18
ERBIL, Irak (apro).-- Han pasado 26 años desde que el Kurdistán iraquí tuvo la oportunidad de elegir por primera vez su propio Parlamento, poco después de conseguir la autonomía tras un levantamiento armado. En aquella ocasión, la ilusión y las expectativas depositadas en la época que arrancaba se impusieron con contundencia a la falta de competición que marcó los comicios, y las urnas se desbordaron hasta el punto de rozar el 90% de participación. El pasado domingo 30 de septiembre los kurdos estaban citados de nuevo con las urnas para renovar, por quinta vez en su historia, los 111 asientos del Parlamento, que posteriormente se encargará de apuntalar a un nuevo gobierno. Pero esta vez, la mezcla de hastío y desengaño que ya dejaban entrever durante la campaña la gran cantidad de carteles electorales rajados o tumbados que abarrotaban plazas y carreteras, se convirtió en la gran protagonista, hundiendo la participación hasta un modesto 58%, el mínimo histórico. “No son elecciones, es una escenificación”, se queja Ardan, un profesor universitario de Erbil, capital de la región, que no acudió a votar. “Ya conocemos los resultados: el Partido Democrático (PDK) gana en (las gobernaciones de) Erbil y Duhok, y la Unión Patriótica (UPK) en Suleimania. Así es a través de la paz, y si no, harán la guerra”, señala, en relación a la tradicional distribución del territorio kurdo entre los dos grandes partidos de la región. Según los resultados ofrecidos por la Comisión Electoral, aún preliminares a falta de que se investiguen sólo las denuncias de fraude, el PDK habría arrasado con más del 43% de los votos, y la UPK le seguiría de lejos con poco más del 20%. Un resultado que refuerza el estatus quo para afrontar la incertidumbre que permea en la región desde hace un lustro. Crisis Bautizado hasta 2013 como “la futura Dubái” por su extraordinaria situación económica y política, el Kurdistán iraquí se encuentra actualmente sumido en el momento más frágil de sus últimos años, deteriorado por la brutal embestida política y militar de Bagdad como respuesta al referéndum de independencia que osaron celebrar a finales de 2017, mientras las cicatrices de los tres años de guerra contra el Estado Islámico (EI) siguen bien abiertas. La solvencia que el Kurdistán iraquí exhibió ante el grupo jihadista sólo fue posible a costa de grandes sacrificios económicos, que se han convertido en una losa aún más difícil de soportar tras la pérdida de recursos que sufrió la región después de que Irak se hiciese por la fuerza en octubre de 2017 con algunos de los territorios que se disputan, entre ellos Kirkuk y sus codiciados pozos de petróleo, lo que ha desgastado enormemente a Erbil. “El referéndum, pero más importante, las secuelas del referéndum con lo ocurrido en octubre, hasta cierto punto han debilitado estructuralmente al Kurdistán y lo han devuelto al nivel pre-Estado Islámico de equilibrio de poder (con Irak)”, explica Bilal Wahab, investigador en el Instituto de Washington para la Política del Medio Oriente. Una de las consecuencias políticas más evidentes de este debilitamiento de Erbil ha sido que, a lo largo de todo el proceso --aún en marcha-- para renovar instituciones en Irak tras sus elecciones en mayo, la alianza que une en Bagdad a los dos grandes partidos kurdos (el PDK y la UPK) ha exhibido una pasividad que refleja su debilidad y su miedo a usar su influencia para inclinar balanzas. Así, no sólo se ha mostrado enfrentada al designar a un solo candidato a la Presidencia (cargo tradicionalmente reservado a los kurdos), sino que también ha evitado decantarse por alguno de los bandos que buscan formar ejecutivo. “Si hubieran escogido al bando del (exprimer ministro y candidato a revalidar el puesto) Haider al-Abadi habrían irritado a Irán, y si hubieran escogido al bando de Teherán, probablemente habrían deteriorado su relación con Estados Unidos”, apunta Bilal, por lo que han optado por esperar a que pasara la tormenta y abrazar entonces al caballo ganador. Las consecuencias negativas de estos cambios territoriales y políticos, no obstante, no solo han afectado a Erbil, sino que también se han traducido en un dilema para Bagdad, incapaz de mantener en solitario la seguridad en territorios en disputa como Kirkuk y sus aledaños, donde el EI está articulando su insurgencia. Una situación que, sumada al peso demográfico kurdo en estas zonas y al hecho de que la Constitución recoge el proceso para decidir su futuro, aún permite a Erbil retener influencia al negociar. “El estatus quo no es sostenible, por lo que Kirkuk y el resto de áreas en disputa van a estar encima de la mesa”, anticipa el investigador. “Pero la cuestión es cuán importante es Kirkuk”, continúa, ya que “probablemente los kurdos tengan otras prioridades como el petróleo, el reparto de sus ingresos o su presupuesto”. Aunque la seguridad suele abrir los titulares, la dura crisis económica que asola la región supone actualmente su mayor desafío. Y es que el alineamiento que se produjo en 2014 entre el recorte de recursos transferidos por Bagdad a la región (que cayeron de 14.3 billones de dinares en 2013 a solo un billón en 2014), el hundimiento en más de 50% del precio del petróleo (su principal activo económico), y el auge del EI asentaron las bases de la crisis en curso en la región, que ha contraído hasta hoy una deuda estimada de entre 15 y 20 mil millones de dólares difícil de asumir. Fatiga Esta profunda crisis económica, sumada al descrédito de los grandes