Historia de un indignante intento de censura

A 50 años de los primeros Juegos Olímpicos que se transmitieron a color a nivel mundial, una serie de misivas inéditas dan cuenta de que el entonces presidente del Comité Olímpico Internacional, Avery Brundage, presionó al responsable del comité organizador en México, Pedro Ramírez Vázquez, para que eliminara de la película oficial de la justa las imágenes de los dos velocistas estadunidenses que protestaron en favor de los derechos civiles de los negros. “La repugnante demostración que hicieron los negros (…) no tendría más cabida en la memoria de los juegos que el tiroteo de Tlatelolco”, se lee en una de las cartas de reclamo cuya copia tiene Proceso.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Cuando presidió el Comité Olímpico Internacional (COI), Avery Brundage solicitó al responsable del Comité Organizador de los Juegos Olímpicos de México, Pedro Ramírez Vázquez, que eliminara de la película oficial las escenas “de la repugnante demostración que hicieron los negros”.

El intento de censura recaía sobre los medallistas estadunidenses Tommie Smith y John Carlos, quienes durante la premiación se manifestaron en defensa de los derechos civiles de la población negra.

La toma de ambos atletas con sus puños en alto enfundados en guantes negros, una de las más emblemáticas de la historia de los Juegos Olímpicos, transcurre en menos de 10 segundos y aparece en el minuto 0:53:31 del documental Olimpiadas en México 68 (versión restaurada de la Filmoteca de la UNAM), dirigido por el mexicano Alberto Isaac y cuya duración es de dos horas y media.

Brundage, un expentatleta estadunidense conocido por su racismo y antisemitismo, hizo la petición a Ramírez Vázquez mediante una carta fechada el 19 de agosto de 1969 en la que alegó que la conducta de los medallistas violó los preceptos olímpicos.

“Fue muy desagradable para mí que usted me confirmara el rumor que llegó a mis oídos referente a la inclusión de escenas de la repugnante demostración que hicieron los negros contra la bandera de Estados Unidos en la película oficial de los Juegos de la XIX Olimpiada. El Comité Organizador no debería publicar oficialmente esa violación a todos los preceptos olímpicos y a la buena educación, y crearía un resentimiento inútil entre los partidarios del olimpismo en todo el mundo”, indica el documento, del cual Proceso tiene una copia.

Brundage lanzó otro duro reproche a Ramírez Vázquez. Declaró que, así como no había sido incluida ninguna imagen de la matanza de los estudiantes en Tlatelolco para enmarcar el contexto en el que se desarrollaron los Juegos Olímpicos, porque ello afectaría a “la bandera mexicana”, la escena del Black Power tampoco debería estar en la memoria oficial.

Más aún, indicó que la protesta de Smith y Carlos “no tuvo nada que ver con el deporte, fue un abuso vergonzoso de la hospitalidad y no tendría más cabida en la memoria de los juegos que el tiroteo de Tlatelolco. Como usted sabe, la reacción fue inmediata (por parte del COI) y los culpables (ambos atletas) fueron enviados inmediatamente a su país. Si eso hubiera afectado a la bandera mexicana o a los atletas mexicanos, estoy seguro que no se habría incluido en la película…”

Al final, Brundage fue todavía más explícito en su solicitud de censura: “Esperando que se eliminará ese pasaje indeseable, quedo de usted”.

La reacción mexicana

Javier Ramírez Campuzano, hijo de Pedro Ramírez Vázquez, revela que la petición de Brundage fue ignorada. En su poder está la carta original que conserva como todos los documentos y el acervo de los Juegos Olímpicos que su padre le heredó.

“Hizo caso omiso. Mi padre fue congruente con los principios olímpicos. Lo voy a decir de una manera muy dura: a pesar del COI”, puntualiza.

Arquitecto de profesión igual que su padre, Ramírez recuerda cómo Brundage se empecinó en que la Sudáfrica blanca que tenía encarcelado a Nelson Mandela –en plena época del apartheid– fuera invitada a los Juegos Olímpicos. El Comité Olímpico de ese país quería presentar una delegación de atletas blancos y unos cuantos negros. México reunió a la Comisión Ejecutiva del COI para que desistiera de la decisión que había tomado.

“Por eso he subrayado que si hay un país al que el COI le debe es a México. Le debe su autoridad moral. Si hubieran venido Sudáfrica y Rhodesia, como pedía el COI –imagínese ese país racista desfilando–, estaba confirmado oficialmente que 42 países iban a boicotear a México.

“Iban a ser unos juegos con una imagen de vergüenza. No podíamos permitirlo. A pesar del COI, a pesar de sus deseos, México logró que el COI se echara para atrás. Mi padre no accedió a mandar la invitación (a esos países).”

–¿Como sede, México tenía el derecho a decidir sobre la organización de sus Juegos?

–No. El derecho lo tiene el COI. Tu eres anfitrión, pero sobre los (países) invitados el COI determina.

