Arabia Saudita: el príncipe heredero paga por sus errores

CIUDAD DE MÉXICO (proceso.com.mx).- El príncipe heredero del trono de Arabia Saudí, Mohamed bin Salmán –conocido como MBS-, el hombre empoderado por su padre el rey Salmán para manejar los asuntos del reino, ha demostrado ser inexperto, torpe e indolente de sus errores.

Pero su ambición no cuenta sólo con la fuerza económica del mayor productor mundial de petróleo: el presidente de Estados Unidos Donald Trump ha vuelto a demostrar que ninguno de los excesos del aristócrata de 33 años le parece demasiado, y el miércoles 17, después de respaldar de varias maneras a MBS tras el último crimen aparentemente cometido bajo sus órdenes, insistió en que su gobierno no les “dará la espalda” a lo saudíes porque los necesita para “luchar contra el terrorismo” y porque el reino ha hecho “pedidos tremendos por 110 mil millones de dólares” a compañías estadounidenses de armamento.

A raíz del presunto asesinato del periodista saudí Jamal Kashoggi, sin embargo, muchas entidades en el planeta están dando nuevos pasos que las divorcian del príncipe saudí y las alejan más de Trump, incluidas algunas en sectores poco proclives a las muestras públicas de conflicto.

Personalidades globales de los negocios, grandes empresas multinacionales, los organismos financieros clave e incluso poderosos lobistas de Washington han anunciado su rechazo a este crimen, lo que se expresa en un distanciamiento de proyectos financieros mamut y de importantes contratos del gobierno saudí.

Esta rara disposición a no poner el dinero por delante de principios elementales cae por sorpresa sobre los multimillonarios saudíes, acostumbrados a que nada queda más allá de su capacidad de compra, y sin duda les resulta más doloroso que las continuas denuncias de violaciones de derechos humanos que suelen dedicarles organizaciones civiles, organismos internacionales y la Unión Europea.

Muerte en el consulado

El periodista saudí Jamal Kashoggi –un crítico de MBS- desapareció el 2 de octubre, tras haber ingresado al consulado de su país en Estambul. Había sido citado a las 13 horas para que le entregaran el certificado de estado civil que necesitaba para casarse.

Kashoggi temía un engaño y le había pedido a su prometida que diera aviso inmediato si no se reportaba con ella. Según las autoridades turcas, fue asesinado en la legación.

Los indicios de que esto ocurrió así revelan también el descuido operativo propio de quienes están habituados a la protección de la plena impunidad. Un equipo especial de 15 agentes secretos saudíes llegó a Estambul por vía aérea y se dirigió al Consulado, sin guardar discreción y una hora antes de la visita de Kashoggi, a las 12 del día; al personal no saudí le ordenaron retirarse a casa; las cámaras de seguridad registraron el ingreso de la víctima mas no su salida; los 15 hombres, en cambio, sí fueron grabados cuando se marchaban, tres horas después.

Y además, según medios turcos, existe una grabación de audio en la que se registra la tortura –en la que a Kashoggi, entre otras cosas, le cortan los dedos de las manos- que sólo duró siete minutos antes de que al sujeto lo asesinaran por degüello. Después, siguiendo las filtraciones, habrían destazado su cuerpo para sacarlo del lugar en pedazos y hacerlo desaparecer.

Una versión, ofrecida por el periódico turco oficialista Sabah, es que la víctima portaba un reloj conectado a internet Apple Watch, que transmitió instantáneamente lo que estaba registrando para que quedara almacenado en la nube, donde pudo ser encontrado por la policía local a pesar de que los agentes saudíes descubrieron y cortaron tardíamente esta comunicación y trataron de borrarla.

El material no ha sido publicado, sin embargo, y se especula que el motivo es que no tuvo origen en el reloj de Kashoggi sino en micrófonos ocultos, y que exhibirla comprometería a los servicios secretos turcos por espiar en una legación extranjera.

En contra de estas acusaciones, Arabia Saudí asegura que el periodista salió del consulado con rumbo desconocido, pero no ha aportado el video que registra ese momento.

Aunque la policía turca solicitó permiso saudí –indispensable por la inmunidad diplomática- para ingresar a la sede consular y a la residencia del cónsul a investigar lo ocurrido, pasaron casi dos semanas antes de que se lo otorgaran y sólo pudo entrar en compañía de un equipo saudí, el lunes 15.

Excesos sin castigo

Además de los enormes intereses comerciales, energéticos y estratégicos que tiene Estados Unidos en el reino árabe, para Donald Trump se trata de algo personal: cuando lo visitó en mayo de 2017, el rey Salmán y su hijo le dieron el tratamiento de ensueño de un monarca de las mil y una noches, con fastuosas ceremonias tradicionales de túnicas y espadas, en las que él fue el centro del espectáculo.

Ese movimiento le ganó la simpatía de Trump a MBS y es tal vez su mejor jugada. Gracias a ella ha podido sortear todos los excesos cometidos desde que su viejo padre ascendió al trono y le concedió las riendas del poder, en enero de 2015, a pesar de que el joven, entonces de 29 años, jamás había tenido experiencia diplomática o administrativa.

