Egipto: acoso sexual para las mujeres, cárcel para las que lo denuncian

CIUDAD DE MÉXICO (proceso.com.mx).- El asombro provocado porque Melania Trump, esposa del presidente de Estados Unidos, decidió lucir un casco colonial en su gira por países africanos que todavía recuerdan la violencia de las tropas europeas, pronto cedió paso ante muestras más sustanciales de su falta de tacto o de interés por lo que sufren los habitantes de las regiones que visitó, incluidas las mujeres.

Cuando llegó a Egipto, el sábado 6, se cumplía apenas una semana de que una corte había sentenciado a dos años de cárcel y al pago de una multa de 10 mil libras egipcias (equivalentes a 10 mil pesos mexicanos) a Amal Fathy, una defensora de derechos humanos.

Fathy ha estado detenida desde mayo, a raíz de que subió a redes sociales un video en el que denuncia el acoso sexual que padecen cotidianamente las egipcias, y es culpable –según los jueces– de intento de daño al Estado egipcio, posesión de material indecente y de realizar insultos públicos. Además, en otro proceso, está acusada de pertenecer a una organización terrorista.

No es el único caso que podría haber llamado la atención de Melania Trump. En julio, la turista libanesa Mona al Mazbouh fue condenada a ocho años de prisión por “difundir rumores que pueden lastimar a la sociedad y atacar la religión, y por indecencia pública”. Fue juzgada en sólo un mes porque también subió un video a Facebook en el que se quejó del asedio sexual al que fue sometida durante sus paseos por Egipto.

La dictadura militar egipcia está acusada de violaciones de derechos humanos gravísimas desde el golpe de Estado de 2013, tras el cual el ejército lanzó los tanques contra quienes protestaban en las calles y mató a más de 2 mil personas, además de que más de 200 prisioneros están condenados a muerte.

No es nada que impidiera que la señora Trump le hiciera una visita de cortesía al general Abdel Fatá el Sisi, cabeza del gobierno militar, para reiterarle la amistad de su marido.

Pacto con Sisi

Melania Trump no es la única que parece haber abandonado los derechos humanos en un rincón de su agenda. La Unión Europea está muy cerca de llegar a un pacto con la dictadura egipcia: la prioridad para sus diplomáticos es estrangular el flujo de inmigrantes que llegan a las costas norteafricanas y tratan de alcanzar las europeas a través del Mar Mediterráneo, y para ello están negociando con el general Sisi.

Paola Regeni, madre de un estudiante italiano que fue desaparecido y presuntamente torturado y ejecutado por agentes en El Cairo en 2016, ha denunciado que “lo mataron como a un egipcio”.  Aunque el anterior gobierno de Italia retiró a su embajador en protesta, el actual, liderado por el partido xenófobo La Lega, envió de regreso a su representante para que ayude a detener la migración.

A cambio de la cooperación de Sisi, a quien le piden que fortalezca el patrullaje de sus aguas territoriales y que reciba a refugiados interceptados en altamar, los europeos le ofrecen inversiones y otros incentivos financieros, así como gestos diplomáticos favorables, como visitas de alto perfil a El Cairo por jefes de gobierno europeos, según reveló el Wall Street Journal el mes pasado.

La megaciudad más peligrosa

Mona al Mazbouh la pasó mal en sus vacaciones en Egipto en junio pasado. A sus 24 años, está acostumbrada a expresar sus sentimientos en redes sociales e hizo un video en el que contó, en 10 minutos, que el servicio de restaurantes durante el mes sagrado del Ramadán fue pésimo, que había sufrido un robo de dinero y que los hombres, desde gente en la calle hasta los taxistas, no dejaron de acosarla.

Tuvo el desatino de publicarlo antes de salir del país y fue detenida en el aeropuerto de El Cairo, cuando se preparaba para tomar su vuelo de regreso a Líbano. Tras pasar tres meses en la cárcel, una corte aceptó reducir la condena inicial de ocho años a uno, y fue deportada a su país tras pagar 30 mil libras egipcias (30 mil pesos) de fianza.

No hizo afirmaciones falsas. Su experiencia no fue, ni de lejos, algo singular: un estudio de la ONU realizado en 2013 concluyó que el 99.3% de las mujeres egipcias habían sufrido acoso sexual. La forma más común es el toqueteo en la calle, mencionado por el 96.5% de las entrevistadas, seguido por el hostigamiento verbal (silbidos, gritos, comentarios) reportado en el 95.5% de los casos.

En una encuesta de la Thomson Reuters Foundation sobre las megaciudades más peligrosas para las mujeres, El Cairo ocupó el primer lugar (y Ciudad de México el sexto).

Mensaje

Éste es el contexto en el que Amal Fathy, de 38 años, decidió hacer su denuncia el 9 de mayo, un mes antes que Mona al Mazbouh. Ella no planeaba salir de su país, pero la policía fue a su casa, irrumpiendo en la madrugada menos de 48 horas después. Se llevaron con ella a su hijo de tres años y a su esposo, Mohamed Lofthy, presidente de la Comisión Egipcia por los Derechos y las Libertades (después los dejaron libres).

El de Amal Fathy no fue el video de una viajera enojada sino el de una activista con argumentos bien construidos, con los que expuso que el gobierno no protege a las mujeres del extendido acoso sexual y denunció el deterioro de los derechos humanos, las condiciones socioeconómicas y los servicios públicos.

Además de la condena a dos años de cárcel, Fathy sigue sujeta a otro proceso por un cargo mucho más grave: el de pertenencia a una organización terrorista. Con esto, sus acusadores se refieren al Movimiento 6 de Abril, un grupo de la juventud que en 2011 convocó a las primeras manifestaciones en la famosa Plaza Tahrir.

“Es un escandaloso caso de injusticia en el que la sobreviviente es sentenciada mientras el abusador se va libre”, resumió Najia Bounaim, directora de campañas en el Norte de África de Amnistía Internacional.

“La sentencia es un terrible veredicto que contiene un mensaje para todos los acosadores: se es libre de acosar sin temor a un castigo; y para todas las víctimas de acoso: si ellas lo denuncian, serán encarceladas”, declaró Mohamed, esposo de Fathy.

Los periodistas que han sobrevivido a la brutalidad de los carceleros egipcios cuentan que, encima de esto, el caos que impera en las envejecidas y hacinadas prisiones hacen las cosas todavía peores. Pero ni las violaciones a los derechos humanos ni la persecución contra las mujeres distrajo a la Melania Trump en sus visitas a las pirámides.

Sólo un asunto le mereció un comentario: la disputa en su propio país por el nombramiento del juez Brett Kavanaugh. “Creo que está altamente calificado para (ser magistrado) de la Suprema Corte”, dijo a la prensa que la acompañó a El Cairo.

Al igual que no pareció acordarse de las mujeres condenadas por denunciar el hostigamiento sexual, nada dijo sobre el gran obstáculo que estuvo a punto de descarrilar la nominación de Kavanaugh: acusaciones de hostigamiento sexual.

Comentarios