–Su padre se rebeló ante la máxima autoridad.

–Así es. Antes el COI le decía al Comité Organizador: “Invitas a tal y tal delegación”. Hoy invita directamente, ya no mediante el Comité Organizador. No se vayan a encontrar a otro Ramírez Vázquez que diga “éste no”.

Avery Brundage, tras retirarse como atleta, presidió el Comité Olímpico de Estados Unidos de 1928 a 1953, y desde esa posición se opuso a boicotear los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936, los de la Alemania nazi. Fue presidente del COI entre agosto de 1952 y septiembre de 1972.

Escaparate a color

1968 fue un año de efervescencia política en todo el mundo: en plena Guerra Fría fue asesinado Martin Luther King, defensor de los derechos civiles, la guerra de Vietnam estaba en su apogeo y la Unión Soviética había invadido Checoslovaquia.

En la Universidad Estatal de San José California existía una iniciativa denominada Proyecto Olímpico por los Derechos Humanos (OPHR, por sus siglas en inglés). Tommie Smith y John Carlos formaban parte de ese movimiento, que después fue conocido como Black Power. Su objetivo era que los deportistas levantaran la voz en la gran vitrina que representan las competencias y escenarios deportivos. Los Juegos Olímpicos de México 68 fueron los primeros en ser transmitidos en vivo a todo al mundo. Más de 600 millones de personas los verían. Era un escaparate inmejorable para difundir su lucha.

Smith y Carlos compitieron en la prueba de los 200 metros. El primero obtuvo el oro e impuso nuevo récord mundial. La plata se la llevó el australiano Peter Norman y Carlos se colgó el bronce.

La noche de la premiación Smith y Carlos caminaron descalzos rumbo al podio, con los tenis en la mano. Cuando se escucharon los acordes del himno nacional de Estados Unidos, Smith, quien tenía colocado un guante negro en la mano derecha, levantó el puño. Carlos lo secundó con el puño izquierdo cubierto con el guante. Norman, un defensor de los derechos de los aborígenes en su país, portaba en su chamarra un logotipo del OPHR.

El designado para premiar a los velocistas era el mismo Brundage. Smith y Carlos se rehusaron a salir a la premiación si el presidente del COI cumplía con esa encomienda. El mexicano César Moreno, quien fungía como director técnico de atletismo de México 68, informó de ello a Ramírez Vázquez. Finalmente, el presidente de la Federación Internacional de Atletismo fue quien los premió.

“Brundage debió salir del estadio porque se negaban a recibir las medallas de manos del presidente del COI. Cuando él dirigía el Country Club en Santa Bárbara no dejaba entrar a judíos ni a negros. El profesor César Moreno cuenta que Brundage dijo que tenía un compromiso en el Palacio de los Deportes, y quien presidió la ceremonia de premiación fue Lord Burghley, marqués de Exeter.

“No fueron escuchados (los atletas), pero fueron vistos por 600 millones de espectadores en los primeros juegos a color y de gran difusión. Y cuando terminaron, al hacer la película oficial Alberto Isaac consignó el hecho”, cuenta Ramírez.

Presión interna

Sin embargo, la petición de Brundage sí hizo eco en José de Jesús Clark Flores, entonces presidente del Comité Olímpico Mexicano (COM) y vicepresidente del COI, y en Marte R. Gómez, miembro del COI desde 1934. Ambos mandaron misivas a Pedro Ramírez Vázquez incitándolo a que tomara en cuenta la sugerencia de editar la película.

En una carta fechada el 20 de agosto de 1969, Clark dijo a Ramírez Vázquez que se equivocó al no haber informado a Brundage sobre “la breve escena del puño enguantado de negro” y que comprende la posición que asumió el presidente del COI. En virtud de que la acción de los atletas fue sancionada, también lo instó a que se eliminaran las imágenes.

“Rogar a usted que sea omitida dicha escena de la película, escena que, por lo demás, no tiene conexión alguna con el olimpismo ni con el objetivo que fijan las reglas olímpicas de la película (…) Pienso que el dejarla daría lugar a polémica, temo que empañe un poco el éxito logrado y que se ofenda a una persona que durante tantos años ha sido amiga de México, además de excelente amigo personal nuestro”, dice la misiva firmada por Clark.

Clark Flores murió en 1971 y ahí se cortó su aspiración de llegar al COI. De acuerdo con el diario estadunidense The New York Times, el mexicano era el candidato natural para sustituir a Brundage.

A su vez, Marte R. Gómez expresa deses­peración en su escrito. Contó a Pedro Ramírez Vázquez que habló por teléfono con Brundage, a quien notó preocupado y desilusionado porque la difusión de esas imágenes podría exacerbar los problemas raciales en Estados Unidos y afectar al deporte olímpico.

Marte R. Gómez le explicó a Pedro Ramírez Vázquez que Brundage le dijo que si se había incluido la imagen de los atletas negros, la película de la XIX Olimpiada debería entonces comenzar con los acontecimientos ocurridos en Tlatelolco, “antecedentes enojosos que estuvieron a punto de hacerlos abortar (a los Juegos)”.

