Claroscuros de la Carta Olímpica

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- La protesta encabezada por los medallistas estadunidenses Tommie Smith y John Carlos el 16 de octubre de 1968 en el Estadio Olímpico Universitario marcó el inicio de una serie de cambios en la redacción y estructura de la Carta Olímpica, documento en el que descansan las reglas y principios del movimiento olímpico en todo el mundo.

En la versión de la Carta Olímpica vigente durante México 68 había un breve apartado titulado “Uso político del deporte”, que calificaba como “peligroso para los ideales olímpicos la exaltación nacional de los resultados obtenidos en lugar de la comprensión de que el compartir el esfuerzo amistoso es el objetivo esencial de los Juegos Olímpicos”; alusión tácita a las confrontaciones ideológicas de la Guerra Fría, que experimentaba entonces uno de sus momentos más álgidos.

En el siguiente ciclo olímpico, Múnich 72, la Carta Olímpica se mantuvo sin cambios y con una redacción ambigua sobre lo que se entiende por manifestación política, en tanto que las protestas del Black Power continuaron. Los velocistas estadunidenses Vince Matthews y Wayne Collett, ganadores del oro y la plata, respectivamente, en la prueba de los 400 metros, durante la ceremonia de premiación ignoraron la bandera y el himno de su país y charlaron entre ellos durante el acto protocolario.
Además del repudio generalizado, este hecho les costó la expulsión de por vida de los Juegos Olímpicos, una de las últimas decisiones tomadas por Avery Brundage como presidente del Comité Olímpico Internacional (COI).

La protesta de Matthews y Collett quedó opacada por el secuestro y asesinato en la Villa Olímpica de integrantes de la delegación israelí a manos de la organización terrorista Septiembre Negro un par de días antes. Sin embargo, motivó los primeros cambios en la redacción de la Carta Olímpica, ya con el irlandés Michael Morris (Lord Killanin) al frente del COI.

En el documento se incorporó la palabra “propaganda” como uno de los puntos a tomar en cuenta en el protocolo olímpico. Prohibió explícitamente “todo tipo de demostración, ya sea política, religiosa o racial en las instalaciones olímpicas”. A las ciudades que buscaran ser sede de las ediciones subsecuentes de los Juegos Olímpicos se les exigió la capacidad de “garantizar que ninguna demostración política se lleve a cabo en el estadio, escenario deportivo o Villa Olímpica”.

La Carta Olímpica vigente desde 2015 especifica en su artículo 50.2 que “no se permitirá ningún tipo de manifestación ni propaganda política, religiosa o racial en ninguna instalación o lugar que se considere olímpico”.

Para Javier Ramírez Campuzano, hijo de Pedro Ramírez Vázquez, quien fuera responsable del Comité Organizador de los Juegos Olímpicos de México, “la cuestión política no dejará de existir, pero los principios y los valores del olimpismo tienen que estar por arriba. Es totalmente congruente expresarse en silencio para demandar equidad. Es lo que busca la Carta Olímpica. La no discriminación es un valor universal. El COI se tiene que actualizar en sus políticas”.

Y añade: “Los Juegos Olímpicos deben servir de escenario para negociaciones de paz, para pronunciarse por la libertad de los presos políticos. Los Juegos Olímpicos deben trascender. El COI, lo digo como reflexión personal, le da los Juegos Olímpicos a Atenas o a Río de Janeiro, y compromete la economía del país. Ves que el COI anuncia que dio 10 mil dólares para apoyar un curso de entrenadores o que ayudó a un Comité Olímpico Nacional, pero primero tronó la economía de un país y de otro”.

Al referirse a Tommie Smith y John Carlos como “negros”, el propio Avery Brundage violentó el artículo 1 de la Carta Olímpica: “ninguna discriminación es permitida en contra de cualquier país o persona por cuestiones de raza, religión o afiliaciones políticas”.

Lo mismo ocurrió cuando el COI impulsó que Sudáfrica, en tiempos del apartheid, asistiera a México 68 con una delegación supuestamente incluyente por integrar a unos cuantos deportistas negros. Esto ocasionó que un grupo de países –los de África, Arabia Saudita, Líbano, India, Filipinas, Jamaica, Cuba y Suecia, entre otros– amenazaran con boicotear esos Juegos.

Ramírez Campuzano dice que para evitar el fracaso en la organización de la justa se efectuaron gestiones con los integrantes de la Comisión Ejecutiva del COI para cambiar su voto a favor de que Sudáfrica no participara. Uno de ellos era Lord Killanin, quien era el distribuidor oficial de Columbia Pictures en Irlanda.

Ramírez añade que su padre le pidió a Emilio Rabasa, entonces director del Banco Cinematográfico de México, que se comunicara con el presidente de Columbia Pictures, productora que estaba enemistada con Mario Moreno “Cantinflas”, y le ofrecieran interceder para convertirla en la distribuidora oficial.

“Así Columbia Pictures de Los Ángeles le dijo a Lord Killanin que echara atrás su decisión de que asistiera Sudáfrica, y entonces Irlanda votó en contra. Lo mismo pasó con los representantes de Italia y Francia. Al primero, que era presidente de la Federación Internacional de Tenis, se le ofreció incluir el tenis como deporte de exhibición al programa olímpico y Marte R. Gómez (miembro del COI) convenció al francés. Ya cuando la votación estaba abiertamente a favor de retirar la invitación a Sudáfrica, para no mostrar una Comisión Ejecutiva dividida manifestaron por unanimidad que no viniera Sudáfrica, a pesar de que el COI y Brundage habían aceptado su presencia. México evitó así que el COI perdiera su autoridad moral”.

Este texto se publicó el 7 de octubre de 2018 en la edición 2188 de la revista Proceso.

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