En el plano exterior, MBS emprendió una política agresiva para ganar influencia regional: sus tropas invadieron Yemen, que sus aviones siguen bombardeando intensamente, provocando lo que la ONU describe como la mayor crisis humanitaria del momento, sin que haga retroceder a los rebeldes houthies; secuestró al primer ministro de Líbano Rafik Hariri y lo obligó a presentar su renuncia, aunque después tuvo que dejarlo ir y aceptar su regreso al puesto; ordenó la imposición de un bloqueo por tierra, mar y aire –que ya lleva un año- contra Catar, con el fin de forzarlo a someterse a sus dictados, abriendo un crisis diplomática que sostiene aunque representa un fracaso; ha abandonado la causa palestina para aliarse con Israel en contra de Irán; y los grupos armados fundamentalistas que patrocina han cometido grandes crímenes en Siria e Irak, y están siendo derrotados.

A nivel interno, MBS ha ampliado su poder e impuesto sus decisiones mediante un espectro amplio de medidas represivas, que lo mismo se han dirigido contra los blancos tradicionales –feministas, defensores de los derechos humanos, miembros de la minoría chií- que contra otros totalmente inesperados, integrantes de las castas privilegiadas: príncipes y empresarios que podrían obstaculizar sus proyectos.

Pese a todo, contando con el apoyo de Trump, Londres y París, no le ha sido difícil desoír las denuncias de violaciones de derechos humanos que han presentado agencias de la ONU, la Unión Europea y organizaciones como Amnistía Internacional, Human Rights Watch y Save The Children, pues nadie se atreve a acompañarlas con sanciones o alguna medida con impacto material.

Davos del desierto

El asesinato de un periodista disidente en territorio extranjero, aprovechando la inmunidad diplomática, está generando una respuesta que no esperaba, y donde sí lo va a resentir.

MBS se ha propuesto invertir la riqueza petrolera para prevenir los tiempos en que ésta se agote, convirtiendo al reino en una gran potencia financiera y tecnológica, siguiendo los pasos de Dubái pero con mayores recursos y potencialidades.

Después de años de estar diseñando su programa, Arabia Saudí va a realizar del martes 23 al jueves 25 en su capital, Riad, su gran conferencia Iniciativa de la Inversión Futura, a la que sus publicistas describen con la etiqueta de “Davos del Desierto”, en referencia al Foro Económico Mundial de Davos, Suiza, que cada año reúne a todas las figuras que importan en el capitalismo global.

Ahora tienen un enorme problema: varias de ellas, algunas clave, se han estado descolgando por sus sospechas o convicción de que el asesinato de Kashoggi es un crimen de Estado. Los titulares del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial ya han dicho que no asistirán al evento, al igual que los presidentes de gigantes de la industria digital como Google y Uber, de bancos y financieras, como JPMorgan, BlackRock, MasterCard, Societé Generale, BNP Paribas y BlackStone, además de la carrocera Ford Motor, el Grupo Virgin y medios de referencia en el mundo empresarial como The Economist, The New York Times y Financial Times.

Hemorragia de lobbyistas

En Washington, D.C., una ciudad donde personas y empresas les cobran fortunas a países extranjeros para representar sus intereses ante legisladores y funcionarios estadounidenses, uno de los clientes más ansiados es Arabia Saudí, con una inversión anual de 6 millones de dólares en lobbying. Así se asegura de que los grandes tomadores de decisiones lo escuchen y tomen en cuenta.

Pero se ha vuelto tóxico y varias firmas han empezado a cortar relaciones con el reino de MBS. Según Bryant Harris, un especialista en grupos de lobbying de Medio Oriente, tres de los ocho despachos que trabajan para la Casa Real y el Ministerio de Relaciones Exteriores saudíes han anunciado la terminación de sus contratos con la monarquía saudí: Glover Park Group (recibía 1 millón 800 mil dólares cada año), BGR Government Affairs y Harbour Group (960 mil dólares cada uno).

El mayor beneficiario de la generosidad saudí, Qorvis (3 millones 360 mil dólares al año) transmitió a la agencia informativa especializada Ad Age su preocupación por la ausencia de Kashoggi y aseguró que estaba “siguiendo los eventos muy de cerca”. “Falta por ver” si Qorvis y otras firmas “determinan que la entrada de efectivo es suficiente para compensar el costo que mantener a Riad como cliente puede tener en su imagen pública”, adelanta Harris

En su análisis para el portal de noticias de Medio Oriente Al-Monitor, este experto describe los sucesos como “una hemorragia de lobbystas de Washington” que “ilustra qué tan tóxica se ha vuelto Arabia Saudí, incluso para una industria acostumbrada desde siempre a representar a dictadores extranjeros”.

La aspiración del príncipe heredero Mohamed bin Salmán es hacer de su reino un poder con enorme influencia, pero esto tendrá consecuencias directas en sentido inverso: “En la medida en que los inversionistas sigan saliéndose de Arabia Saudí a consecuencia del escándalo Kashoggi”, advierte Harris, “las deserciones de lobbystas experimentados le harán más y más difícil contrarrestar las repercusiones en su imagen pública y política en Estados Unidos”.

Además, para mayor disgusto de MBS, mientras sus instrumentos se debilitan, se produce un crecimiento de la presencia de sus enemigos cataríes en los círculos políticos y económicos estadounidenses más exclusivos, que como parte de sus esfuerzos para combatir el bloqueo saudí, han elevado su inversión en lobbying hasta 18.5 millones de dólares anuales, tres veces más que Riad.

El pequeño emirato del Golfo Pérsico contrató a principios de octubre a Stuart Jolly, quien tiene acceso directo a Donald Trump porque fue el director nacional de campo de su campaña presidencial en 2016. “La reacción contra Arabia Saudí podría convertirse en un bono para Catar”, concluye Harris.

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