“El dato de que los puños enguantados en alto hubieran pasado por la televisión de costa a costa y fuera ya de dominio público lo rebatió diciéndome que aquello había sido un escándalo momentáneo, pero que le mortificaría mucho verlo perpetuado en la película oficial de los Juegos Olímpicos (…)”, escribió Gómez a Ramírez Vázquez.

En su carta de dos páginas, Marte R. Gómez redactó que fue un error no anticipar la reacción que la inclusión de esa escena provocaría en Brundage, “a quien le debemos gestos de solidaridad y amistad que bien vale la pena que nosotros correspondamos una vez más dándole satisfacción” a un deseo que externó de manera amistosa.

Dice Javier Ramírez sobre las cartas de Clark y de Gómez:

“Ellos eran miembros del COI y debían solidarizarse con su presidente. Podrían no haberse manifestado porque ante todo eran mexicanos, y tienes que ser congruente con los ideales del olimpismo en tu país. Eso es lo que debe ser un miembro del Comité Olímpico Internacional y hacer converger el humanismo, no los intereses del COI. Al margen de quién sea el presidente y si es o no racista, México es un país antidiscriminatorio y había que consignar el hecho como tal, máxime que el presidente del Comité Organizador había dado su visto bueno.”

“No supimos nada”

El arquitecto Ramírez Vázquez ignoró también las recomendaciones de Clark y de Gómez. Lo mismo ocurrió con la primera carta que Brundage se atrevió a enviarle el 31 de julio de 1968, cuando le mandó una nota publicada en el diario The London Times que se refería a las posibles manifestaciones que en los escenarios deportivos podrían llevar a cabo los competidores estadunidenses.

“Debemos tomar medidas para evitar cualquier incidente de este tipo que pondría en peligro la dignidad de los juegos (…) Los que deseen participar en una manifestación deben quedar excluidos de los juegos. Hay que advertir a los competidores de Estados Unidos que en ese caso se les devolvería en seguida a su país natal.”

El escritor Fernando Macotela fue invitado por el director Alberto Isaac para escribir los textos que acompañan la película oficial de los Juegos Olímpicos de México 68. Cuando se le comenta sobre el intento de censura de Avery Brundage, responde que si eso ocurrió, el director jamás les comentó algo.

“Yo no supe absolutamente nada”, indica quien, paradójicamente, en 1968 se desem­peñaba como director de Supervisión de la Dirección de Cinematografía de la Secretaría de Gobernación, es decir, la oficina gubernamental donde se decidía qué sí estaba permitido y qué no en las películas.

Los reporteros ponen en sus manos la carta de Brundage. Macotela lee y se le descompone el rostro. “La repugnante demostración de los negros”, repite lo que dice el texto y después guarda silencio por un momento. “¡Esto es inverosímil! ¡Esto es terrible, terrible! ¡Me parece repugnante!”, suelta.

–¿Qué habría pasado si hubiera llegado al equipo de producción la indicación de que suprimiera esa escena?

–Es muy posible que Alberto en una junta nos hubiera informado. Sé lo que hubiéramos opinado todos. Hay que pensar quiénes estaban ahí: Julio Pliego, Felipe Cazals y Paul Leduc. Aunque todos hubiéramos dicho hay que quitarlo, Alberto jamás lo hubiera permitido. Esa carta es insultante.

“Por algo también el arquitecto Ramírez Vázquez no la hizo de su conocimiento. Y si la hizo, entre ellos se habrán entendido y no la hicieron de nuestro conocimiento. Alberto era un gran amante de la libertad de expresión. Entre otras cosas, por eso están las escenas ahí.”

–¿Qué valor le dieron a la expresión de los atletas durante la premiación?

–En ese momento el mismo peso que a otras imágenes. No era una cosa excepcional. Hay cosas que nadie se dio cuenta de lo que van a significar hasta 20 o 50 años después. Tenemos la escena de los puños que ahora todos valoramos lo que significa y nos gusta.

“Yo estuve ese día en el estadio. Todos aplaudimos mucho. Nos dio mucho gusto que sacaran el puño y lo levantaran. En México siempre hemos simpatizado con los movimientos en pro de los derechos civiles en Estados Unidos, de las mujeres y de los negros. Siempre se vio como algo antinatural lo que se hacía con ellos. Me derrama la bilis todo lo que este Trump hace contra los negros y contra (Colin) Kaepernick porque puso la rodilla en el suelo.

“Creo que en términos generales apoyamos eso. Las Panteras Negras, igual que la rodilla en el suelo ahora, no eran gratis. No eran, como dicen ahora, protestar por el ejército; están protestando por el respeto a los derechos humanos fundamentales.”

Este reportaje se publicó el 7 de octubre de 2018 en la edición 2188 de la revista Proceso.

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