partidos políticos, la sensación de que nada iba a cambiar respecto de los recientes comicios y algunas medidas que adoptó a última hora la Comisión Electoral para votar son algunos de los factores que se esconden detrás de la meteórica subida de la abstención entre el electorado kurdo, cada vez más reacio a confiar en los procesos democráticos para introducir reformas. El bajo número de votantes registrado en las pasadas elecciones iraquíes y las acusaciones de fraude que las envolvieron sólo contribuyeron a generar un rechazo aún mayor, que se cementará tras estos comicios en los que se han repetido los mismos problemas. “No ha habido ninguna medida sólida para evitar (el fraude)”, señala a Apro Ary Tahir, coordinador de Shams, una red de cien ONGs kurdas e iraquíes que supervisa procesos electorales, lo que explica las mil 45 denuncias presentadas ante la Comisión Electoral. Quienes tampoco han sabido animar una contienda que se auguraba decaída han sido los partidos de la oposición, incapaces tanto de trazar una estrategia propia como de cooperar para generar un aliciente. “Antes de las elecciones ha sido imposible (unir esfuerzos)” reconoce a este medio Ali Hama Saleh, cabeza de lista de Gorran, que en los últimos años se había convertido en la gran alternativa al dúo PDK-UPK pero que esta vez sumará solo unos 12 escaños, la mitad que en 2013. “Después de los comicios debemos intentar crear un frente unitario”, añade, tras admitir que unirse “hubiera sido un incentivo”. Así, los otros partidos de la oposición que también apelan al votante descontento con el PDK y la UPK, como Nueva Generación, la Coalición para la Democracia y la Justicia y los partidos islamistas, han cosechado unos resultados entre irrisorios y modestos, que, de haberse presentado al alimón con Gorran, les hubieran asegurado un segundo lugar. Para los partidos de la oposición los comicios “han vuelto a ser un tremendo fracaso”, sostiene Kamal Chomani, investigador en el Instituto Tahrir para la Política de Oriente Medio (TIMEP), que considera que “si no son capaces de superar (en los próximos años) sus problemas internos será el fin” para ellos, un escenario delicado porque “la emergencia de una nueva oposición no será sencilla” debido a su fuerte fragmentación. Una situación que preparó el terreno para el arrasador triunfo del PDK. “La diferencia con anteriores comicios es que el PDK podría llegar a no tener que ceder ni ministerios (para formar gobierno)”, aduce Amir Dershewi, un analista político kurdo cercano al partido. En esta línea, solo 11 escaños pueden llegar a separarlo de la mayoría absoluta, una cifra que incluso podrían suplir con los asientos reservados a las minorías cristiana y turcomana, y que otorgan al PDK un gran margen de maniobra para gobernar. Monopolio “El PDK ha ganado una mayoría con la que incluso si no son capaces de hacer todo lo que quieren, al menos podrán evitar que los otros partidos lo hagan”, indica Chomani, que asume que ello conducirá al PDK a “intentar rediscutir leyes como la Constitución y la Presidencia (del Kurdistán) e imponer su voluntad por encima de los otros partidos”. En esta línea, la Presidencia se encuentra vacante desde octubre, cuando el todopoderoso líder del PDK Masud Barzani decidió no volver a extender su mandato, pero el futuro del cargo sigue en el aire y nadie duda de que el PDK, o incluso Barzani, lo coparán de nuevo. “De acuerdo con la ley, Barzani no puede volver a ser presidente”, comenta a Apro Chinar Saad, miembro de la dirección del PDK y directora de su Centro de Estudios. Pero todo “dependerá del Parlamento y de cómo decida redactar la nueva ley (que regule la Presidencia), así como su derecho a ser candidato (otra vez)”, anota. En cuanto a la nueva Constitución, el PDK tiene entre ceja y ceja tramitar su borrador en las nuevas cortes aprovechando que tendrá también mucha influencia durante su redacción, y Saad incluso asegura que su equipo ya está trabajando en ello. Lejos de contribuir a la estabilidad, sin embargo, una actitud demasiado avariciosa por parte del PDK podría acabar de romper su tradicional equilibrio de poder con la UPK y aumentar aún más la tensión. En el pasado “los conflictos entre el PDK y la UPK sólo se han resuelto repartiéndose poder y recursos, pero ahora la distribución del poder está mostrando síntomas de agotamiento”, alude Chomani, quien advierte de la consecuente peligrosidad del proceso de formación de gobierno que se abre a partir de ahora: “El PDK puede formar gobierno con cualquier partido, pero si lo hacen, la UPK no lo va a aceptar”. Asimismo, para la oposición, restablecer cierto grado de normalidad económica y política pasa inevitablemente por volverse a sentar en la mesa con Bagdad, pero temen que con el PDK reforzado en Kurdistán, la recuperación de la confianza entre las partes siga resistiéndose, algo que también afectaría a su relación con la comunidad internacional. “El gobierno regional del Kurdistán debe enmendar sus relaciones con Europa a través de políticas claras y de demostrar que, a pesar de estar sufriendo, está negociando con Bagdad”, formula a Apro Abdul-Bari Zebari, líder de la UPK en Duhok y presidente de la Comisión de Asuntos Exteriores en el saliente Parlamento iraquí. “Va a tomar tiempo hasta que las relaciones regresen a como estaban antes, pero dar un paso adelante ayudará a los intereses de los kurdos”, sigue, “aunque el gobierno tiene que ser más activo”.   mlv

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