Único día de “Věra 68” en la Cineteca

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Para quienes en el antiguo Auditorio Nacional la vimos danzar el Jarabe tapatío y Allá en el rancho grande derrotando la hegemonía soviética en los XIX Juegos Olímpicos de 1968, la hermosa artista checa de la gimnasia Věra Čáslavská (1942-2016) merecía más de México, país al que tanto amó.

Este lunes 15 de octubre a las 19:00 horas en la sala 9 de la Cineteca Nacional se proyectará el estreno nacional de “Věra 68” (2012), documental de Olga Sommerová (Praga, agosto 2 de 1949), recién subtitulado al español por Canal Once, función antecedida por los comentarios previos de la única hija de Věra, Radka; la cantautora oaxaqueña Ferrina y el profesor Sandalio Sainz de la Maza, juez de campo en las Olimpiadas 1968 y actual coordinador de actividades sociales, recreativas y deportivas del Sistema de Transporte Colectivo del Metro Ciudad de México.

 

Con motivo de los festejos conmemorativos del cincuentenario de los Juegos Olímpicos de 1968, la película “Vera 68”, se exhibirá contando con diversos apoyos como la Věra Čáslavská Foundation, la SSP de México y la Japan Foundation.

Věra Čáslavská (pronunciación en idioma checo: [ˈvjɛra ˈtʃaːslafskaː] o viera cháslafska) nació el 3 de mayo de 1942; nativa de Praga, ganó varias medallas olímpicas y mundiales representando a la antigua Checoslovaquia. Fue la gimnasta checa que más medallas ha ganado, siendo conocida como la Reina de los Juegos Olímpicos de México 1968 y La novia de México.

Comenzó en el mundo de los deportes con el patinaje artístico sobre hielo en 1952, si bien practicó el ballet clásico desde niña; pero el destino le tenía otro rumbo. Debutó internacionalmente en el Campeonato Mundial de Moscú 1958, ganando medalla de plata por equipo gimnástico. Su primera participación olímpica fue en los juegos de Roma 1960 llevándose la medalla de plata por equipo.

Čáslavská alcanzó la cima en Tokio 1964, cuando ganó el título de concurso general y obteniendo medallas de oro en las pruebas de barra de equilibrio y salto de potro, además de una medalla de plata por equipo. En el campeonato mundial de Praga 1966, obtuvo medalla de oro por equipo, rompiendo así con la hegemonía soviética acostumbrada a ganar ese título por esa época.

Pero su verdadera consagración fue en México 1968, al arrasar con las medallas en todas las seis pruebas. Defendió exitosamente su título de prueba general. También ganó medallas de oro en las pruebas de suelo, barras asimétricas y salto de caballo largo. Ganó una de plata en barra de equilibrio. Por equipo además obtuvo una presea plateada. Čáslavská se echó a la bolsa al público mexicano cuando incluyó música mexicana en su rutina de suelo con temas tales como el Jarabe tapatío y Allá en el rancho grande.

La cinta habla de cómo ella firmó el “Manifiesto de las 2 mil Palabras” y se opuso a la invasión a su país por parte de las fuerzas del Kremlin, por lo cual a su regreso a Checoslovaquia se le impidió trabajar y la condenaron al ostracismo.

Čáslavská se manifestó públicamente contra la intromisión soviética sobre su país, y por ello apoyó el movimiento democratizador llamado Primavera de Praga 1968. Firmó el manifiesto de protesta “2 mil palabras” promulgado por el escritor y periodista Ludvík Vaculík. Para evitar ser arrestada por estas acciones, se refugió en las montañas al norte de Checoslovaquia (al este de la República Checa), específicamente en el pueblo de Šumperk, lugar donde entrenó rumbo a los olímpicos de México que estaban ya muy próximos. Mientras que Čáslavská sufría las penurias de entrenar en un pueblito rústico sin el equipo adecuado, usando las ramas de los árboles como si fueran barras de gimnasia, sus acérrimas rivales de siempre, las soviéticas, ya se encontraban en México entrenando para adaptarse con tiempo al clima y altura de la capital mexicana. Sólo por ese momento ya le llevaban gran ventaja las gimnastas de la URSS a Čáslavská.

“Me colgaba de los árboles y saltaba sobre los prados frente a la cabaña”, declara Čáslavská en la película.

Finalmente a duras penas, Čáslavská consiguió el permiso oficial para viajar a México. Ya en plena competencia olímpica, ella no perdía oportunidad para seguir expresando su anticomunismo soviético. En la prueba de barra de equilibrio, una polémica decisión arbitral le concedió la presea de oro a la soviética Natalia Kuchinskaya y a Čáslavská no le quedó otra más que conformarse con la de plata. Como consecuencia de lo anterior ella protestó silenciosamente contra el favoritismo de la URSS y al mismo tiempo contra su régimen comunista en ambas ceremonias de premiación: mientras se entonaba el himno soviético, ella inclinó su cabeza con su mirada hacia abajo y con el rostro hacia otro lado en dirección opuesta a las competidoras de la URSS.

El gobierno la consideró persona no grata y se le prohibió participar en cualquier evento deportivo dentro y fuera de su propio país.

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