Ante Washington, los presidentes de Centroamérica compiten en sumisión

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Con el propósito de conseguir recursos del gobierno de Estados Unidos, los presidentes de Guatemala y Honduras y, en menor medida, el vicepresidente de El Salvador, resaltaron los “esfuerzos” que desplegaron sus gobiernos para cumplir con las órdenes de Donald Trump en la región: evitar que refugiados y drogas lleguen a Estados Unidos.

Ello ocurrió durante la inauguración de la Segunda Conferencia sobre Prosperidad y Seguridad en Centroamérica, convocada por los gobiernos de Estados Unidos y México, que se llevó a cabo el jueves 11 en Washington.

Frente a una delegación estadunidense encabezada por el vicepresidente Mike Pence y una de México liderada por el canciller Luis Videgaray Caso, los jefes de Estado del Triángulo Norte de Centroamérica compitieron en el nivel de sumisión de sus mensajes, lo que evocó la época de las repúblicas bananeras en la región.

El encuentro inició con las palabras aparentemente cordiales –pero realmente cargadas de amenazas– del conservador Mike Pence, el número dos en el gabinete de Trump.

“Déjenme traerles saludos esta mañana de un gran campeón de este hemisferio de libertades, un gran campeón de la colaboración que está tan bien representada aquí: déjenme traerles los saludos de Donald Trump”, arrancó.

Seguido, insistió en la necesidad de enfrentar las “raíces” de los flujos de migrantes y drogas “dentro de Centroamérica”, y aunque saludó “sus acciones”, sentenció que “los retos persisten”. Uno tras otro, “alentó” a los mandatarios a redoblar esfuerzos para impedir que sus connacionales emigren hacia Estados Unidos.

“Presidente (Juan Orlando) Hernández, le alentamos, con gran respeto, a seguir redoblando esfuerzos para incrementar el número de policías fronterizos para combatir el tráfico de personas (…) Presidente (Jimmy) Morales, con igual respeto, le alentamos a destinar todavía más recursos para asegurar su frontera, tome más ventaja de la fuerza especial de seguridad fronteriza que Estados Unidos ya estableció (…) Vicepresidente (Óscar) Ortiz, le alentamos a expandir el programa Salvador Seguro para reducir la delincuencia en su país”, instruyó.

Respecto a los intereses de China para invertir en la región, Pence amagó: “Les instamos a concentrarse en –y demandamos– la transparencia y a cuidar sus –y nuestros– intereses a largo plazo”.

“Queremos ser todavía un mejor aliado”

El presidente de Guatemala, el excomediante Jimmy Morales, fue el más caricaturesco en presumir su alineación con las órdenes de Washington.

Insistió en que su administración promueve campañas para “evitar la migración irregular de guatemaltecos” hacia Estados Unidos –su propia esposa protagoniza la campaña–. Planteó que invirtió dinero en regiones de migración “de acuerdo con las prioridades establecidas por el Departamento de Estado”. Recordó que los propios funcionarios estadunidenses afirmaron que Guatemala era “el mejor aliado en la región en el combate al tráfico de drogas”. Y aseveró que en materia de seguridad “adoptamos compromisos para obtener una certificación de Estados Unidos”.

El mandatario guatemalteco sostuvo incluso: “hemos detenido casi 100 personas altamente vinculadas con grupos terroristas, específicamente el Estado Islámico (EI)”, lo que desató una ola de memes –y críticas– en el país centroamericano, cuyos habitantes nunca se habían enterado de tales detenciones y cuestionaron el carácter inverosímil del anuncio.

Al terminar su ponencia, Morales se quejó de que “hasta la fecha no hemos recibido un centavo” que reditúe sus esfuerzos.

Y soltó: “Humildemente, respetuosamente, quisiéramos hacerles una propuesta distinta, una simple propuesta. Creemos que somos un aliado excelente para Estados Unidos, y queremos ser todavía mejor. Apreciaríamos que nos ayudaran en obtener 15 mil millones de dólares del Banco Internacional de Desarrollo, del Banco Mundial u otras instituciones financieras, para proyectos de infraestructura”.

Durante su discurso, Morales confesó que “tenemos algunos problemas y quisiéramos ponerlos sobre la mesa”: denunció una “interferencia internacional” que supuestamente se apoderó de las “cortes de justicia” de su país.

Se refería a la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), una instancia internacional que coadyuvó en depurar el aparato de justicia del país centroamericano y desenredó una inmensa red de corrupción que obligó el expresidente Otto Pérez Molina a renunciar. Morales entró en un conflicto abierto contra la CICIG: prohibió a su titular el ingreso a Guatemala y el pasado 31 de agosto anunció que no renovaría su mandato.

Lo peor fue la explicación que utilizó Morales para convencer al gobierno de Trump: “Jueces y magistrados fueron nombrados y tomaron decisiones contra el gobierno y contra compañías de capital estadunidense. Y permítame darle un ejemplo. Hay una mina, la mina San Rafael, que tiene un capital a 60% canadiense y 40% estadunidense (…) Las acciones de esta empresa perdieron 35% de su valor en la bolsa de Estados Unidos, porque hubo interferencias”.

“Lo que podemos esperar de nuestro amigo”

Antes de Morales habló Juan Orlando Hernández, el presidente de Honduras quien consiguió reelegirse en 2017 a pesar de los señalamientos de la Organización de los Estados Americanos (OEA) sobre las irregularidades de los comicios. En medio de las sospechas sobre un presunto fraude electoral, el presidente mandó a reprimir las protestas e instauró un toque de queda durante 10 días.

El mandatario hondureño insistió en que su gobierno cumplió e incluso rebasó las expectativas de Trump –“cuando la Historia nos juzgue, quiero que recuerde a Juan Orlando Hernández y Honduras como alguien que siempre trabajó para esta alianza del Triángulo Norte con Estados Unidos y México”, dijo–, aunque aprovechó la tribuna para emitir reclamos con un tono respetuoso.

“Cada año tenemos menos asistencia financiera, y la propuesta al Congreso de Estados Unidos este año es menor a la de 2018. Necesitamos la certeza de que tendremos el presupuesto necesario (…) tendremos una mayor presencia en la frontera y ésta será más fuerte porque es lo que hemos planeado. Lo que también nos hace preguntar sobre lo que podemos esperar en el corto plazo de nuestra relación muy importante con México”.

Hernández insistió en que el año pasado su gobierno redujo en un 36% la migración proveniente de Honduras y resaltó que “en mi país hemos combatido a estos grupos (criminales) de frente, y es algo que comparto con el presidente Donald Trump”.

Recordó a Washington que los gobiernos de Rusia y China buscan invertir en Centroamérica, y pidió de manera sutil las instrucciones de Washington al respecto. “Sería deseable ver un incremento de las posibilidades de las oportunidades de inversión y comercio (…) he aquí la importancia de entender las motivaciones de China, las intenciones de Rusia, y conocer con más claridad lo que podemos esperar de nuestro amigo, Estados Unidos”, dijo.

Los pocos reclamos que Hernández se atrevió en expresar tuvieron que ver con la supresión del Estatuto de Protección Temporal (TPS, por sus siglas en inglés) decidido por Trump, pero también con los bajísimos precios del café y por la separación de los niños migrantes debido a la política de “tolerancia cero” que implementó el presidente estadunidense.

Se dirigió hacia Kirstjen Nielsen, titular de la Secretaría de Seguridad Interna (DHS): “Mire en su consciencia, si se pone en los zapatos de aquellos padres, imagine si un niño de su país se encontrara en esta situación, pudiera entender el rechazo que esto provoca en mi país, la enorme presión que enfrentamos”, dijo. Y, casi en tono de disculpa, añadió momentos después: “No puedo regresar a Honduras sin una respuesta”.

“Creo que lo hacemos bien”

Por parte de El Salvador, el vicepresidente Óscar Ortiz –quien acudió a Washington en representación del presidente Salvador Sánchez Ceren–, también presumió que su gobierno había reducido en un 60% la migración irregular “hacia la frontera sur de Estados Unidos”.

“Quisiera decir que uno de los compromisos que tomamos el año pasado durante la primera conferencia que tuvimos en Miami (…) como les dije, fue de reducir en un 60% la migración irregular proveniente de El Salvador. Pero tenemos que considerar esto. Estamos haciendo nuestra parte en la parte económica”, aseveró el político.

Ortiz también resaltó que, gracias a las “medidas muy, muy importantes” tomadas por su gobierno en materia de coordinación, “hemos decomisado más drogas que nunca.

“Hace apenas dos días confiscamos drogas en un pequeño submarino que un enorme buque llevaba a Estados Unidos (…) Creo que lo hacemos bien”, acotó.

Urgió al gobierno de México a invertir más en la región, pero subrayó: “No creo que nadie desplazará a Estados Unidos como el gran socio del Triángulo Norte”, y afirmó, al final de su alocución: “Quiero dejar muy claro que no hay amenaza contra la excelente relación con nuestro socio, Estados Unidos.

 

“Desarrollo”

Videgaray recordó que la primera Conferencia sobre Prosperidad y Seguridad en Centroamérica fue convocada el año pasado por los gobiernos de Trump y Enrique Peña Nieto para atender los temas de seguridad regional y atacar, con un enfoque de desarrollo, “las causas estructurales de la migración y el tráfico ilegal de estupefacientes”.

Durante su discurso, el canciller mexicano celebró “el énfasis que el presidente electo (Andrés Manuel) López Obrador y su equipo de transición han puesto en la materia del desarrollo compartido con el Triángulo Norte como la estrategia central para combatir el fenómeno de la delincuencia organizada y ordenar los flujos migratorios”.

Videgaray concentró la mayor parte de su presentación en platicar sobre temas de desarrollo y cooperación, y dejó en un segundo lugar a los temas de seguridad. Resaltó los 54 millones de dólares que el gobierno mexicano canalizó a Centroamérica para financiar proyectos de infraestructura, y resaltó que se trabaja para facilitar el comercio y el pase aduanal, la integración en energía y “el desarrollo social con énfasis en salud, educación y cultura”.

Pero parece que el mexicano fue el único en preocuparse de estos temas. Mike Pence prácticamente no habló de desarrollo ni de infraestructura ni de obras. Su intención era clara:

“Los líderes en este cuarto y los gobiernos que ustedes representan deben decir a su gente: ‘No ponga su familia en riesgo al emprender el peligroso viaje hacia el Norte para entrar de manera ilegal a Estados Unidos’”.

 

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